Qué hacer con los chicos con tantos días sin clases

Niños que transcurren largas horas junto a sus abuelos, solos en sus hogares o en casas de amigos son algunas de las consecuencias de esta etapa plagada de paros docentes.

Si no fuera por Delia y Mili, dos abuelas que siempre están al pie del cañón, el esquema familiar de Anabel Loewy, en esta época repleta de paros docentes, sencillamente se derrumbaría.

Mamá de Manuel, de 4 años, alumno del Jardín de Infantes Nº 901, y de Rafael, de 3 meses, esta comerciante de 35 años se apura a aclarar que comprende la problemática de los docentes y su lucha salarial. Aunque, claro, puertas adentro del hogar, Anabel, así como otras tantas mamás de la ciudad y la provincia que trabajan fuera de su casa, ha debido replantear por completo la estructura "hogar-hijos-trabajo".

Porque, como es sabido, a excepción de los privados o dependientes de la UNS, son escasos los establecimientos que desde el inicio del ciclo escolar, el pasado 25 de febrero, han tenido continuidad de clases.

Esto genera numerosos inconvenientes para muchísimos padres --en especial de los más pequeños-- quienes, en su mayoría, y en el mejor de los casos, deben recurrir a los abuelos, verdaderos niñeros de estos tiempos y resortes de salvataje de las familias modernas.

Anabel cuenta con la ayuda invalorable de su suegra y de su mamá, quien, aunque no vive en Bahía Blanca, viaja con frecuencia ante el desesperado pedido de auxilio.

"Ahora, por ejemplo, está en casa porque sé que los paros pueden prolongarse. No quiero abusar de las abuelas, pero necesito esa ayuda", contó Anabel.

"Si no tengo otro remedio me suelo llevar a los nenes toda la mañana a la rotisería. No es lo ideal", advirtió.

"¿A qué niñera uno puede contratar hasta tanto se resuelva el conflicto gremial?", se cuestionó y aseguró: "Tampoco me gusta que mis chicos estén al cuidado de un desconocido".

Lo cierto es que la adaptación, período en el que los chicos del jardín se incorporan paulatinamente a las salas, Manuel la cumplió "a los tumbos".

"Recién jueves y viernes tuvo jornada completa. En realidad, en el 901 la mayor cantidad de paros los cumplen los porteros", dijo.

"Todas las mamás estamos en la misma. Mis sobrinos --explicó-- van a la Escuela Nº 63 y hasta ahora nunca tuvieron clases".

No obstante, hay casos más complejos, como el de Karina Muñoz, mucama entre las 8 y las 16 de un hotel céntrico. Es mamá de cuatro hijos: Pamela, de 13 años; Agustín, de 10; Rodrigo, de 7 y Valentín, de 6.

"Van a la Escuela Nº 48, pero hasta ahora abrió sólo dos días", comentó, para agregar que, como no puede dejar de trabajar, los más grandes cuidan a los menores.

En la parte trasera de su vivienda del Barrio Ricchieri viven sus padres, pero también deben salir a trabajar, de manera que la ayuda que pueden prestarle es muy escasa.

"Me preocupan los atrasos que sufren mis hijos. Después los maestros van a querer que aprendan todo de golpe", expresó.

Algo similar le sucede a Norma Lamas, del Barrio 9 de Noviembre y madre de Nicolás, de 9 años, y de Victoria, de 18, que sufre una discapacidad.

"El nene empezó cuarto grado en la Escuela Nº 2. Bueno, es una manera de decir, porque fueron contados los días que tuvo clases", sostuvo.

"¿Cómo hago? Malabares para que no queden solos, ya que soy empleada doméstica en varios domicilios y estoy mucho tiempo afuera", relató.

Norma se arregla con su marido, como pueden. "¿Nico? está ansioso por tener clases con normalidad, y también muy aburrido en casa", graficó.

Miriam Hernández es administrativa y trabaja varias horas por día. Por eso siempre mandó a su única hija, Valentina, de 13 años, a escuelas privadas.

