Este proyecto social es financiado conjuntamente entre Nación y provincia. Además, tiene el respaldo de programas como Pro-Granja, entrega de mobiliarios y materiales escolares.
Indicó que mientras tanto, se avanza con la construcción de otras 243 viviendas rurales que junto con las 250, se entregarán a lo largo del año. “La primera etapa con la que se inició el proyecto y que contempló la construcción de 500 viviendas ya está concluida. La segunda etapa, dividida en una de 190 y otra de 243. La primera terminada y las 243 viviendas están con distintos grados de avance, hay algunas que ya están para inaugurar y tenemos la expectativa de empezar las 250. Ya se ha realizado la licitación y adjudicación y esperamos comenzar en cualquier momento”, detalló sobre la marcha del programa.
Legname mantuvo un diálogo con EL LIBERAL, en el que puso de relieve el valor social de este programa y los alcances del mismo.
“Este programa es netamente social, no esperamos un acto para que las familias habiten la vivienda, la empresa termina la obra y la gente se traslada a su nuevo hogar. Además, no sólo es la construcción de la vivienda, sino que llegamos con el Pro-Granja, con Desarrollo Social con entrega de mobiliario, ropa para los niños, bolsines, kit escolares”, indicó la funcionaria.
El mobiliario comprende camas cuchetas (con sus respectivos colchones y frazadas), mesa y sillas para los comedores, mesas de luz. “Tratamos de dejar la casa lo más habitable posible”, explicó Legname quien señaló que al mismo tiempo se gestiona una pensión o subsidios a la familia si están en condiciones. El programa se complementa con el área de Salud, la que previo a la entrega de las casas, realiza una campaña de vacunación en la población de la zona, charlas de prevención de cualquier enfermedad y de promoción de la salud.
Fin del rancho
La erradicación del rancho es uno de los objetivos del programa. “A veces tenemos gente reacia al desarme del rancho, los entiendo porque es algo que lo han hecho con sus propias manos, con sus propios esfuerzos, y la nueva vivienda representa un cambio de modo de vida”, expuso la funcionaria. “De todos modos –recalcó- nosotros exigimos y las familias firman al inicio del programa, que una vez que se termina la casa, se desarma el rancho y pasan a vivir en la vivienda”. Mencionó que cuando la familia no puede hacerlo por sí sola, el IPVU cuenta con personal para desarmar el rancho.
Otro aspecto del programa para rescatar, es que junto con la vivienda, se realiza la escrituración a favor de los beneficiarios. Para ello el Estado realiza los trámites expropiatorios. “La gente no podía realizar mejoras en algunas viviendas porque no sabían si iban a quedar para ellos. Esto también está adelantado, y puedo decir que en este aspecto, que es interesante el aporte del sector privado, en el sentido que han sabido entender los dueños de la tierra, la importancia del programa. El programa ha tenido acompañamiento importante no solo del beneficiario, sino también del dueño de la tierra”, rescató.
Finalmente y llegando a la cuestión central de este plan social, Legname manifestó que a través de las Viviendas Rurales se evita el éxodo interno de poblaciones vulnerables. “Esta era una de las políticas trazadas para evitar el desarraigo, la transculturización de la gente, para poder tener una correcta distribución de la población en el territorio que nos permita para poder dar mayor productividad a la tierra, porque la tierra tiene productividad, pero por ahí no hay quien la trabaje. Con estos programas se trata de llegar a un desarrollo social con la equidad en la distribución de la riqueza y de la población en el territorio”, resaltó.
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