Volver a jugar con la actitud de las primeras fechas no es imperioso, es obligatorio
Esa frase no es más que un canto sincero al pragmatismo. Este Lobo de Troglio fue un equipo que, en el primer tramo del certamen, fue consciente de lo que tenía y, en base a ello, construyó un modelo de juego acorde al potencial de sus actores: presión al límite, actitud, disciplina táctica y, por sobre todas las cosas, convencimiento alrededor de una idea troncal. Esos valores le permitieron hacer pata ancha y meter puntaje ideal en los primeros tres partidos jugados.
Pero el punto de inflexión que marcó el viaje a Rosario todavía le cuesta caro. Desde aquella caída en el Coloso, no volvieron a verse esas virtudes. Primero se creyó que se trataba de algo puramente coyuntural, por la simple razón de haber tenido enfrente a uno de los mejores equipos del país. Después, ante Godoy Cruz, parecía que se trataba de la continuidad del desgaste físico y psicológico de lo ocurrido en Rosario. Pero la entrega en tierras rafaelinas directamente encendió algunas alarmas porque ya no puede hablarse de un partido suelto, sino de la continuidad de un nivel de juego pobre.
La sucesión de tropiezos tiene un hilo conductor: el equipo ha dejado de hacer lo que sabe. Los jugadores deben entender que al formar parte de un plantel que carece de futbolistas que marquen grandes diferencias por jerarquía individual, la única manera de potenciar el juego pasa por establecer ventajas desde lo colectivo.
VOLVER A CONFIAR
La última derrota dejó un solo coletazo positivo en medio de tanta decepción. Y fue la capacidad de ejercitar la autocrítica. No hay manera, en ningún deporte de conjunto, de corregir defectos si primero no se los reconoce. En Gimnasia, tanto el DT como los jugadores que llevan el peso del vestuario, no se han enfrascado en el siempre dañino camino de las excusas. Muy por el contrario, han transitado una senda reflexiva coherente, con la madurez necesaria para diagnosticar, con rapidez, los problemas que afectan al equipo.
Ahora falta la otra mitad de la historia. Conocida la enfermedad, debe buscar la cura. Parece una verdad de perogrullo, pero el fondo de la cuestión pasa, ni más ni menos, que por volver a poner el mismo chip con que iniciaron el torneo. Con lo visto últimamente, quedó de manifiesto que Gimnasia tiene que presionar, morder, asfixiar y molestar al rival desde el minuto uno hasta el noventa.
Esa convicción, olvidada en un par de cotejos, le devolvería la confianza. Todo Gimnasia ya sabe que al equipo no le sobra nada y que para ganar, tendrá que sudar. Este Lobo debe retomar ya la cultura del esfuerzo. No tiene tiempo para medias tintas.
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