"Pero este año decidió pasarse al Colegio Nacional y ahí está, todo el día con la compu o en casa de una amiga", se quejó.

A un privado. "Elegí un colegio privado para mi hijo Baltasar porque no puedo darme el lujo de quedarme con él cuando hay paros", dijo la médica clínica Claudia González, quien se desempeña en el Hospital Municipal.

"Balti" empezó primer grado en el Rosario Vera Peñaloza, establecimiento que no recibe subsidio estatal y hasta el momento dictó clases con normalidad.

"De lo contrario se me complicaría muchísimo. El papá no vive en Bahía y no es justo que los abuelos se conviertan en cuidadores full time", advirtió.

Claudia debió abandonar su tarea en el consultorio para estar más tiempo con su hijo, pero --aclaró-- "de allí a no cumplir con mis obligaciones en el hospital hay un largo trecho".

Vuelve a la carga con el tema de los abuelos. "Se los suelo dejar cuando me toca una guardia, pero ellos están para disfrutarlo, no para cumplir horarios fijos".

Toda la familia debe adaptarse a los cambios

"Vivimos en una época donde los problemas deben resolverse de manera eficiente y lo más rápido posible. Esto implica, a veces, un costo emocional y físico muy elevado", sostuvo la licenciada en Psicología Cecilia Steger (MP 1283; MN 53888), miembro del staff de Consultora El Obrador.

Expresó que este tipo de situaciones, es decir, los paros docentes y lo que ellos conllevan, "representan estrés para cada uno de los miembros de la familia".

"Habrá quienes podrán enfrentarse y adaptarse a la situación o aquellos que no podrán y requerirán de un poco más de colaboración de otros, pero en general es difícil de comprender y nos coloca en una crisis, dado que genera incertidumbre, no está dentro de lo esperado", subrayó.

Agregó que se trata de variables que hacen su aparición en forma repentina y descolocan de la rutina planificada.

"Lo cierto es que toda la familia debe adaptarse a estas situaciones en forma conjunta, ya que cada miembro es un engranaje diferente dentro de la máquina: si uno funciona mal, o lento, la totalidad de la funcionabilidad se verá afectada", recalcó.

Ahora bien, de acuerdo con la profesional, ante este panorama hay que replantearse con qué recursos contamos, qué parte de la máquina somos, qué decisiones debemos tomar de ahora en más, a quienes afectará, etcétera.

"Hay que tener en cuenta que la situación de incertidumbre no nos proporciona información fehaciente para resolver una determinada situación, por lo cual nuestras decisiones deberán ser más realistas y adaptadas al marco circundante", fundamentó.

En cuanto al inconveniente que generan los paros docentes en las familias, brindó una serie de consejos a tener en cuenta:

-- Sentarse a dialogar en familia acerca de la dificultad que provocan estos acontecimientos.

-- Analizar con qué recursos contamos (económicos, ayuda familiar, etcétera).

-- Desplegar nuestras potencialidades al máximo, dado que uno tiene que aprender a convivir con circunstancias inconstantes que se atraviesan en nuestra rutina.

-- Explicar a los más pequeños estas situaciones, conversarlas con ellos e informales acerca de que ellos se encuentran atravesando por la situación escolar "a pesar de...". Es decir, que deben continuar con tareas.

-- Generar tareas o actividades para los más pequeños, a fin de que no sientan que se encuentran de vacaciones. Por ejemplo, incorporando pequeños espacios de práctica, lectura o investigación sobre cuestiones que les interesen.

-- Pedir ayuda a un profesional si las situaciones lo desbordan. Por caso si le provocan ansiedad o algún tipo de síntoma físico, tales como insomnio, falta o aumento de apetito, irritabilidad o cambios de humor.

-- Mantenerse unidos y colaborar entre sí. Cada rol es importante y necesario para la familia.

-- Desplegar un "plan B", para estos casos, dependiendo de los recursos con los que contamos.

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