La genética del kirchnerismo

Por: Osvaldo Pepe

El kirchnerismo afronta otra semana cargada de tensiones, preso de las pocas lógicas que admite su manual político: la confrontación como método, el sometimiento como estilo y la provocación como sistema. También tiene una oportunidad de reivindicación con la sociedad, como sería la de adaptarse al juego de las mayorías y minorías parlamentarias que predominan en las democracias maduras. Pero se estaría encaminando hacia otra maniobra para imponer sí o sí el polémico DNU que habilita el uso de las reservas para saldar deudas con bonistas privados

Días pasados, la Presidenta ya había aportado malestar institucional, cuando desafió a la Justicia al advertir que no cumplirá con el nuevo fallo que volvió a vetar el polémico uso del ahorro nacional para el pago a acreedores. Una presidenta desoyendo a la Justicia y haciéndolo saber por cadena nacional, como quien se vanagloria de una épica digna. Si no viviésemos en la Argentina de los Kirchner, habría que recordarles a los lectores que no se trata del capítulo más estrafalario del realismo mágico latinoamericano.

El kirchnerismo ha impregnado su ciclo de decadencia con un marcado retroceso en la cultura política argentina y le ha ocasionado, por añadidura, un daño gratuito al peronismo, al enemistarlo con la extendida clase media y algunos sectores obreros sindicalizados, sus criaturas históricas más significativas. La Presidenta dio la clave al identificar en su mensaje de apertura del año legislativo la genética justicialista con el golpe de estado del 4 de junio de 1943. Se ve que se siente más cómoda en esa efemérides, autoritaria y verticalista, que con la gesta cívica del 17 de octubre de 1945 cuando el peronismo aluvional, popular y transformador irrumpió para siempre, y para dignificarla, en la escena política naciona

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