El obispo Martín calificó al nuevo Papa como “un hombre sencillo, humilde y muy capaz”. Dijo que el haber tomado el nombre de Francisco puede deberse a la intención de querer reconstruir la Iglesia
“Entre los desafíos que tendrá, está el de cómo gobernar la Iglesia. Pero el gran desafío de la Iglesia es una nueva evangelización”, señaló el prelado local.
-¿Le sorprendió la designación de (Jorge) Bergoglio como nuevo Papa?
-Realmente ha sido una sorpresa grata. Una hermosa sorpresa. Si bien por ahí algunos vaticanistas lo ponían como papable porque había adquirido prestigio en el anterior cónclave, él ya había presentado su renuncia porque había cumplido los 75 años (hoy tiene 76 años) y uno decía bueno ya no lo van a elegir. Es como que no había mucha expectativa.
-El que entra como Papa sale como cardenal, dice el dicho en Roma.
-Así es. Los que entraron como Papa no fueron Papa. Y el que entró con menos probabilidades salió Papa.
-¿Qué significado encierra la elección de Bergoglio?
-En primer lugar que la Iglesia haya elegido un Papa que viene de la periferia y no del centro es como un gran paso que se da. A veces criticada por ser eurocéntrica, hoy tiene un Papa de América Latina. Quiere decir que la Iglesia en América Latina ya ha caminado. Ha hecho una experiencia de maduración en estos 500 años. Es realmente histórico.
-¿Representa un canto a la esperanza?
-Sí, así es. Es el viejo árbol que siempre da brotes nuevos. Que tiene siempre esa capacidad de juventud y de rejuvenerse. Porque está Dios guiándola (a la Iglesia). Por eso, esto es algo que me admira, me asombra y me habla de la vitalidad de la Iglesia. Este descentralizar la mirada desde Europa. Por lo tanto, iglesias nuevas que vienen con más vigor frente a una Europa cansada. En Aparecida (Brasil), los obispos elaboraron un documento de una esperanza muy grande, de un impulso evangelizador muy fuerte para toda la Iglesia. Y eso realmente creo que ha impactado. Y Bergoglio ha sido uno de los obispos que marcó ese documento.
-¿Lo conoció personalmente a Bergoglio?
-Tengo la dicha de haberlo conocido. Lo conocí cuando yo tenía treinta y pico de años y era formador en el Seminario de La Plata. El entonces arzobispo (Antonio) Quarracino conocía a Bergoglio y lo mandó un día a predicar un retiro a los seminaristas. Allí lo conocí.
-¿Cómo es él?
-Es un hombre sencillo, humilde y muy capaz. Es discreto. De no mucho hablar. En las reuniones, más bien escuchaba, pero luego daba la palabra justa, orientadora, esclarecedora. Después no lo volví a ver. Ahora, cuando el entonces Papa Benedicto XVI me designó obispo de Río Cuarto, él me mandó una notita donde me pedía que rezara por él. Que es lo que hizo hoy (por ayer) con el pueblo. Le pide al pueblo que rece por él. Entonces hizo un momento de silencio, se inclinó para recibir la oración del pueblo y después le dio la bendición. Es decir, lo pinta como es él.
El nombre de Francisco
-¿Por qué cree que tomó el nombre de Francisco?
-Creo que tiene un gran significado. En mi humilde entender, San Francisco de Asís tiene una doble significación. Por un lado, la sencillez y el espíritu de pobreza. Como un llamado al mundo y a la Iglesia misma de vivir estos valores y también la fraternidad. Él habla de ser fraternos en todo el mundo. Y San Francisco es el que generó la familia de los franciscanos, de los frailes, de vivir como hermanos. Por el otro lado, San Francisco recibió esta revelación privada de reconstruir la Iglesia. Él se puso a reconstruir una capillita en momentos en que la Iglesia estaba necesitada de reformas. Y él ha sido uno de los grandes reformadores de la Iglesia. No porque fuera autoridad de la Iglesia, porque no fue ni cura, ni obispo, ni Papa. Pero sí por su gran irradiación espiritual. Es uno de los santos más parecidos a Jesús en la historia de la Iglesia. Así que es también muy novedoso el nombre. Creo que reconstruir la Iglesia con todos estos problemas que hubo, con el Vatileaks y la Curia Romana, por ejemplo, está indicando un camino.
-¿Qué desafíos le esperan a Bergoglio?
-Uno de ellos es esto de cómo gobernar la Iglesia, de vivir más ampliamente la colegialidad episcopal, de la reforma de la Curia Vaticana. Los que más saben dicen que se necesita de una simplificación, una mayor agilidad y una sencillez de espíritu. Pero el gran desafío de la Iglesia es una nueva evangelización. Y él dijo que oráramos para que nosotros podamos contribuir a la evangelización. La Iglesia ha redescubierto, desde el Concilio Vaticano II, la urgencia de la evangelización. Porque la esencia más profunda de la Iglesia es ser misionera. Ya Juan Pablo II había invitado a una nueva evangelización y la había retomado Benedicto XVI.


Comentá la nota