El grupo es una de las patas del éxito que encamina hacia el ascenso a Central

El grupo es una de las patas del éxito que encamina hacia el ascenso a Central
Muchos jugadores de experiencia, varios de ellos surgidos en el club, tuvieron muy poca cabida en el equipo pero eso nunca generó conflictos.
Jugadores, cuerpo técnico, dirigentes e hinchas. Las patas en las que se sostienen, según el pensamiento en el mundo del fútbol, los buenos resultados. Dicen que cuando todas estas partes se conjugan, las posibilidades del éxito son mayores. Rosario Central tal vez (o seguramente) haya encontrado un punto de equilibrio entre todos sus componentes. No es el hecho desmenuzarlos ni marcar cualidades de todos ellos. Sí de uno en particular: el grupo.

Muchas veces se ha dicho y escuchado que lo que se ve en la cancha partido tras partido es un fiel reflejo de lo que sucede en la intimidad del vestuario. Si este equipo está como líder y a un paso de lograr el ascenso es porque algo de eso debe pasar. Claro que analizando algunos casos puntuales resulta más sencillo hablar de la armonía y buena convivencia. Y no sólo analizándolo desde el frío sitio del espectador, sino escuchando los que muchos protagonistas dijeron, aun sin la necesidad ni la pretensión de querer figurar a la hora de ponerles palabras a sus sensaciones.

"Acá muchos están por la camiseta y nadie quiere tomar más protagonismo del que le corresponde". Esa fue una de las frases más escuchadas. Se trata de un simple protagonista. Casi que no importa si es titular indiscutido, si alterna o si directamente no juega.

Soslayar la forma en la que Miguel Angel Russo condujo el grupo sería un error grosero y más aún sabiendo que desde alguna de sus decisiones es donde nace esta idea de salubridad puertas adentro.

Este plantel cuenta con muchos jugadores experimentados, que vinieron porque son hinchas y otros, también de renombre, que lo hicieron a modo de desafío personal. Hoy varios de ellos no tienen un lugar en un equipo donde la participación quedó reducida exclusivamente a los cambios por obligación.

Los jugadores camarilleros, como se los suele llamar, siempre existieron y cualquier plantel que quiere "romper un vestuario" lo hace. Muchas veces sin miramientos ni reparos de las causas que eso puede acarrear. Y difícilmente no logren su cometido. Este grupo que comanda Miguel Russo parece estar lejos de eso.

No es lo aconsejable nombrar caso por caso, aunque hay algunos que asoman como emblemáticos. Germán Rivarola es uno de los jugadores que más conoce el club, uno de los de mayor experiencia y una de las voces autorizadas. No tuvo minutos en la cancha en todo el torneo. Apenas dos incursiones en el banco de suplentes (7ª ante Atlético Tucumán y 8ª con Patronato). Había querido emigrar antes del inicio del campeonato, pero le pidieron que se quedara. Jorge Broun tenía todos los boletos comprados para arrancar bajo los tres palos. De un día para el otro llegó Mauricio Caranta y Fatura hizo banco, incluso hoy ni figura en la consideración del entrenador después de aquel frustrado pase a Arsenal y la rápida llegada de Gastón Pezzuti. Con Leonardo Talamonti sucede algo similar. Perseguido por las lesiones, hace cinco meses que entrena sin inconvenientes a la espera de una posibilidad, que nunca más le llegó después de lo que fue el partido por Copa Argentina. Ni siquiera pesó el hecho de que tiene un año más de contrato. Russo puso por encima de él a Carlos Casteglione (su vínculo finaliza a en junio) y hasta al pibe Tomás Berra.

Son los casos más emblemáticos. De futbolistas con pasado en el club y de larga trayectoria. Después, a Casteglione le tocó salir y la peleó; Yacuzzi fue separado del plantel y mandado a entrenar con el selectivo y nunca alzó la voz. Freitas, quien vino con la chapa de ser el 5 de Peñarol, se bancó perder la pulseada con un juvenil (Nery Domínguez) y lo mismo corre para Gagliardi, pieza clave en el Instituto protagonista de la pasada temporada.

Claro, muchos pueden pensar que el rendimiento de todos ellos nunca les alcanzó para generar algún tipo de cortocircuito, por menor que sea. Los conflictos de vestuario son tan viejos como el fútbol mismo. Aun no alcanzando el objetivo, este Central puede jactarse de contar con un grupo que puso el bien común por encima de los intereses individuales. Por eso de cumplirse será una de las principales patas del ascenso.

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