La diputada nacional Silvina García Larraburu elevó hace casi un mes atrás su renuncia al consejo de conducción del Partido Justicialista (PJ), si bien esta medida fue mantenida en un plano de discreción y negada incluso por los máximos dirigentes de ese cuerpo partidario.
García Larraburu es una conocida dirigente del justicialismo barilochense. Cumplió distintas funciones oficiales y partidarias y se desempeñó como legisladora provincial.
Su renuncia se mantuvo prácticamente en secreto, fue categóricamente desmentida en algunos sectores dirigenciales, mientras otros reconocían que había planteado algunas discrepancias con la conducción, pero el problema no había llegado a corporizarse en una renuncia formal.
La realidad es que hace casi un mes la diputada nacional hizo llegar al Consejo su renuncia por nota, donde explicita una serie de diferencias referidas a sucesivas decisiones adoptadas por la cúpula del PJ en los últimos meses, según pudo confirmar la agencia APP.
Los cuestionamientos de García Larraburu serían de variada índole, puntualizando sus disidencias, por ejemplo, en cuanto a las relaciones del presidente del partido, el senador Pichetto, con el gobernador Weretilneck, las que fueron oscilando -según su criterio- de un formal y crítico enfrentamiento, hasta un acercamiento y colaboraciones mutuas que hicieron inentendible estas variantes a la dirigencia en general y a los afiliados en particular.
Un dirigente de Bariloche, allegado a García Larraburu, comentaba con innegable humor a la agencia APP que Pichetto debería advertir del rumbo que toma para evitar que los justicialistas enrolados en su sector político hagan lo mismo que aquellos tres o cuatro soldados japoneses que, perdidos en una isla del Pacífico, nunca se enteraron que había terminado la Segunda Guerra Mundial y se entregaron 20 años después por carecer de toda información.
Otra de las observaciones de García Larraburu se remite a la reunión celebrada en la Casa Rosada, donde la presidenta Cristina Fernández dispuso el alejamiento del intendente de Bariloche, y las posteriores gestiones de Pichetto y Weretilneck, conminando al jefe comunal para que presente su renuncia al cargo, en vez de optar desde un principio por la variante de la revocatoria prevista en la Carta Orgánica Municipal.
La legisladora nacional hasta ahora ha guardado un hermético silencio, negándose a darle trascendencia periodística a su renuncia y lo mismo sucedió con las autoridades del Consejo Partidario, tal vez especulando que una reconsideración de la dimitente evite que la sangre llegue al río.
Hay que recordar que Silvina García Larraburu estuvo ausente en la reunión del consejo realizada en Viedma y todo hace predecir que su actitud será la misma con respecto a la reunión prevista por el consejo para el 17 de febrero venidero.

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