POSADAS. La pericia que reconstruirá la muerte de Carlos Guirula se concretará el próximo lunes y tendrá como escenarios el albergue transitorio de las avenidas Andresito y Santa Catalina, como también la Seccional Decimotercera, en el barrio Guazupí.
El 11 de agosto fue la fecha escogida, aunque aún se baraja la posibilidad de cambio si las circunstancias lo ameritan. La medida buscará establecer la secuencia que derivó en la muerte del albañil de 33 años, quien recibió una literal paliza, de acuerdo a la investigación, tanto para ser reducido dentro del motel como también en el trayecto a la seccional mencionada, que le provocó la rotura de costillas y la perforación de un pulmón.
De fuentes sólidas consultadas por El Territorio, se pudo ampliar que Guirula fue atacado a puñetazos dentro del motel y frente a la conserjería, por un policía “grandote”, tal como lo habría definido uno de los amigos de la víctima fatal, que lo acompañó la madrugada del sábado 19 de julio.
De acuerdo a este testimonio, los golpes de puño para lograr calmar a Guirula se convertirían en la punta de ovillo de la tunda letal que recibió el hombre detenido por negarse a pagar 104 pesos que aseguraba le querían cobrar demás por consumir tres pequeñas botellas de Whisky de baja calidad.
La causa que lleva adelante el juez Marcelo Cardozo se aproximaría a la hipótesis de “tortura seguida de muerte”, cuya pena prevé la prisión perpetua, y que apunta a la responsabilidad de los nueve miembros de la Policía provincial detenidos, seis del Comando Radioeléctrico Uno y tres de la comisaría Decimotercera.
También, y tal como lo adelantó este medio en exclusiva, se confirmó que de las dos cámaras de seguridad instaladas en el motel, sólo una funciona y es la que graba los movimientos dentro de la conserjería, por lo que no se registraron imágenes de la golpiza ni de incidentes que se generaron en el pasillo de ingreso vehicular hacia las habitaciones, como tampoco lo que sucede en el acceso y salida del establecimiento.
Las pericias y testimonios son, por el momento, las claves para resolver el caso. Y buena parte de ambos recursos apuntan a que Guirula fue víctima de una secuencia de golpes que incluyeron patadas, piñas y pisotones, en el pasillo del motel, en la vereda donde estaban los cuatro patrulleros y (posiblemente) camino a la Decimotercera, donde el cuerpo fue lavado en varias partes, como también la caja de la camioneta Toyota Hilux, móvil de la seccional señalada.
En cuanto a los golpes, también se descartaría que las huellas en el cadáver puedan ser medidas y sirvan para determinar el o los pies correspondientes. Primeros trascendidos indicaron que sobre el pecho de Guirula al menos una marca de pisada habría quedado marcada.
Calificación
Sobre cuántos de los nueve policías participaron de la golpiza, sería un hecho seguro que más de uno lo atacó, pero también que ninguno, siguiendo su obligación como guardián de la ley, frenó la paliza.
De allí que la calificación de “tortura seguida de muerte” pueda afianzarse siguiendo que la intención dolosa se podría determinar por el deseo de venganza o placer por castigar.
Es preciso remarcar que el estado alterado de nervios de Guirula, para intentar no ser detenido, no constituiría un justificativo para ser golpeado. Además, tampoco en los protocolos o instrucciones que deben seguir los policías figura la aplicación de golpes.
Una fuente ligada al caso fue más explícita al respecto: “Le pudieron haber roto un brazo aplicando alguna toma de judo u otra lesión muscular en el procedimiento para reducirlo, pero no emprender una andanada de piñas, patadas y pisadas salvajes para concretar la detención”.
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