El gorro de lana, la prueba clave del crimen del taxista

El gorro de lana, la prueba clave del crimen del taxista

Fue el eje principal en el inicio del juicio por el asesinato de San Miguel.

Un gorro de lana rojo y negro, que apareció entre las pertenencias de Rogelio San Miguel cuando fue trasladado al hospital tras ser atacado, es la prueba clave que ubica a Gerardo Fuentes en la escena del crimen. Es que contiene rastros de su ADN y por eso fue el eje de debate durante la primera audiencia del juicio, que comenzó ayer y que además tuvo el testimonio de una médica forense que demostró que las heridas fueron provocadas por una persona que se ubicó detrás de la víctima.

Durante la primera audiencia del juicio por jurados realizada ayer, en el que se imputa a Gerardo Fuentes por el homicidio del taxista ocurrido en 2011, declararon cuatro personas, dos de ellas vinculadas al entorno del acusado y dos profesionales que intervinieron en la investigación.

Sin embargo, el testigo clave de la fiscalía no acudió. Se trata de Claudio Sandoval Soto que, de acuerdo con la investigación, participó del robo junto con Fuentes como uno de los falsos pasajeros que abordaron el Renault Megane del taxista en la parada de Olascoaga y Fava.

“Yo les voy a traer a Sandoval Soto para que les cuente lo que pasó esa noche”, dijo el fiscal Maximilano Breide Obeid al jurado en los alegatos de apertura, aunque se aguarda que hoy acuda a testificar.

El debate comenzó entonces con el testimonio de Cristian Valdebenito, el segundo testigo citado por la fiscalía, quien es el tío de Claudio Sandoval Soto.

Apodado “Valde”, el joven relató que la madrugada del hecho Gerardo Fuentes llegó solo a su domicilio, ubicado en José María Paz 292, alrededor de las 12.30 y le había pedido que lo dejara entrar.

“Me dijo (por Fuentes) que se había peleado con el padre, que no lo dejara entrar a la casa, y entonces le tiré un colchón para que se quedara a dormir, y me volví a acostar, yo trabajaba al día siguiente”, señaló Valdebenito, pintor y chapista en una empresa de camiones de Cipolletti.

Agregó que había cambiado su declaración 2 o 3 veces porque “estaba apretado por el hermano y los amigos de Fuentes” y ahora seguía con miedo. Dijo que luego, durante un asado, se enteró de que su sobrino y Fuentes habían participado del crimen del taxista. “Me enteré por boca de otro”, declaró.

Policía

Luego fue el turno del subcomisario Sergio Llaytuqueo, jefe de Seguridad Personal, quien recordó que en un principio se le adjudicó el crimen a un menor de edad apodado “Monito”, hasta que llegó por un lado la declaración de Sandoval Soto, que incriminó a Fuentes como autor material, y el dato del gorro de lana.

“Nosotros supimos de la existencia de un gorro de lana por la declaración de dos chicas que habían auxiliado a San Miguel ya herido. Una de ellas la había tomado del interior del taxi para presionar las heridas”, relató Llaytuqueo.

El tercer testimonio fue el de María Fernanda Herrera, médica forense que realizó la autopsia de Rogelio San Miguel. Mostró imágenes del procedimiento y aseguró que “una de las lesiones de arma blanca fue la presente en la zona izquierda del tórax, de aproximadamente 3 centímetros que fue la mortal, porque perforó el corazón”. Agregó que por la forma de la herida el agresor se ubicó detrás de la víctima, aunque por las imágenes del auto, a las que tuvo acceso, a San Miguel lo ultimaron una vez que se bajó del auto.

El último en declarar fue Gastón “Monito” Puente, conocido de Fuentes y Sandoval Soto. “Claudio me contó a la mañana que se habían mandado una cagada, que estuvo con Gerardo y le robaron a un taxista un par de monedas y la radio”, dijo. Agregó que Fuentes lo había apuñalado.

Por su parte, la defensa, a cargo de Daniel García Cáneva, hizo un particular pedido al jurado: “Si ustedes prestan atención, van a hacer Justicia”. El defensor oficial de Fuentes dijo que no se investigó debidamente a Sandoval Soto y que se optó por incriminar a su defendido.

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