La Hermana Ana María Herrera, de la congregación de las Pequeñas Hermanas de la Divina Providencia, que son las que llevan adelante toda la fantástica obra en la bellísima Gruta de Lourdes, organizó la festiva velada de este lunes 11 de febrero que reunió, en la misa central, concelebrada por gran cantidad de sacerdotes, a cientos de personas que luego caminaron en procesión por las calles del puerto, tal la tradición católica.
La Hermana Ana María detalló las inquietudes con las que se acercan las personas a La Gruta: “noto que la gente está muy preocupada por toda esta situación social, la falta de trabajo, la inseguridad, y que está con esa ansiedad, que todos tenemos, de que la situación mejore, moviendo a los bautizados, porque también he notado que se están acercando a los sacramentos de la confesión, la comunión, y es gente que hacía rato que no venía”.
Sobre el surgimiento de la Gruta, Herrera contó: “hubo una religiosa, Suor Conceta Ghersi, a la que le decían cariñosamente “La Mamma”, quería hacer una gruta para la Virgen de Lourdes destinada a las alumnas del colegio Inmaculada Concepción. Y así solicitó los terrenos actuales, que era una cantera, y las mismas alumnas y sus papás fueron ubicando las piedras y dándole la forma que ahora tiene. Se inauguró en 1937 y luego en 1950 se creó el Hogar de Ancianos y Enfermos Crónicos. “Creo que ninguna de las hermanas de la congregación en ese momento sospechaba que la gruta iba a tener esta dimensión de fe tan grande”.
Detrás de este emblemático lugar, por la calle 12 de octubre, hay una gran obra de amor, silencio y entrega que muchos desconocen. Las “Pequeñas Hermanas de la Divina Providencia” llevan adelante el Hogar de Ancianos y Enfermos Crónicos que tiene más de 60 años de servicio, y donde actualmente se atienden 73 personas, entre ancianos y personas con capacidades diferentes. Hoy son sólo 7 las religiosas, de las cuales hay varias muy ancianas, pero junto con empleados y voluntarios se ocupan diariamente de los olvidados, y muchas veces descartados, de la sociedad. De las “nenas” - como le dicen a las mujeres con capacidades diferentes- algunas ingresaron con 5 ó 6 años, y actualmente tienen 50, “prácticamente se han criado aquí”, especificó la religiosa.
“El carisma de nuestra madre fundadora, Teresa Michel es muy similar al de Don Orione, por eso es lógico que tengamos este hogar, donde se socorre a los más necesitados e indigentes no solo física sino mentalmente” manifestó Ana María. “Hemos constatado que no hay hogares para personas con dificultades mentales que no lleguen a ser profundamente psiquiátricos, pero sí con síndrome de down, u otras patologías que no sean agresivas; y que puedan convivir y ser atendidas en nuestro hogar. El estado no contempla estas situaciones. Lo vemos en el caso con los ancianos no digo abandonados, porque hay un asilo municipal a pocas cuadras de aquí, pero sí donde la familia carece de medios para atender, tiene escaso trabajo y no puede ocuparse de su abuelo; este es el lugar propicio”.
“Como estamos con una crisis económica importante por el continuo aumento de los sueldos de personal –hay más de 50 personas empleadas, entre enfermeras, personal de limpieza y cocina, y de la gruta- nosotros en este momento estamos pidiendo una cuota; pero siempre estamos atentos a que no nos falten lo que la madre fundadora decía, los ‘pararrayos’, que son esas personas que atraen a la Divina Providencia, por estar carentes y porque nadie las puede socorrer. Es decir que, por un lado estamos recibiendo a las personas que si pueden pagar y que son las que ayudan a sostener a estas otras pobres personas que no cuentan con los medios económicos para ser asistidas”, explicó la religiosa.
¿En qué colaborar con el Hogar?
El Hogar de la Gruta de Lourdes, es amplio, luminoso, muy limpio y cuidado. Hay cuatro pabellones donde se dividen a los hombres, las mujeres, las que tienen capacidades diferentes y los que están totalmente postrados. Hay muchas necesidades, ya que la única asistencia que se recibe del Estado es por las mujeres que tienen capacidades diferentes, y es un monto que en algunos casos, sólo alcanza a cubrir sus medicamentos. “En este momento, estoy buscando la manera de que nos ayuden con dos cosas que consideramos indispensables, unos arnés que son aparatos para ayudar a levantar o acostar a las personas, que son carísimos y están por arriba de los 7000 pesos cada uno, de los cuales necesitaríamos por lo menos cuatro, uno por pabellón. Y otra de las cosas que también necesitaríamos con urgencia, son camas ortopédicas que son para la mayoría. Ingresan muchos con cuadros de hemiplejias, cuadriplejias, es decir, totalmente inválidas” explicó la responsable del lugar.
En lo cotidiano como toda casa, se necesitan productos alimenticios pero también de limpieza. Al respecto, Herrera agregó: “Nos traen bastantes elementos para la comida, pero lo que no llega al hogar y es básico es la carne, las verduras. También los artículos de limpieza que es lo que siempre piden los empleados, como guantes, secadores, desodorantes, detergentes, papel higiénico, entre otros; son cosas que a la gente no se le ocurre que puede ser útil pero son muy necesarias. Cada cosa que compramos, es dinero que podría utilizarse para el pago de los sueldos, que es algo que mucho nos preocupa, hace meses que estoy pagando los sueldos fraccionados, en dos o tres pagos porque no tengo todo junto”, manifestó la religiosa.
“He enviado distintas cartas, a la presidenta, a los distintos ministerios de desarrollo, de salud, al gobernador le he entregado notas contándole la situación. La ayuda que yo desearía del Estado, es un subsidio mensual con el pueda tener la tranquilidad de que cuento con una determinada cantidad de dinero. El déficit que tengo es de 100000 pesos, y eso provoca provoca que primero paguemos las cargas sociales y luego le demos los sueldo en cuentagotas, sabiendo que lo que gana el personal aquí no les alcanza, porque ellos antes de fin de mes, se gastaron todo. Con el agravante de que acá en el puerto, muchos son pescadores, y con la crisis del 2012, la mujer que trabaja aquí en e l hogar quizás es el único sostén de su familia y quizás a veces de su propios padre. Esta siendo una situación realmente angustiante” relató Herrera.
Finalmente, Ana María expresó que también los que deseen pueden colaborar con su tiempo, siendo voluntarios, “estar con una persona que le pueda preguntar cómo se siente, como está, cómo se llama, a los abuelos los hace sentirse vivos. Porque sino ellos lo que hacen es dormir, todo el día y eso es una manera de alejarse de la realidad. Han venido jóvenes de colegios, a tocar la guitarra con los abuelos, eso les hace muy bien, les alegra el ánimo, les levanta el espíritu. Cuesta transmitir que ellos crean, que vale la pena la vida, vienen muy agotados, entregados, y uno tiene que trabajar con eso”.
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