Viedma (ADN).- El periódico El Pasquín publicó esta semana una entrevista al defensor adjunto del Pueblo, Ignacio Gandolfi, donde afirma que “la imagen de la Defensoría está medio politizada, eso si la miramos con un solo ojo” y que la Defensoría no puede transformarse en un partido de la oposición. El abogado opinó que “nunca deberíamos dejar la menor duda ni el más mínimo resquicio de que atrás de nuestras intervenciones pudieran existir intereses políticos o personales en juego".
“¿Qué es de mi vida hoy como Defensor del Pueblo Adjunto?
Estoy trabajando en los últimos meses de mi gestión en esta Defensoría. Sin dudas, los cinco años que llevo en un organismo de control tan trascendente significaron un momento importante de mi vida, tanto en lo personal como en lo profesional, de un aprendizaje inigualable. Creo que el contacto con la gente te da otra mirada sobre todos los temas, otra perspectiva de la realidad. Trabajar en este organismo nos permite escuchar y atender los problemas de cientos de ciudadanos, ser la voz de un montón de personas que no tienen voz y que por diferentes razones se ven avasalladas en sus derechos ante los desbordes del accionar del Estado, y reclaman protección."
"¿Si me gustaría seguir en la Defensoría, ser el próximo Defensor del Pueblo que se define en septiembre?
Por supuesto que me gustaría, me llenaría de orgullo profundizar un camino iniciado allá en el tiempo por el ingeniero Kugler. Existen muchas deudas pendientes y hay que seguir peleando para que la Defensoría pueda crecer en credibilidad y confianza. Claro que quisiera tener la enorme responsabilidad de seguir mejorando lo que se hizo mal y acentuando lo que se hizo bien. En la provincia existen muchos asuntos que andan mal y es nuestro deber ayudar a solucionarlos. Estoy convencido de que se puede mantener posicionamientos firmes sobre distintas cuestiones de la realidad provincial en defensa de los derechos humanos, en la eficacia de la administración, y a la vez intentar ser parte de una solución. Pero la sola crítica no basta, no es suficiente, no alcanza; la gente quiere que 'su problema' encuentre respuesta. La sociedad no espera solamente críticas desproporcionadas o alaridos, sino también soluciones."
"¿Qué es lo que más satisfacción me dio como Defensor Adjunto en estos años?
Bueno, en general todo el trabajo de la Defensoría es apasionante. Imaginate que el año pasado recibimos más de 2.500 reclamos, todas actuaciones diferentes sobre temas disímiles. Pero existe un muy buen grupo de trabajo, empleados con mucha experiencia y compromiso que hacen posible cada solución. Creo que sobre todo ante problemas sociales, se requiere ineludiblemente del trabajo interdisciplinario, en equipo. Los personalismos excluyentes ya fueron. Se necesita del aporte y una mirada critica mancomunada. Para que las soluciones puedan sostenerse en el tiempo, hay que tratar de abordar los problemas con un sentido integral, con una mirada panorámica de cada dificultad, y para ello es fundamental una interacción entre los distintos actores políticos y sociales. Por ejemplo, en el caso del conflicto de las 54 viviendas de los trabajadores viales, la gente no se conformaba con la simple denuncia penal o el escrache mediático. Esas familias esperaban una solución concreta, puntual, y ésta llegó gracias a que nunca abandonamos el diálogo. Ése es el camino, ésa es la forma en que hay que encarar los temas. Ésa sería la impronta de mi gestión. Obvio que me diferencio de la actual Defensora; evidentemente pensamos y actuamos distinto dentro y fuera de la función pública."
"¿Si se ha politizado demasiado la Defensoría?
La verdad es que hoy la imagen de la Defensoría está medio politizada, eso si la miramos con un solo ojo. Siempre digo que más allá de las diferencias personales, lo que debe primar es la búsqueda de una mayor institucionalidad. Pero sí, es cierto, y está mal. La Defensoría no puede transformarse en un partido de la oposición. Cuando la ley nos prohíbe hacer política y nos saca de la arena partidaria, lo hace para evitar que movilizados por las pasiones que la política despierta, podamos alterar la objetividad que debe imperar en nuestras intervenciones. Todos deben sentir que en la Defensoría encuentran un ámbito, un espacio donde ser escuchados, protegidos. Todos, independientemente de su ideología. Todos, tanto los radicales como los peronistas, los socialistas, los aristas. Uno debe tener grandeza para quedarse al margen de estas cuestiones. La Defensoría no está para fogonear los conflictos políticos ni tampoco para apaciguarlos. Nunca deberíamos dejar la menor duda ni el más mínimo resquicio de que atrás de nuestras intervenciones pudieran existir intereses políticos o personales en juego."
