La primera edición causó sensación y superó todas las expectativas. El público, pese a la calurosa jornada, asistió en muy buen número y agotó los productos elaborados en los diferentes stands de venta.
Tal fue la demanda, que la mercadería disponible por los puesteros apenas alcanzó para atender los pedidos durante no más de media hora. De ese modo, sobre el mediodía, los cientos de vecinos que llegaron al lugar debieron contentarse con disfrutar de la segunda propuesta del encuentro, que consistió en el espectáculo de danzas de las distintas colectividades.
"No esperábamos semejante respuesta, lo tomamos como una prueba piloto y trajimos sólo un poco de comida", explicó a "La Nueva Provincia" una pareja que representaba a un centro croata que rápidamente liquidó su Pecigo --arrollado de masa relleno con chorizo, ricota y ajo porro-- y las medialunitas de nuez y kuglof.
En el stand de la Sociedad Cultural Sirio Argentina, la venta de kepes (croquetas de carne molida con trigo burgol, al horno, con especies árabes) no alcanzó a disimular el fastidio de muchos que esperaban llevar a sus casas las difundidas empanadas árabes (fatay) de carne y cebolla de verdeo y el singular Warak inab, armado con hojas de parra rellenas con carne picada, arroz y cebolla.
"Prometemos que en la próxima oportunidad vamos a traer más", aseguró Susana Schbib, quien no daba crédito a como se vendía todo lo que había llevado mientras destacaba la excelente idea de organizar el encuentro por parte del Instituto Cultural municipal y el Centro de Colectividad.
Cerdo, plátanos y tortas
En una de las mesas más concurridas --sobre todo por su generosa oferta-- el cubano Aned, desde hace cuatro años radicado en nuestra ciudad, cortaba sin descanso pedazos de un lechón cocido en un horno de panadero, al que ofrecía dentro de un pan redondo. "Es la pierna de cerdo asada, pero a su punto justo para que no pierda el sabor. En Cuba es una comida callejera típica, que se vende en todas las calles", aseguró quien se presentó como "el negro más sabroso de Bahía".
Explicó, además, que la principal diferencia entre la comida cubana y la argentina es el condimento. "En Cuba usamos productos naturales, como el orégano y el perejil. Después se impone el arroz y las ensaladas de estación", refirió.
Los peruanos, por su parte, ofrecían bandejas con una especie de guiso de arroz con morrones --"es una fusión de comida peruana y oriental", explicó la encargada del lugar--, chifles de plátanos --una especie de papa frita elaborada a partir de esa fruta-- y mazamorra morada.
La Asociación Israelita fue una de las pocas que pudo dar respuesta hasta casi el mediodía con sus productos, con dos ofertas --una salada y otra dulce-- que tuvieron merecida aceptación. Por un lado los knishes de papa y cebolla y, por otro, la Leicaj, típica torta de miel que se elaboró durante la Segunda Guerra Mundial y que suele comerse en el año nuevo judío. "Este tipo de comida es muy promocionada en la televisión", mencionó una de las mujeres que atendían el stand.
La oferta también comprendió los platos de las colectividades italiana --cuatro variedades de pizza de media masa a la piedra--; chilena, con empanadas y vinos; el Centro Andaluz --churros, tortillas y sandwiches de jamón crudo--; Vasca, con sus sabrosas Txistorras (carne de chorizo sin piel en masa de hojaldre); paraguaya, con su Chipá guazú (deliciosa tarta de choclo, queso, huevo y cebolla); Colombia, con su dulce de leche con sabor a café; y la Pastoral Migratoria, con platos tradicionales propios como empanadas fritas de carne.
La Feria, que se montó en el bulevar ubicado entre el monumento a Rivadavia y calle Alsina, fue un éxito tan inesperado que de alguna manera se convirtió en una frustración para quienes apenas pudieron apreciar los distintos platos promocionados. Una señal inequívoca de que la propuesta es válida y que merece sin dudas otra oportunidad.
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