Los vecinos de uno de los sectores más postergados de Neuquén expresan su enojo con la parte de la ciudad que se preocupa más por los perros que por ellos. El barrio donde la basura es fuente de trabajo.
Neuquén > La meseta es un barrio con características únicas en relación a "los de abajo", como llaman sus habitantes a los neuquinos de la ciudad. En Colonia Nueva Esperanza, en pleno desierto de la barda, el paisaje es eterno y la realidad es dura, diferente. Allá, el valor principal es la vida rural y la fuente principal de trabajo es la basura. Los perros, lejos de lo que se dijo en las últimas semanas, son el menor de los problemas.
"Si nos hubiéramos muerto no pasaba nada, nadie iba a hacer semejante escándalo por nosotros". Con resignación, desde el comedor de su casa y en el seno de su numerosa familia, Fabián Bucarey llegó a conclusiones difíciles sobre su marginalidad social: "Se preocuparon más por la vida de los perros que por la mía y la de mi hermano", los únicos casos detectados de leptospirosis en la meseta.
Sin embargo, la exposición mediática que tuvo su enfermedad es aplastada por la realidad cotidiana que le toca vivir. "Los médicos me prohibieron ir a trabajar", decía mientras mostraba las consecuencias de la leptospirosis en su pierna, una úlcera que, sumada a una discapacidad, le imposibilitan caminar bien. "No puedo ir más al basurero", ahora tiene que ir su mujer sola, Melina Peña.
En la meseta las distancias son grandes y las referencias son pocas. En el centro del barrio hay un salón de la vecinal, un Centro de Formación Profesional y un tráiler del municipio para esterilizar animales. Las calles no tienen luz ni carteles. Los lotes no están delimitados ni señalizados.
Las casas son, en su mayoría, de materiales. En los patios gigantes hay patos, gallinas, pavos, caballos, cerdos y muchos perros. No hay rastros de agua por ningún lado. Los árboles son rasos, en los pocos lugares donde sobreviven. Y hay mucha basura, que ellos denominan trabajo.
La sensación es de aislamiento de la ciudad, incomunicación entre vecinos, desprotección del Estado y el olvido de la sociedad. Y así era, hasta que salieron a la luz los dos casos de leptospirosis que provocaron una polémica tan grande que llegó a estratos nacionales -con la intervención del Jefe de Gabinete de la Nación, Aníbal Fernández-, donde se discutió el sacrificio de los perros pero se olvidó la vida de los enfermos y su barrio. La noticia sólo se quedó en retórica y la vida en la meseta sigue igual de abandonada.
La suciedad de los otros
"Ensuciaron al barrio porque sí", explicaba María, mientras freía la cebolla para el almuerzo de 120 personas que van a buscar su vianda a la comisión vecinal. "Los de abajo, así como suben para tirar a las personas que matan, también con los perros que no quieren más", dice con timidez.
En el comedor relatan que de manera cotidiana se encuentran cadáveres de animales que no son del barrio pero también perros de razas perdidos o cachorritos abandonados en una caja. "La gente es muy irresponsable, lo que no quieren lo vienen a tirar acá, después nos tenemos que hacer cargo nosotros y nos acusan de sucios", argumenta Oscar Luffi, presidente de la comisión vecinal.
Con el viento pegando fuerte en su cara, Oscar dice que "todo esto de los perros" los hizo quedar como la peor porquería. "No somos todos ignorantes, se nos trató como animales, como si fuéramos las mascotas de los perros".
Y la consecuencias de la exposición mediática "del globo de desinformación", como lo llaman, impactó en los productores. Hace dos meses que todos los productores de lechones y pollos de la meseta ven caer sus ventas de forma notable. "Ya no sabemos qué hacer", aseguró Adolfo Pitripan.
"El problema no son los perros", repiten, pero no dudan en que se debe reducir la población. Los problemas son la falta de una salita de salud, la falta de colectivos, la poca seguridad, la distancia de los Bomberos, la eterna promesa de una escuela primaria, entre otras.
Indigencia
"La solución no es paliativa sino de proyección, tiene que ser una solución integral desde muchos ámbitos. La realidad acá es muy fuerte. Este no es un barrio pobre, es de una alta indigencia", expresa Fernanda Leanza, directora del Centro de Formación Profesional Nº 3, que brinda educación primaria a adolescentes, adultos y cursos de producción porcina, avícola y hortícola al barrio.
Mientras ceba mate en la escuelita, Fernanda subraya la diferencia entre "los de abajo" y los vecinos de Colonia Nueva Esperanza. "Acá el basurero es considerado una fuente de trabajo, no es algo malo, es la fuente de alimentos de todo un barrio", grafica. Para ella, la contención estatal tiene que pasar por un mejoramiento en las condiciones del Basurero Municipal y ciertas medidas para resguardar la salud de los que viven de los desperdicios ajenos. "Si tan sólo repartieran guantes o botas, mucho de todo esto mejoraría", dice.
Sin embargo, junto al presidente de la comisión vecinal sueñan con un espacio deportivo para los jóvenes, "así tienen algo para hacer, estar contenidos, aprender valores"; y un lugar destinado a una guardería para los niños de 0 a 5 años, "que son la franja más desprotegida, porque al no tener dónde dejarlos los llevan al basurero con ellos". (R.Z.)

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