Ganadores y perdedores en campaña

La intensa semana vivida en Neuquén descarga la certidumbre de que hubo ganadores y perdedores en plena campaña, como producto de una medida sindical extrema que terminó sin pena ni gloria para las reivindicaciones, y distribuyó culpas y costos políticos.

Pasó la semana de mayor virulencia conflictiva durante el gobierno de Jorge Sapag hasta ahora, y dejó como consecuencia la sensación -casi certeza- de que en Neuquén, cada vez que hay violencia, no paga el costo político el oficialismo, sino la oposición.

Algunos lo atribuyen a la fabulosa capacidad del MPN para ponerse en víctima. Otros, al simple ejercicio del sentido común ciudadano. Los balances más afiebrados estuvieron en los cuarteles del Frente Neuquino, con todos sus variados referentes preocupados ante la incontrolable inclinación al suicidio que invade a algunos socios sindicales cada tanto.

Sapag, sin hacer nada, prácticamente sin hablar, ganó la partida política en esta semana. Martín Farizano, hablando mucho y entregando lo mejor que pudo sacar de sus razonamientos de ingenioso intelectual devenido en político de barricada, no pudo empardar al adversario, pese a su esfuerzo para modificar esa sensación instalada de desastre que dejó clavada el insólito bloqueo de ruta en Arroyito.

¿Se ganó y se perdió la elección en esta semana intensa? No conviene sacar conclusiones definitivas.

Sapag viene bien con su campaña. Al respaldo casi decisivo recibido por el anuncio del yacimiento de shale oil con sus 150 millones de barriles de petróleo, ha sumado el beneficio de aparecer como víctima, junto a los ciudadanos comunes, de la prepotencia de algunos sectores sindicales.

El lunes, el gobierno irá a una negociación desde una posición dominante. El sector sindical que sacó los pies del plato de la racionalidad política que se le pretendía imponer desde los comandos políticos afines, irá en desventaja: ya consumió su capacidad de protagonizar una medida de fuerza extrema, en una movida tan desacertada por el contenido como por la oportunidad.

El Frente Neuquino de Farizano-Parrilli, mientras, intentará que todo se olvide rápidamente, que salgan de escena las barricadas, las cubiertas encendidas, y que se recupere un escenario en donde en todo caso confronten palabras contra palabras.

Ha comprobado, en esta fulgurante campaña, que lo que mejor le da resultado es insistir en el concepto de que el MPN administra mucho dinero para obtener flacos resultados. Que la debacle en los hospitales y en las escuelas no tiene que ver con la inversión económica estatal (de las más altas en el país) sino con el mal manejo político de esos recursos.

Cuando Farizano dice que el MPN malgasta los dineros públicos, suena creíble. Pero esa credibilidad es fácilmente barrida cuando desde la fuerza que integra, no solo se dispersan discursos, sino que se fragmentan acciones.

El peor resultado de la semana parte de la realidad, innegable para cualquiera, de que el desborde sindical debió haber sido contenido antes de que se produjera, porque estaba escrito que el MPN lo tenía calculado, y que se había puesto por anticipado las harapientas ropas de la víctima.

Pero Farizano no gana nada diciendo que esto fue así, porque ese concepto, legítimo e incluso posiblemente acertado, no lo exime de la relativa culpa de haber exhibido –contra sus propios deseos- los quiebres y contradicciones internos que plantea su amplio frente político-sindical.

Es una muestra de debilidad política, que el MPN no ha dado. Por el contrario, ha mostrado firmeza e incluso dureza disciplinaria, castigando con expulsión a los afiliados que ejercieron la opción del tránsfuga.

Esto también juega en el escenario de la campaña. Enfrenta dos posibilidades políticas. Por un lado, un partido que se abroquela en defensa de un poder construido pacientemente en 50 años. Por el otro, una variedad partidaria que intenta ser opción a ese modelo añejado entre los gruesos muros de la Casa de Gobierno, que no consigue mostrarse a sí misma como una unidad en la diversidad.

El 12 de junio se elegirá, entre otras cosas, la opción más creíble. La que dé mayores garantías de eficacia. En un escenario que proyecta a nivel nacional una no confrontación con la actual dominancia kirchnerista, los neuquinos pondrán en valor sobre todo el factor confianza.

Después de la semana más intensa, le queda al Frente Neuquino un último tramo de campaña que será determinante para sus posibilidades. La pelota está en su campo. Está en la obligación de recuperar iniciativa.

Si es capaz de encontrar motivaciones que involucren el protagonismo sin fisuras de todos los socios, podrá dar la pelea.

En esta semana que comienza, y que combina negociaciones con más días de huelgas y movilizaciones, se termina de jugar el destino de futuros ganadores y perdedores para el próximo 12 de junio.

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