El gauchaje ofreció una muestra colmada de velocidad y precisión

El gauchaje ofreció una muestra colmada de velocidad y precisión
Los paisanos dejaron todo en la cancha para ganar cada competencia criolla y dejar sorprendido al público, ayer, en la 17ma Fiesta del Trabajador que se desarrolló en Angaco.
El gaucho se acomodó el sombrero, respiró hondo, se agarró fuerte y, al escuchar la voz de “aura” salió al galope. A pesar de que su caballo movía las patas rápidamente él no perdía de vista el objetivo: un avestruz de metal que estaba parado orondo en el medio de la cancha. Al llegar al primer palenque desplegó las boleadoras, las revoleó con fuerza y recién cerró los ojos después de hacerlas volar. La emoción le duró poco, las bolas pasaron cerca del animal inanimado, pero no llegaron a tocarlo. Eso despertó un “oh”, en el público que, a pesar de que el paisano falló, le regaló un aplauso consuelo.

La “Boleada del avestruz” fue una de las disciplinas de destreza criolla que los gauchos les ofrecieron a las más de 2.000 personas, según datos de los organizadores, que participaron de la 17ma edición de la Fiesta del Trabajador, que se realizó ayer en Angaco. Evento en el que sobraron la velocidad y la destreza de los hombres y mujeres vestidos con bombachas y camisas y sus caballos.

Después del paso de 9 gauchos que no lograron derrumbar al avestruz llegó Rafael Arredondo, quien pudo enlazar el cogote del animal, ganó 100 puntos por dar en el blanco y abrió la suerte para resto de los competidores que comenzaron a embocar.

A partir de ahí, quienes tuvieron que poner toda su habilidad en juego fueron los payadores, José Rivero y Samuel “Tito” Garcilazo, quienes compitieron improvisando rimas para cada uno de los ganadores.

La actividad terminó y dio paso al juego del Cabresto. En la competencia se enfrentaron dos equipos por vuelta. Cada uno, integrado por 5 jinetes. Ellos debían hacer que el caballo tomara la mayor velocidad posible, llegar a los palenques ubicados al otro lado de la cancha, girar y llegar hasta los tachos en los que descansaban los cabrestos (sogas que se atan al bozal del caballo para tirar al animal). Luego debían bajarse de sus caballos, colocarles el elemento y correr tirándolos. Una vez que llegaban a la salida podía comenzar su compañero. En este juego, la habilidad de los gauchos no sólo levanto aplausos y trofeos, sino también mucha polvareda.

Sobre todo cuando el caballo debía rodear al palenque. De hecho, hasta hubo hombres que quedaron en el suelo, situación que, por reglamento, frenaba el juego y convertía en ganador al grupo adversario.

Todavía faltaban otras competencias, como las carreras, el robo del poncho y el salto del cuero, cuando comenzó a notarse también la destreza de los hombres que estaban del lado de afuera de la cancha. Con distintas técnicas y herramientas, los asadores tiraron todo a las parrillas. No faltaron chivitos, pollos, chanchos y, mucho menos, costillas de vaca.

Los niños no se quedaron atrás y corrieron sin parar para ganar el juego de la zapatilla. Cuando les dijeron que debían sacarse el calzado ninguno de los más de 50 chicos de distintas edades dudó. Los organizadores acomodaron 3 pilas de zapatos, zapatillas, alpargatas y botas mezclados de un lado de la cancha y a los niños, detrás de los palenques. Cuando el locutor contó hasta 3, todos corrieron sin parar. Y el primero que encontró su par de zapatos, se los puso y regresó a los palenques obtuvo como recompensa un trofeo.

La jornada gauchesca terminó cuando estaba cayendo la tarde. Después de la primera etapa de jineteada de quienes compiten por un lugar en la delegación sanjuanina que participará en Jesús María, en Córdoba. De las brasas sólo quedaron cenizas y los trabajadores y sus familias se fueron a sus casas felices por haber festejado su día a pura adrenalina.

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