El vicegobernador Floro Bogado expresó que el gesto de mutua confianza y fidelidad protagonizada hace 67 años por el pueblo argentino y su líder, dio vida a una nueva expresión política que constituiría la continuidad del Movimiento Nacional, de la argentinidad, del alma, del sentir, del pensar y del saber argentinos.
Agregó que nada fue igual a partir entonces. Ese día los “descamisados”, “los grasitas”, como llamaban cariñosamente Evita a los obreros, no solo ganaron la plaza de mayo sino que también imprevistamente se incorporaron a la vida nacional, para nunca más ser convidados de piedra, salvo en las dictaduras que siempre quisieron acallar su voz y su presencia en las calles del país.
Aquel fenómeno heroico que se suma a la serie de pronunciamientos populares que arrancó un 25 de mayo, fue nuevo un aliento dador de vida y de sentido, de rumbo y de misión, recuperador de la dignidad y del destino, un mensaje de esperanza que nos moldeó con la forma de una profunda marea histórica fundadora de una vida nueva para los pueblos; nacida de los surcos, de las fábricas, de los talleres, de las oficinas, de lo más noble del espíritu nacional, reflexionó.
Indicó que “en esa plaza de Mayo, quedaron inmortalizadas las premisas políticas que acompañarían a Perón toda la vida, como perdonar a los profetas del odio, llamar a la unidad fraterna de todos los argentinos” agregando que “resaltó siempre el objetivo de la justicia social como brújula rectora de la acción política, donde la conducción es esencial como acto creativo para vehiculizar estrategias y tácticas adecuadas que permitan corregir las inequidades y desequilibrios existentes”.
Él conservó su lealtad hasta la expiración, porque para que no quede indefenso, legó al pueblo la doctrina peronista: profundamente humanista y profundamente cristiana, nacional, social, popular y solidaria; la tercera posición como principio ideológico contrapuesto al capitalismo y al comunismo deshumanizantes; el proyecto nacional como modelo argentino para alcanzar la soberanía política, independencia económica y la justicia social y el Movimiento Justicialista como organización imprescindible para la realización simultánea del hombre y la comunidad, precisó.
Sostuvo que “la lealtad y la mística de la militancia hizo que el peronismo emergiera indemne y fortalecido tras la caída de cada una de las dictaduras que lo prohibían y posibilitó el retorno del líder tras 18 años de injusto exilio, ocasión en que olvidando rencores volvió a convocar a la unidad de los argentinos; posteriormente, con el advenimiento de la democracia volvió a quedar en evidencia en cada elección, la pasión militante y la lealtad al pensamiento y la obra de Perón y Evita.
Por eso, nosotros también conservamos viva la lealtad cuando, consecuentes a la consigna de retomar la senda señalada, recogemos las herramientas políticas heredadas para construir la anhelada Argentina libre, justa y soberana y, al mismo tiempo, consolidar los cimientos indestructibles de la Patria Grande de Hermanos en la hora de los pueblos y de una humanidad unida, para dejar a las nuevas generaciones un mundo en paz, con dignidad y justicia social.

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