El crecimiento en los últimos años fue excepcional. Uno de los aspectos preocupantes para sus vecinos es la inseguridad. En cuanto a los servicios, falta el asfalto y el cordón cuneta en algunas de sus calles.
Rubén César Luján, un residente que lleva más de 30 años en el lugar, recuerda que cuando se mudó, “no había nada”, y que en esas calles, que por entonces eran senderos, “era todo campo”.
Los moradores del vecindario dan fe de que el impulsor del crecimiento tiene nombre y apellido: “El gran promotor fue el Padre González”, asegura Luján, evocando al referente eclesiástico que durante muchos años guió los destinos del Colegio Padre Respuela.
Justamente, aquel establecimiento educativo fue ampliando paulatinamente su estructura, y ese progreso institucional fue el que “arrastró” a todo ese sector de la ciudad.
De esta manera, así como la escuela fue incrementando su oferta, adquirió propiedades vecinas, sumó el secundario, el jardín y ocupó casi toda la manzana; al barrio llegaron las cloacas, el agua y el asfalto en muchas de sus cuadras.
Desarrollo
Limitado por las avenidas Benito de Miguel, Padre Respuela, Circunvalación y la Ruta Nacional 7, Gregorio González es un barrio de 66 manzanas con un notable crecimiento urbanístico e inmobiliario, lo que influye en la edad de los residentes: los vecinos cuentan que muchas familias jóvenes, encabezadas principalmente por profesionales, se radicaron en esa zona en los últimos años, aprovechando uno de los últimos sectores cercanos al centro con disponibilidad de terrenos.
Eso hizo elevar de manera astronómica los precios de lotes y viviendas, convirtiéndose en uno de los barrios más caros para construir.
A esto se le suma un fuerte impulso en el área comercial, sobre todo en sus principales arterias: Padre Respuela y Benito de Miguel.
Las inseguridad
Uno de los problemas que hoy enfrenta este barrio es el de la inseguridad. Aunque algunos vecinos sostienen que “todavía es un barrio tranquilo”, de acuerdo a los primeros datos recopilados por el Observatorio de Seguridad Ciudadana de Junín -a los que tuvo acceso DEMOCRACIA-, de cada 20 delitos que se cometen en la ciudad, 3 se producen en esa zona.
Dora Garbe, flamante presidenta de la sociedad de fomento, no cree que la situación sea demasiado preocupante. “Quizás sea el lugar donde los vecinos más denuncian”, desliza, y señala que “el mayor problema radica los días que abren las confiterías, porque uno ya sabe que los chicos hacen destrozos”.
Sin embargo, otras personas del lugar dan fe de que el tema es más complejo.
Matilde de Gentile cuenta un episodio que protagonizó: “Hace dos semanas, el domingo a la mañana, saliendo de misa, dos muchachos en una moto azul me robaron, me sacaron la cartera y me tiraron al piso”.
Para Gentile, que lleva 40 años viviendo en el mismo lugar, “esto está sucediendo en todo el barrio; esta zona está hermosa y es bárbara, pero se acabó la tranquilidad”. Desde su perspectiva, el vecindario “se ha vuelto inseguro”.
A Rosa Taktak, otra vecina del lugar, le hicieron el “cuento del tío” para robarle: “Vino una pareja -relata- diciéndome que mi hermana iba a ir presa porque había dado unos cheques que eran ‘voladores’ y me sacaron todo lo que tenía, que recién había cobrado. Era una mujer bajita, morochita, de pelo corto y con anteojos, acompañada de un señor que andaba en un auto blanco nuevo”.
Ahora Rosa tiene reja y candado en la puerta de entrada a su casa.
Otras necesidades
El desarrollo de esta zona no obsta que aún haya necesidades pendientes de resolver.
En este sentido, el principal problema pasa por el pavimentado. Es que por un lado, aún hay calles de tierra, y por el otro, en algunas arterias el asfalto está muy deteriorado, como por ejemplo, en Padre Respuela.
Garbe indica que van a tratar de que “en las calles de tierra por lo menos se ponga el cordón cuneta, que pase el regador, que estén arregladas, para que no se estanque el barrio”.
Sin embargo, en las calles que sí están en condiciones, hay otro inconveniente: los vehículos suelen andar a grandes velocidades, lo que resulta peligroso para los peatones.
Por último, hay calles que en otro momento eran de tierra y al ser asfaltadas siguen manteniendo la doblemano -como Sampayo-, aunque son muy angostas para que sea así, lo que requiere una urgente solución para no tener que lamentar complicaciones posteriores.
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