La recuperación de los terrenos ferroviarios es un paso trascendente para terminar con el basural a cielo abierto que por más de quince años debieron soportar los vecinos, pero resulta indispensable contar con más vías de circulación que comuniquen el "centro" con barrio Belgrano y Villa Talleres.
La geografía juninense se extiende, el tejido urbano avanza y el crecimiento, que no siempre es sinónimo de progreso, le gana terreno a los espacios periféricos, trasladando las fronteras más allá de las rutas y las avenidas que alguna vez sirvieron de líneas imaginarias para demarcar el fin de la ciudad y el comienzo de la zona rural. Sin embargo, más allá del evidente desarrollo edilicio y de la expansión territorial, el corazón de la ciudad está partido en dos por el enorme predio que alguna vez ocuparon los talleres ferroviarios, pero que hoy es una muralla que impide la integración urbanística.
La realidad cotidiana muestra que es imperiosa la necesidad de buscar y encontrar mecanismos que favorezcan la indispensable integración entre "el centro" juninense y la zona de barrio Belgrano y Villa Talleres, tantas veces reclamada por los vecinos y nunca concretada por dirigentes y políticos.
Los escasos pasos a nivel que permiten pasar entre uno y otro sector se ven desbordados por la intensa circulación de vehículos y gente, sobre todo los de Rivadavia y Primera Junta, y en menor medida los de las calles Alberdi y República, generando enormes dificultades a los habitantes de uno y otro lado de las vías.
Taller, paredón y después…
Los talleres ferroviarios, que nacieron el 30 de octubre de 1886 con apenas nueve operarios, con el correr de los años se transformaron en la industria más importante del interior provincial, generando ocupación para más de cuatro mil obreros y un fuerte y sostenido progreso para transformar a la ciudad en la tácita capital del noroeste bonaerense.
Los Talleres Junín ocuparon en principio casi treinta hectáreas de superficie y en sus más de setenta mil metros cubiertos de gal-pones funcionaron las instalaciones destinadas a las áreas de carpintería, fundición, ajustaje, usina eléctrica, herrería, calderería, tornería, pinturería y aserradero, en terrenos delimitados por las calles Rivadavia, Jorge Newbery, Primera Junta y Jean Jaures.
Posteriormente, se incorporaron poco más de diez hectáreas destinadas a los almacenes de materiales, sector conocido como La Florida y que quedó delimitado por las calles Primera Junta, Jorge Newbery, Avenida República y el barrio Foetra, donde también se construyeron enormes galpones y depósitos, luego derribados durante la década del 90´.
Sin embargo, la usina de trabajo y progreso que fueron los Talleres Ferroviarios Junín durante más de un siglo desapareció durante la década de 1990, cuando se consumó el más escandaloso despojo del patrimonio nacional bajo el Gobierno menemista, con el cierre de ramales de transporte de pasajeros y la venta y privatización de los servicios ferroviarios de carga.
Desde entonces, más allá de la nostalgia que existe en tantas generaciones de obreros y familiares de ferroviarios, se podría parafrasear aquel tango del genial Homero Manzi para definir a los actuales talleres: "Ya nunca me verás como me vieras…".
La Cooperativa Ferroviaria, un bastión
Los obreros ferroviarios que se resistieron a los "retiros voluntarios", planteados como la panacea por la administración neoliberal del menemismo, conformaron una agrupación de alrededor de cien trabajadores que decidieron conformar la Cooperativa de Trabajo Talleres Junín para hacer reparaciones del material ferroviario.
Durante más de quince años debieron soportar dificultades de todo tipo y naturaleza, como la escasez de trabajo y la demoras en los pagos, pero todavía se mantienen como un bastión de resistencia dentro del predio ferroviario, aunque ocupan poco más de seis hectáreas de las más de cuarenta que pertenecen a la esfera estatal.
El resto del espacio fue, durante mucho tiempo, un verdadero basural a cielo abierto, habitado por alimañas y roedores, mientras que el abandono y el saqueo diezmaron los escasos materiales, equipos y herramientas, además de las instalaciones que quedaron en pie luego de la oleada privatista del menemismo.
Un soplo de aire fresco
Las más de cuarenta hectáreas que pertenecieron a las instalaciones de los talleres y almacenes ferroviarios viven, desde el año pasado, un movimiento que no se veía desde hace mucho tiempo. El Instituto Nacional de Economía Social (INAES) comenzó un proceso de "puesta en valor" de los talleres que procura, como objetivo final, generar un polo cooperativo.
Hasta ahora refaccio-naron galpones y limpiaron el exterior del olvidado espacio ubicado en el corazón de la ciudad. Repararon y construyeron las veredas perimetrales y también dejaron casi listo el polidepor-tivo, que podrá ser usado por las escuelas, y una casa de la cultura, por ahora sin fecha de inauguración.
En los próximos meses aseguran que comenzará una segunda etapa destinada directamente a la conversión del espacio en un polo productivo para ocupar el lugar plenamente.
Todas las obras del INAES, sin embargo, están restringidas a las más de treinta hectáreas que están hasta Primera Junta. Las otras diez hectáreas que hay desde esa avenida hasta República dependen todavía de la Administración de Infraestructura Ferroviarias (ADIF), un desprendimiento de la ONABE creado el año pasado para "recuperar al ferrocarril", según informaron en el ente.
Calles y puentes…
La propuesta de construir un puente bajo nivel en calle Rivadavia para lograr un rápido paso entre un sector y otro de la ciudad, elaborado por el Gobierno municipal, fue considerado faraónico y rechazado por su alto costo por parte de dirigentes políticos opositores a la administración de Meoni.
De todas maneras, más allá del debate que generó la construcción de un puente de esas características, la realidad es que por ahora quedó sólo en intenciones y, en caso de construirse, de ninguna manera solucionará las dificultades de integración que tiene la planta urbana de la ciudad de Junín.
A lo largo de los últimos años, asociaciones vecinales, sociedades de fomento y distintas organizaciones no gubernamentales reclamaron con insistencia la apertura de calles que permitan unir a las "dos ciudades" que se levantan de un lado y del otro del extenso predio de los talleres ferroviarios.
Pero todos los reclamos de la gente invariablemente fueron respondidos con promesas de soluciones inmediatas, como aquella de abrir el túnel que existe bajo los talleres y que va desde calle Newbery a Jean Jaures, a la altura de Italia, efectuada en su campaña proselitista por el intendente Mario Meoni.
El ONABE es el organismo que administra los bienes del Estado nacional y es quien debe brindar la autorización para efectuar esa apertura de calles en los terrenos ferroviarios, delegando sus instrucciones al ADIF, que deberá además supervisar cualquier trabajo de esta naturaleza, protegiendo los bienes ferroviarios.
Frente a una consulta formal efectuada por este medio ante ambos organismos, en ambos casos coincidieron en señalar que no existen antecedentes de gestiones reclamando la apertura de calles y que por lo tanto no hay trámites pendientes en ese sentido, circunstancia que a esta altura demuestra que el interés de los vecinos hasta ahora no fue tenido en cuenta.
Por eso, más allá del crecimiento urbanístico, la ciudad no podrá progresar en su integración urbanística porque tiene el corazón partido en dos y hay un muro que la divide…

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