Lamentablemente, para los intereses de nuestra sociedad, el Gobierno provincial ha dado muestra claras de su total ineptitud para solucionar los problemas lógicos que plantean emprendimientos y regímenes económicos, que en otras provincias, bien resueltos, han sido base para el despegue económico.
Primero fue el régimen de promoción industrial, hace poco la actividad minera y ahora la olivicultura. Ninguna de esos regímenes o actividades económicas han podido servirle enteramente a nuestra provincia, porque no han podido generar un desarrollo económico que prescinda de ellas llegado el momento. La responsabilidad exclusiva es política, del gobernador Eduardo Brizuela del Moral.
Por estos días volvió a instalarse en el debate público la posible caída del régimen de promoción industrial, cuestión que prácticamente tiene fecha precisa. El tema volvió al tapete porque otra de las provincias que hasta hoy no logra que Nación prorrogue el régimen, La Rioja, la sociedad comenzó a movilizarse para lograr se formalice la promesa de la continuidad. En nuestra provincia ni eso.
Al Gobierno provincial, en este tema de la promoción, le caben varias culpas; primero, la mas importante, que no se hicieron los deberes necesarios para que una vez caído, porque no se puede vivir auxiliando vía impuesto a una provincia en detrimento de otras, las condiciones de pobreza estructural que hicieron merecedora a Catamarca del auxilio excepcional siguen perfectamente iguales a entonces. Una vez decretada la caída, hace pocos años, el Gobierno actual tampoco supo encontrar los caminos para lograr de Nación el auxilio para esas condiciones de pobreza que no puede solucionar.
La minería, que a muchas otras provincias hizo despegar definitivamente, en Catamarca sigue siendo una materia pendiente. La promesa de los años ’90, que se cabalgaba sobre el sueño del oro de nuestra sociedad, que proporcionaría recursos financieros que sirvieran para superar el atraso, sigue incumplida.
La política errática del Gobierno radical de la provincia no solo no clarificó las dudas legitimas de la población por cuestiones como la contaminación, sino que dilapidó los recursos que de ella provinieron porque nunca fueron a para a financiar infraestructura para el desarrollo ni promovieron actividades productivas alternativas a la administración pública. Son todas cuestiones nunca aclaradas, cerradas o cerradas mal, que gatillan las reacciones populares mas cruentas.
El último escándalo que posibilitó la ineficacia oficialista lo sufrió la olivicultura. La falta de controles firmes sobre las condiciones laborales en muchos emprendimientos agrícolas posibilitó un incidente que protagonizaron funcionarios y policías de otras provincias. Sin embargo, aunque ahora los repudie, fue el propio oficialismo quien avaló todo lo actuado, porque un ministro provincial acompañó toda la incursión chaqueña.
Pero ese escándalo revelador de las muchas falencias del oficialismo en la política productiva no alcanza para esconder tampoco las quejas del sector empresario olivícola, que ya vienen desde hace tiempo. El ultimo escándalo, en todo caso, es solo la frutilla del margo postre que propone el oficialismo radical.
El oficialismo no coincide con el esmero que ponen muchas naciones del mundo, y varias provincias argentinas también claro, en que sus materias primas no salgan de sus fronteras sin el valor agregado de la manufactura, porque es lo que genera fuentes de trabajo y riquezas extras a las que brinda la naturaleza. Aquí ni materias primas ni trabajo parecen importar lo suficiente, la sociedad paga con pobreza las consecuencias.

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