La Garganta Poderosa, la voz de los que no tienen voz, llegó a Paraná

La Garganta Poderosa, la voz de los que no tienen voz, llegó a Paraná
ntegrantes del movimiento villero encabezaron una disertación en la Facultad de Ciencias de la Educación. Reivindicaron el trabajo cooperativo, la lógica asamblearia y la educación popular. Cuestionaron a los medios “hegemónicos” y su mirada que impide que “emergieran las voces de nuestros barrios”.
Integrantes de la cooperativa de trabajo que edita la revista La Garganta Poderosa, nacida hace nueve años en el seno de villas del conurbano bonaerense, compartieron su experiencia en el auditorio Rodolfo Walsh de la Facultad de Ciencias de la Educación de Paraná.

Una forma de comunicar “desde adentro hacia afuera” como canal para llegar a los sectores de mayor vulnerabilidad, se constituyó en uno de los puntales de gestión de La Garganta Poderosa.

Primero por sus portadas y luego por sus páginas desfilaron personalidades del mundo del deporte, de la política, y del arte, aunque su premisa apunta hacia un cambio radical en la forma de comunicar.

En nombre de El Colectivo -como les gusta llamarse- uno de sus integrantes habló con UNO. “La Garganta Poderosa es el brazo literario de algo más amplio, que es una articulación de asambleas villeras: hoy somos 15, en diferentes barrios y en diferentes provincias. Nació hace nueve años y se llama Poderosa por aquella moto del Che. Tenemos una idea del poder que tiene que ver con organizarnos desde abajo, que alienta el trabajo cooperativo, la lógica asamblearia, la educación popular, sin ninguna afiliación partidaria. Y con una característica particular: nos presentamos en los medios a nombre del Colectivo. Buscamos que nuestros posicionamientos sean consensuados, que tengan una impronta colectiva y no personal; a nuestros barrios se les ha hecho mucho daño desde los medios hegemónicos. Y en la medida que ellos puedan individualizar todo el trabajo de tantos vecinos en una figura, se les hace muy sencillo el día de mañana satanizarla o demonizarla”, manifestó como uno más, pero en nombre de todos.

En otro tramo de su argumentación expresó: “Mientras no sean villeros los guiones del circo mediático, a nosotros no nos interesa actuar en ese circo. Nuestros redactores y nuestros fotógrafos sí firman sus notas desde su subjetividad, no hablan a nombres de sus medios, sino de sí mismos. Son así para resguardarnos de cualquier tipo de cooptación”.

-La elección del soporte gráfico para difundir sus ideas, ¿fue causal o había algún objetivo de fondo?

-Se eligió porque es la manera más fácil de comunicarnos hacia adentro de los barrios. Muchos de los pibes que viven en nuestra ranchada que no tienen cable porque no tienen televisor y si tuvieran televisor no tendrían porque no tienen electricidad. Son espacios donde las nuevas tecnologías, las redes sociales, no llegan todavía. Si la revista logra hablar el lenguaje y expresar la problemática, y alumbrar las esperanzas que tienen los pibes de nuestro barrio, aún los que están tirados en una ranchada, era una de las maneras de estar comunicados hacia adentro, y estar comunicados hacia adentro era empezar a estar bien comunicados hacia afuera. Por otro lado, la garantía de hacer un medio de comunicación sin depender de ningún auspiciante, La Garganta no tiene pauta oficial ni publicidad comercial, y el único modo de sustento es la distribución: tenemos 14 cooperativas de distribución en todo el país. Todo eso era un buen conglomerado de razones para sostener otra que tal vez sea la más importante: nuestra revalorización de la lectura. Sentimos que hay un hábito en detrimento de la lectura, de la imaginación, de la creativdad, que lo podemos reconstruir desde ese espacio.

-¿Se ha logrado romper con la estigmatización que hay de la cultura villera en los medios hegemónicos?

-Un poco seguro que sí, lo suficiente seguro que no. Nosotros venimos de más de 500 años de mancillamiento, de tortura, de avasallamiento, de nuestra raíces indígenas, de nuestro pueblos originarios, de nuestros pueblos villeros. En más de 200 años no tenemos un periodista villero que reivindicar. Se trata de un sistema que ha impedido perfectamente que emergieran las voces de nuestro barrios; poder empezar a tener voz propia seguramente sea el primero paso de un montón de pasos que deberemos dar para equilibrar la balanza mediática que nos sigue presentando cercanos a la muerte, al delito, y no cercanos a toda la cultura villera.

-¿Cómo es un día de trabajo en La Garganta?

-Lo único esquemático es que hubiera un esquema. Nosotros no somos los que decidimos si tenemos luz o cuando no tenemos, si podemos salir de nuestra casa porque el agua nos llega a la rodilla y no hace falta que llueva. Los barrios se inundan de abajo hacia arriba, porque tenemos las cloacas tapadas hace siete años, o porque al no tener servicio de recolección de residuos hace que se taponen las salidas de agua y entonces de la nada estamos tapados de agua y de mierda. Es un complejo un día en La Garganta, pero nos enorgullece porque todo lo que hemos logrado.

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