Los 35 escalone que sorteó para ser otra vez un equipo de PrimeraCORDOBA (Enviados Especiales).- Y Gimnasia volvió a su hábitat natural: la Primera División del fútbol argentino. Llegó el momento del desahogo, de soltar a los cuatro vientos tanta angustia contenida. El pueblo tripero llegó al estado de éxtasis.
“La adversidad no nos vence, nos retempla” era el lema del mítico movimiento tripero “Arriba Gimnasia” conformado en calle 4 para el ascenso de 1944. Y la historia vuelve a repetirse mucho tiempo después. La familia gimnasista fue una pieza clave de esta campaña que ayer tuvo la coronación en la Docta. Porque jamás dejaron solo al equipo.
Aquello de “en las malas mucho más” se hizo carne a lo largo de todo este duro recorrido del equipo por la durísima B Nacional. El respaldo popular, siempre masivo y en muchos casos multitudinario, fue una de las marcas registradas de esta campaña de los muchachos de Pedro Antonio Troglio.
La salida a la grama de los jugadores albiazules produjo el estallido de los más de 10 mil triperos que, con semejante muestra de adhesión a la divisa, contagiaron a sus futbolistas hasta las lágrimas. Fue una explosión como la de aquella tarde del gol del uruguayo Perdomo en un clásico que generó el registro de un temblor en el Bosque platense.
LOBOS FEROCES
Desde el pitazo inicial de Pedro Argañaraz los jugadores mens sana fueron once lobos feroces. A sabiendas de la magnitud de lo que estaba en juego, todos actuaron con la responsabilidad que el momento histórico ameritaba.
Fue una presión notable desde el primer minuto. Gimnasia achicó espacios y descolocó por completo a un Instituto que quedó reducido a la mínima expresión.
La línea de fondo achicó espacios casi hasta la mitad cancha, los volantes apretaron en la salida de los cordobeses y los puntas no se quedaron atrás con una presión alta sobre la última línea de la Gloria.
Como estaba planteado el tramita, la llegada de los goles sería una consecuencia inevitable. Y así fue. Después de más de cinco chances claras sobre la portería de Chiarini, por fin llegó el merecido grito tripero en la cancha enclavada en el paraje Chateau Carreras: gran triangulación en la mitad de la cancha, habilitación de Mussis para Barsottini y el propio Pucho, como si fuera un extremo de toda la vida, le envió un centro notable a Facundo Pereyra. El artillero infló la red tras un cabezazo certero, de gran calidad. Uno a cero y chau nervios. Si con el empate alcanzaba y ya había fiesta, tras el desnivel el griterío del pueblo tripero fue ensordecedor.
Gimnasia aprobó el examen más exigente de todos: el de la personalidad. Y lo hizo con un 10. De manera rotunda, sin espacios para las dudas. Los protagonistas pusieron en el campo todo lo que los hinchas reclamaban. Ninguno se guardó nada.
El segundo llegó por decantación y, vaya guiño del destino, fue marcado por uno de los pibes que había quedado golpeado por el descenso: Oliver Benítez, mediante un buen cabezazo en una pelota detenida muy bien manejada, como durante todo el campeonato.
El segundo tiempo sobró. Fue la frutilla del postre para una tarde bien tripera. Gimnasia tuvo siempre todo bajo control. Jugó con la humildad de los grandes y la personalidad de los que saben afrontar los momentos trascendentes.
Ni siquiera cayó en la trampa de la especulación, tan tentadora cuando los objetivos están cerca. Por el contrario, buscó el tercer gol hasta el final. Y casi lo consigue.
Fue una victoria inobjetable. Un corolario acorde con lo que merecía una campaña brillante en un torneo durísimo como el de la B Nacional. El 2 a 0 fue una anécdota.
Gimnasia es de Primera. Su gente lo merecía. Su historia también. Atrás quedaron los nervios y la ansiedad. Ahora sólo hay espacio para festejar.
Comentá la nota