Miles de personas se congregaron en Sumamao. Hubo jineteada y baile bajo un sofocante sol.
Los promesantes ingresaron al patio de la familia Rojas al ritmo de la tradicional marcha ejecutada con bombos legüeros y acordeones, y los gritos de los jinetes que caracoleaban sus caballos entre estallidos de cohetes y bombas de estruendo.
En el sector norte del patio cerca de las quinchas (construcción de palos y cañas que son utilizadas para resguardarse del efecto del sol) se prepararon los tradicionales arcos con las ischas de las que cuelgan golosinas y las tradicionales rosquillas, donde los jinetes comenzaron a realizar las vivas en busca de las preciadas recompensas.
Bajo una amplia galería, la imagen de San Esteban recibió el afecto de todos sus promesantes, mientras sobre el escenario se acomodaban los acordeonistas y un grupo de hombres y mujeres los acompañaban tocando la tradicional marcha, que por momentos se transforma en una danza que es bailada en parejas de hombres inclusive.
“Este sacrificio lo hago todos los años para agradecerle a San Esteban los favores recibidos, y llevo esta bandera con el nombre de mi hijo Benjamín”, expresó Hugo Díaz uno de los peregrinos que caminó desde Maco a Sumamao.
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