"¿Que la prensa igualmente incide, ayuda?
La prensa sí ayuda a difundir los problemas, a poner en alerta a algunos funcionarios, pero la solución no viene de los medios de comunicación. A ésta hay que encontrarla interactuando con los responsables de cada área, canalizando el descontento social entre la gente y las instituciones. Hay que evitar tantos flashes y lo que esto genera, y estar más cerca del ciudadano y sus problemas. No pueden hacerse linchamientos mediáticos que, además, se evaporan en dos días. Los grandes temas, complejos por cierto, donde presumimos que existieron irregularidades o delitos, debe resolverlos la Justicia. Nosotros no somos jueces. No podemos abarcar todo, no somos dueños absolutos de la razón. Para tener autoridad moral al exigir el cumplimiento de la ley, debemos empezar por casa, si no dejamos de ser creíbles, y sin este atributo, rompemos el contrato moral con la sociedad que es lo único que tenemos."
"¿Que la mesura puede parecer debilidad?
No, para nada. Una cosa no implica la otra, no son sinónimos ni se asemejan. No porque levante la voz tengo más posibilidades de imponerme. Siempre deben existir convicciones profundas, firmes en el intento de persuadir al funcionario de la conveniencia de acatar nuestras sugerencias. Si ello no es posible, luego la ley nos da otras herramientas para hacerlo posible, pero ésta debe ser la última instancia. La actual Defensora muchas veces tiene virtudes que se transforman en defectos precisamente por las formas, que como diría un amigo: 'es como el burrito Ortega, siempre hace una de más'. La diferencia sustancial entre ella y yo si me tocara ser el nuevo Defensor del Pueblo, sería el diálogo, la comunicación, y no perder nunca de vista los verdaderos objetivos.
¿Con qué ventaja cuento para llegar a ser el próximo Defensor?
Siento que la mayor ventaja es que la gente ya me conoce, que en muchos casos ya sabe cómo soy y cómo trabajo. Seguramente estos cinco años de gestión me dieron una experiencia importante, me ayudaron a tener los objetivos más claros. Hay todavía muchas asignaturas pendientes y me encantaría el desafío."
"¿Si no me preocupa, por ejemplo, que aún no se haya resuelto desde hace años el tema de las colas para sacar un turno en los hospitales?
Es increíble, la verdad. Si hoy uno tiene la posibilidad de conseguir sin mayor dificultad, un pasaje rumbo a Buenos Aires o Córdoba con solo acercarse a una ventanilla en la boletería, no se entiende, no entra en la cabeza de nadie que sacar un turno hospitalario local sea tan difícil. Que las mujeres del barrio Lavalle tengan que venir con sus chicos a las 4 de la mañana para ser atendidos, es un despropósito. Me parece que el problema radica en el fondo. A algunos funcionarios no se le cae una idea. Me enerva poderosamente la pasividad e ineficiencia de algunos funcionarios públicos. Las cosas a uno le pueden salir mal, pero no podemos permitirnos acostumbrarnos a lo deficiente, a que las cosas no anden bien. Hay que estudiar la experiencia de otros lugares, hay que ponerle una cuota de imaginación y mucha decisión."
"Algunos funcionarios públicos viven en una nube de pedos, lejos de la gente. Sería bueno que comprendan que lo que para ellos puede ser una minucia desde una mirada global, para un individuo puede llegar a ser muy importante y a cambiarle sustancialmente la calidad de vida. Cada persona es un caso particular relevante y así debemos entenderlo."
"¿El kirchnerismo?
Creo que desde el 2003 la Argentina se encuentra viviendo un momento muy especial. Entre otras cosas, se empezaron a discutir grandes temas con un sentido, con una mirada ideológica distinta, quizá más igualitaria, más democrática y justa. Desde la provincia deberíamos acompañar este nuevo paradigma. La construcción de políticas públicas consensuadas es la única salida para mantener la paz social. El diálogo es clave, no así las propuestas excluyentes, violentas o tiránicas. La gente desaprueba en los últimos tiempos, el insulto y la descalificación sistemática como herramientas políticas. Exige políticos emocionalmente equilibrados, estables. Las épocas son distintas, y ésta es época de construir más República."
"Me encanta que la gente reclame, que haga valer sus derechos, que no se acostumbre a las fallas del sistema, que no naturalice los errores, que demande, que no afloje en la utopía de querer vivir cada día mejor, porque al fin y al cabo, todo reclamo no es más que el derecho de exigir a quien cobra un sueldo por servirnos, que haga lo que debe hacer."
"Quiero ser el próximo Defensor del Pueblo de Río Negro a partir de septiembre de este año. Hay que hablar nada y escuchar todo. A ese estilo de gestión aspiro."
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