Hay 2 médicos por guardia y muchas veces uno debe abandonar su puesto para derivar pacientes. El 90% está precarizado, con contrato o monotributo. El espacio no está preparado para brindar el servicio
La atención en el nuevo sector al que fue derivado el servicio de urgencia para niños iba a ser momentáneo, hasta que la cantidad de cuadros respiratorios mermara. Pero la excepción se hizo regla.
Lo que originalmente fue construido como una guardería, aislada del edificio central del San Antonio de Padua, y con un patio interno de por medio, quedó definitivamente como la guardia pediátrica. Sin tener allí las comodidades necesarias para ese servicio y sin contar siquiera con oxígeno central, aspiración central o estar conectados al mismo sistema eléctrico: en caso de cortes de luz, los generadores del Hospital no alimentan ese ala.
En caso de que un menor atendido en la guardia necesite algún estudio dentro del Hospital debe ser pasado por un patio descubierto porque no hay conexión interna entre ambos sectores. Aún con lluvia o frío.
Pero además, el personal que debe dar respuesta a la gran demanda es escaso. Sólo hay dos médicos por guardia de 24 horas que deben repartirse para atender picos de más de 120 consultas, 32 camas de internación en el segundo piso del Hospital y alguna derivación que pueda presentarse a una entidad privada o bien a un centro de mayor complejidad en Córdoba.
A su vez, de los 11 profesionales que trabajan en el servicio hay sólo uno de planta permanente del Hospital. A ese médico se le suman nueve contratados y un monotributista. Más del 90% de los doctores están en situación laboral inestable. En ese marco, hay dos que concursaron cargos y los ganaron, pero la efectivización nunca llegó.
En esas condiciones, la capacidad de respuesta se vuelve más vulnerable a medida que se incrementan los ingresos de consultas por la guardia. Como además no hay personal administrativo en ese sector, los médicos son los que también realizan las admisiones. A un costado de la puerta de ingreso cuelgan los números del turnero y un pinche sobre una de las puertas va marcando el orden de atención. La gente ingresa, saca su número y espera sentada que alguien llame. Suele pasar demasiado tiempo. Muchos se quejan, pero detrás de la puerta el ritmo para los médicos suele ser intenso. Y en ocasiones admiten sentirse desbordados.
La delicada situación fue volcada por los profesionales en una nota que enviaron a comienzos de agosto a la delegada de la Provincia, Marisa Arias; al director del Hospital, Miguel Minardi; y a la jefa del servicio, Alicia Porta.
En aquella oportunidad se describió una “sobrecarga de trabajo”. Pero además se advirtió que la guardia “edilicia y epidemiológicamente no está diseñada para el paciente pediátrico y por cercanías (6 metros) del contenedor de gases (oxígeno medicinal líquido), que abastece al hospital, se convierte en una situación de riesgo para el personal y los pacientes”.
Los ocho médicos firmantes remarcaron además que se encontraron con “situaciones donde debemos asistir ante la llamada de emergencias simultáneas (en la guardia y/o en el piso), con el riesgo de vida del paciente que eso implica (humana y legalmente)”.
El 17 de agosto, ante la falta de respuesta de las autoridades, los profesionales enviaron otra carta al director. Donde agregaron también la falta de seguridad en el lugar y que “ante la falta de infraestructura como asimismo falta de coordinación y de medios, hace que estemos trabajando profesionalmente en condiciones que no garantizan la debida prestación como médico a los pacientes”, y advierten “ante el grave peligro de la salud de nuestros pacientes y la posibilidad de una responsabilidad, tanto civil como penal”. La última nota dirigida a Minardi fue el 29 de septiembre, donde se recuerdan las anteriores presentaciones y la falta de respuestas hasta aquí recibidas.
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