El ex jefe de Seguridad de la policía de la provincia, Joaquín Guil, negó haber estado enemistado con Miguel Ragone. Todo lo contrario: dijo que su familia era amiga del ex gobernador y que le estaba agradecida porque había salvado la vida de un sobrino suyo. Dijo que tampoco es cierto que Ragone lo hubiera dado de baja de la Policía y que en realidad lo había propuesto para que ocupara la Dirección de Seguridad.
Guil negó también haber tenido el control de la Policía en toda la provincia, aseguró que no fue Ragone quien le dio el pase a retiro, sino el juez Roberto Castro, en el marco de la investigación por apremios ilegales contra miembros de “una célula terrorista”, dijo que luego él y los otros policías acusados fueron sobreseídos de esta acusación.
Salvo Luciano Benjamín Menéndez, que habló para desconocer al tribunal, el resto de los acusados prefirió no abrir la boca ayer, cuando se les dio la oportunidad de declarar ante los jueces Liliana Snopek, Carlos Jiménez Montilla y Luis Giménez. Por eso se leyeron sus declaraciones anteriores.
El ex jefe de la Policía, Miguel Gentil, también sacó a relucir amistad con los Ragone: dijo que sus nietos son amigos de los hijos y nietos del ex gobernador. Aseguró que actuó “siempre conforme a las leyes y reglamentos de esa fuerza”; recordó que la Policía estaba bajo control operacional del Ejército y reflotó la vieja teoría distractiva, planteada a poco del secuestro, acerca de que se trató de un enfrentamiento dentro del Partido Justicialista.
El ex jefe del Ejército en Salta, Carlos Mulhall, negó la acusación, igual que los ex policías Pedro y Rubén Herrera (bastante desmemoriado) y Jorge Héctor Zanetto, acusado por amenazas, que hizo gala de una fluidez de contactos con dirigentes del ala dura del peronismo de los 70.
Comentá la nota