El convoy llegó a Misiones poco antes de las 19 del miércoles, con 1.300 pasajeros que abarrotaron los vagones del tren. Furiosos y cansados, se quejaron del servicio que salió con casi 12 horas de demora
En la estación de Garupá, entre el barro, la lluvia de verano y el agobiante sol, esperaban unos siete ómnibus de transporte urbano y al menos dos de media distancia, para llevar a los pasajeros de El Gran Capitán a la Capital provincial, a Encarnación, Paraguay o al interior de la provincia.
El viaje parecía no terminar nunca. El Gran Capitán arribó a la tierra colorada con sus 16 vagones abarrotados, con gente desesperada y la sonrisa en los rostros, era más bien que por el fin del sufrimiento. Porque al bajarse (o tirarse literalmente) del tren, los pasajeros no tardaron en expresar su enojo a los distintos medios provinciales y nacionales que esperaban por el fin del castigo que significa cada viaje. Los insultos fueron muchos y una mujer hasta dijo: “Llegamos, estamos vivos, eso ya es bueno". La mujer, con su pequeño hijo en el cochecito, dormido, traspirado, rodeado de bolsos y bultos, resumía lo que cada persona de El Gran Capitán había sufrido para llegar hasta Misiones.
Atrás había quedado el piquete del martes en las vías de la estación de Lacroze, en Capital Federal. Atrás habían quedado las pocas explicaciones del por qué de semejante retraso, una vez más y justo para estas fechas.
Uno de los voceros de la empresa Trenes Especiales Argentinos, Fernando Gómez, había dicho que el retraso fue la suma de otros retrasos y que a la hora de partir (unas 12 horas después), el sistema arenero falló. El sistema funciona en la locomotora para que cuando las ruedas resbalan en los rieles, la arena permita girar normalmente y así poder seguir el viaje.
El calor, la dilatación de las vías, la poca inversión en el mantenimiento del sistema ferroviario del país, fueron las explicaciones del empresario al intentar justificar el nuevo retraso de El Gran Capitán. Los usuarios se quejaron de lo precario del servicio durante el viaje. Que el agua, que la lentitud, que demasiadas personas, pero lo cierto es que siempre terminan resignándose y reinciden con el tren, por ser un medio de transporte que, por su precio, es casi el único a su alcance.
El Gran Capitán emprendió el regreso hacia la Capital Federal sólo pocas horas después de haber llegado. Pero sin horario fijo de llegada.
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