El Tomba cantó victoria en San Juan. En gran remontada se quedó con el clásico cuyano: 3 a 2. Mauro Óbolo fue el héroe de la tarde.
Como un derby con dientes apretados. Y sin grandes luces. Así arrancó el partido en el Bicentenario.
Con las urgencias a flor de piel del "Verdinegro" por evitar el descenso, y con la tranquilidad de un Tomba que sabía que la paciencia podía ser un buen argumento para desgastar a su rival.
Sin sacarse diferencias en el juego, el Expreso se puso rápidamente en ventaja a través de Óbolo. Es que el delantero hizo un gol de goleador, aprovechando una bola que quedó sin dueño en la cara de Pocrnjic.
Parecía que era el momento del elenco de Palermo para afianzarse en su juego, con la diferencia en el bolsillo y buscando controlar la pelota con los hombres de mejor pie. Era un panorama alentador para la visita, pero en pocos minutos el equipo empezó a sentir el mal de altura.
Cada balón parado en el área tombina era un dolor de cabeza, una puñalada al corazón. Siempre los jugadores de San Martín ganaron la pulseada ante la pasividad de los defensores Bodegueros.
Y de tanto ir, la estructura mendocina se desmoronó. De un lateral, sí, como está leyendo, Sánchez metió la cabeza y venció a Ibáñez en contra, y luego Ledesma, en absoluta soledad, puso arriba al local.
Increíble, pero real ciento por ciento. Mostrando que el Tomba hacía agua cuando llovían las pelotas aéreas. Un mal que revivió viejos fantasmas más que nunca.
Al conjunto del “Titán” le costó reaccionar desde lo futbolístico, porque no encontró nunca la llave para desequilibrar en los metros finales. Fueron más insinuaciones que concreciones, por eso todo se le hizo cuesta arriba. Sin ideas y sin peso ofensivo, casi que no inquietó al arquero dueño de casa.
El flojo rendimiento del equipo pedía cambios a gritos, pero Palermo mandó a los mismos apellidos buscando dar vuelta la historia y no irse con las manos vacías de San Juan.
La tónica no varió y el fútbol del Expreso pasaba por pelotazos a Óbolo, lo que marcaba la poca generación en la mitad de la cancha. Apagados Castro, Ledesma y Castellani, el equipo sóló podía apostar a alguna acción individual. Encima cada pelota dividida tenía como dueño a un jugador "Verdinegro".
Ante este panorama, Palermo recurrió a la magia de Ramírez y David le dio la razón. Un minuto luego de su ingreso estableció el empate de cabeza. Pero faltaba otra enorme aparición de Óbolo para vestirse de héroe en el clásico.
El Expreso supo cambiar a tiempo y ganó un clásico inolvidable viniendo desde atrás.
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