El caso se convirtió en el emblema de la lucha contra la corrupción estatal.
Miles de trabajadores inmigrantes llevan seis días seguidos protestando violentamente por las calles de la región de Zengcheng como respuesta al maltrato que sufrió una joven de 20 años embarazada, procedente de la provincia de Sichuan, a manos de varios guardias de seguridad. En la noche del viernes, la chica estableció su puesto de venta ambulante frente a un supermercado. Al no marcharse del lugar tras ser advertida, los guardas, contratados por el gobierno local, salieron a su caza y le dieron una paliza sin importarles su estado, según narraron testigos en varias webs chinas.
Casi al instante, miles de personas, sichuaneses en su mayoría, se lanzaron a la calle: gritaron, tumbaron decenas de coches de policía, se enfrentaron a centenares de agentes y prendieron fuego a edificios gubernamentales, camiones y mobiliario urbano.
Desde el sábado, algunos barrios de la ciudad viven sumidos en la anarquía , mientras decenas de tanquetas del ejército y miles de agentes antidisturbios tratan de frenar el estallido de cólera popular. “La gente corre como si estuviera loca.
Han atacado la oficina del gobierno y le han prendido fuego ”, confesó una mujer en la ciudad de Dadun.
La paliza a la joven fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de los trabajadores inmigrantes en el sur de China, que se sienten explotados laboralmente y sistemáticamente humillados por los habitantes locales. Se lo compara con el joven que se inmoló en Túnez y desató la “primavera árabe”. En China, el descontento se ha agravado este año debido a la fuerte inflación que sufre el país, que, combinada con el descenso de la demanda por parte de Occidente, ha puesto a miles de fábricas y millones de trabajadores al borde de la ruina.
Mientras, el gobierno trata de poner paz e incluso llevó al marido de la víctima al ayuntamiento de Cantón, capital provincial, para decir ante la prensa que tanto su esposa como el feto están sanos y salvos. Ni la prensa ni la televisión nacional se han hecho eco de estos graves disturbios, sólo una nota de la agencia estatal Xinhua indicaba ayer que ha habido al menos 25 detenidos.
Pero la estrategia no funcionó porque las protestas llegaron a esa capital provincial.
“Era terrorífico, nunca había visto nada igual” , asegura Chao, de 27 años, propietario de una tienda de ‘jeans’ en el distrito de Xintang, a hora y media del centro. “Había miles de manifestantes. Incendiaron un inmueble.
Volcaron coches de la policía y los quemaron . Entonces llegaron algunos centenares de policías y empezaron a golpear a la gente con porras de hierro”, añadió Chao.
Esta protesta antigubernamental tomó el relevo de otra en la provincia de Hubei, centro del país. Allí, miles de personas atacaron la semana pasada la sede del gobierno de Lichuan como protesta por la misteriosa muerte de Ran Jianxin, ex director de un distrito de la ciudad. Ran fue arrestado el 26 de mayo, acusado de haber aceptado sobornos en varios casos de expropiaciones de terrenos y demoliciones forzosas. Murió 10 días después. Según la familia, su cuerpo mostraba signos de haber sido gravemente torturado.
Los manifestantes expresaron toda su rabia contra el gobierno y se enfrentaron a la policía ya que, según explicaron varios de ellos al diario Southern Metropolis News , Ran había luchado por los derechos de varias familias en al menos cinco distritos, siendo el único funcionario local dispuesto a defender a las víctimas de las expropiaciones y denunciar la campaña oficial de confiscación de terrenos con fines especulativos.
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