Dos águilas encontraron refugio en San Luis y ahora vuelan en libertad

Antes de su liberación, Xumec y Xama Che fueron tratadas en el Centro de Vida Silvestre de La Florida.

 

Estuvieron más de un año juntas. Xumec y Xama Che, dos águilas coronadas, se conocieron en el Centro de Conservación de Vida Silvestre de La Florida, a principios de 2013. Pero llegaron a San Luis con historias diferentes bajo sus alas. Una fue encontrada en Mendoza en las inmediaciones de la reserva de Bosques de Telteca, al norte provincial. La otra estaba “presa” en un gallinero y fue recuperada al sureste de San Juan. Las dos afrontaron un tratamiento de recuperación en el que participaron técnicos del equipo del Ministerio de Medio Ambiente. El viernes, Xumec fue liberada en Mendoza y hoy será el turno de su compañera que volverá a volar en la zona protegida de Guanacache. 

 

"Son animales que pertenecen a una especie que está en peligro de extinción. Y se calcula que sólo quedan mil en todo el país, por eso es tan importante su conservación. En la recuperación de estos ejemplares, San Luis ha cumplido un rol preponderante y con este trabajo hacemos un aporte a toda la región ya que entendemos que la protección de la fauna y la ecología no reconoce límites geográficos", explicó la ministra de Medio Ambiente, Daiana Hissa. 

 

Antes de la liberación de las águilas, El Diario de la República recorrió las instalaciones del Centro de Conservación. Los animales alojados allí (águilas, pumas, búhos, lechuzas) no están en exhibición. Hace rato que el Gobierno de San Luis abandonó ese concepto casi circense para orientarse hacia trabajos de preservación de las especies. Por eso, cada ejemplar que llega enfermo, herido o abandonado encuentra allí un espacio de tránsito para recuperarse y regresar a su hábitat natural. Por eso, también, el predio no está abierto al público. 

 

“Detrás de cada uno de los animales hay una historia. Pero sobre todo hay que saber que la posibilidad de que se puedan rehabilitar tiene que ver con el compromiso de la gente. Si no te enterás que alguien tiene o encontró un animal silvestre, los perdés en el mercado negro o pasan a ser parte de la estética de una casa”, explica Jorge Heider, jefe del programa Biodiversidad. 

 

Las dos águilas coronadas revolotean  dentro de la “jaula de las voladoras”, una inmensa estructura de hierro y alambre montada sobre un peñasco pedregoso. Adentro, las aves están como en su casa: hay árboles, piedras, troncos, arbustos, mucho espacio para volar y hasta una especie de madriguera donde se refugian los animales pequeños que los cuidadores introducen en la jaula para que las águilas vayan agudizando su instinto de caza. “Es parte de los ejercicios de recuperación”, explica Agustín González veterinario a cargo del Centro. 

 

La jaula es imponente. Mide 33 metros de largo, 20 de alto y 17 de ancho. Xumec  vuela en diagonal de un extremo a otro y sus garras se abrazan con fuerza a uno de los laterales. El chirrido de los alambres que se estremecen rompe el silencio del entorno. Mientras, su compañera de "habitación" sigue atenta sus movimientos y posada desde lo alto la ve descolgarse y perderse detrás de un racimo de arbustos resecos. “No hay en otro lugar del país una jaula de voladoras como la que tienen acá, con esas dimensiones y con el hecho de estar también en el ambiente natural del águila”, comenta Andrés Capdevielle integrante del Proyecto de Conservación y Rescate de Aves Rapaces quien, junto a Manuel Encabo y Julián Padio llegaron el martes pasado a San Luis para realizar el traslado de las aves. “A veces —explica Capdevielle— cuando llevamos águilas a Buenos Aires no sólo hay que tratarlas por la afección que tienen, sino que además hay que iniciar un tratamiento preventivo por el tema de la humedad”.

 

 Cuando Xumec llegó a La Florida era un pichón. Y tal vez el mayor desafío era saber cómo estaba “psicológicamente”.  Puede parecer raro ese término pero para un ave que pasó un cautiverio en contacto con humanos es clave observar la conducta que desarrolla para determinar si luego podrá ser liberada. “Acá ya teníamos otra águila (Xama Che). En el momento en que ingresó  Xumec  vio a la otra Coronada e inmediatamente se fue con ella. Como era muy joven, observamos ciertos patrones de conducta que indicaban que le estaba pidiendo alimento. Eso fue un alivio porque ya te daba la pauta de que el animal estaba bien, que se reconocía en su especie y se iba a poder liberar”, explicó Capdevielle. Y señaló que de no haber tenido esa posibilidad de convivencia  “uno se termina quedando con la duda sobre si realmente estás haciendo bien o no en liberarlo”. 

 

Como veterinario del Centro, González es quien  “convive” todos los días con los animales y se ocupa del tratamiento que tiene que seguir cada uno. Para rehabilitar un águila coronada hay dos opciones: una es un trabajo donde el cuidador tiene un contacto directo y la entrena con ejercicios específicos para que desarrolle una buena musculación. Pero la ventaja de la "jaula de las voladoras" que tiene La Florida es que permite un desarrollo natural. “A las águilas las rehabilitamos tratando de evitar al máximo la intervención humana, más allá de que haya que acercarse para darle alimento”, señala González. “Darles presas vivas —explica Matías Ayarragaray, jefe del Área Flora y Fauna—  te permite ir evaluando las técnicas de caza del animal y que las vayan puliendo para cuando sea liberado. También colocamos filmadoras y evaluamos la conducta”.

 

¿Cuándo un ave está lista para volar en libertad? “La pauta te la da la musculación”, explica Capdevielle. La fecha ideal para la liberación es sobre fines de agosto. De esa manera el animal que no tuvo experiencias reales de caza tiene toda la primavera y el verano (épocas en la que hay abundancia de presas) para aprender a cazar. Xumec llegó al Centro en mayo de 2013 y Xama Che en enero de ese mismo año. “Si las liberábamos en agosto del año pasado tal vez no estaban preparadas muscularmente. Y si por ejemplo, tuvieran que volar 500 metros  para agarrar una presa y no están en condiciones, les estás quitando posibilidades de sobrevida. Por eso preferimos esperar, tener todo un año de vuelo y de práctica en la jaula de las voladoras y, de paso, también mudaban el plumaje completo”, explicó Capdevielle.

 

Dos historias

 

Xumec fue encontrada en abril de 2013 por los Jofré, una familia de puesteros que vive en el desierto mendocino de Lavalle. Su nombre en huarpe significa “El Sol” y fue bautizada así por los chicos de las escuelas de la zona que luego fueron invitados a la liberación. El viernes fue el momento del regreso a casa. El equipo llegó hasta el desierto mendocino en la Reserva Natural Bosques de Telteca a unos 115 kilómetros al norte de la ciudad de Mendoza, muy cerquita del límite con San Juan. Cuando el cuidador que la tenía abrazada aflojó sus brazos, Xumec se impulsó con sus garras hacia adelante, abrió grande las alas y realizó un vuelo rasante para perderse detrás de una loma.   

 

Xama Che (Promesa de Luna en Huarpe) tiene una historia más extensa. Fue decomisada a una persona que la tenía en forma ilegal en agosto de 2012. Primero la trasladaron a la reserva de Horco Molle de la provincia de Tucumán para iniciar su rehabilitación ya que tenía lesiones en las patas, en la base del pico, uñas y fracturas de las plumas primarias. De allí fue derivada a Buenos Aires al Centro de Rescate de Fauna Silvestre de la Reserva Ecológica Costanera Sur donde le realizaron injertos de pluma para que pudiera volver a volar. Y finalmente llegó a San Luis a principios de 2013 donde completó su recuperación con ejercicios de musculación y además, pudieron evaluar su conducta con otras aves de su especie. Hoy volverá a volar en libertad ya que será liberada en la zona protegida de Guanacache, cerca de donde confluyen los límites de San Luis y San Juan.

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