La limosna condena al chico a seguir en la calle, se alertó ayer, durante la jornada que buscó generar conciencia acerca de las implicancias negativas de la temprana inserción de los niños en el mundo laboral.
En Bahía Blanca, los operadores de calle tienen unos 50 casos individualizados. La cantidad, con leves variaciones, perdura desde hace unos dos años, según datos de la subsecretaría municipal de Niñez, Adolescencia y Familia.
La venta ambulante, la mendicidad y los quehaceres domésticos resultan las modalidades más frecuentes en los centros urbanos bonaerenses, mientras que en el interior, la actividad frutihortícola concentra mucha mano de obra infantil.
"Proyectamos la tarea sobre dos líneas de acción: la sensibilización/formación y la intervención directa en los lugares donde se detecta la presencia de menores", indicó ayer Nelly Mendoza, coordinadora de la Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (Copreti), al cabo de la jornada de reflexión y debate cumplida en el salón Blanco de la Municipalidad.
Instalar la problemática en la agenda bahiense, generar conciencia en la comunidad acerca de las implicancias negativas de la temprana inserción de los niños en el mundo laboral, y brindar herramientas a los diversos actores para intervenciones concretas resultaron las premisas del encuentro, que se inició a las 9.30 y que, por la tarde, fue clausurado por el viceministro bonaerense de Trabajo, Carlos Molina; el secretario de Promoción Social Marcelo Ciccola, y el delegado regional del ministerio de Trabajo, Carlos Arrigoni.
"Apuntamos al destierro de esta cuestión, a veces invisible y por eso difícil de cuantificar, la que abordamos desde distintas perspectivas: salud, educación, desarrollo social o deportes", señaló Molina.
Del panel de expositores, participaron Claudia Boulocq y Claudia Spidalieri, del equipo técnico de la Copreti; Miguel Angel Romero, jefe distrital de la Dirección General de Cultura y Educación; Jorge Gabbarini, director de Región Sanitaria I; Diego Palomo, secretario municipal de Salud; Sandra Polak, subsecretaria comunal de Niñez, y Florencia Chiaravali, coordinadora del programa Ludubus.
"Es preciso sacar de las madrugadas a los chicos que venden diarios. Sabemos cuánto tiene que ver la tercerización en este tema, pero ya hemos formalizado acuerdos con varios diarios de la Provincia, para erradicar este problema", agregó Mendoza.
La Copreti es un espacio de articulación de las políticas de Estado cuyo fin es garantizar la promoción, protección y restitución de los derechos de los niños y adolescentes.
Creada por la ley 13.803, propone, como estrategia central, el abordaje integral, desde la perspectiva de las redes locales y/o regionales, en las que confluyen tanto organizaciones sociales y los ámbitos de gobierno como los sectores de la economía social.
Acerca de la detección de las modalidades del trabajo doméstico, Sandra Polak resaltó la valiosa tarea de los docentes. Respecto del repetido planteo que surge de la necesidad de conseguir dinero o de ir a la escuela, afirmó que, con buena voluntad, se puede transformar la vida de muchos niños.
"Podremos, partiendo de un diagnóstico participativo, elaborar estrategias innovadoras para garantizar derechos en un tema donde el billete o la moneda que se dan condenan al chico a seguir en la calle. Como sociedad, debemos buscar otras alternativas: la escuela, el club, la cultura y ámbitos familiares", agregó.
La jornada se puso en marcha con la presentación de la Orquesta Escuela de Ingeniero White. También se expuso la experiencia del programa Ludubus, práctica municipal emprendida con la Universidad Nacional del Sur y el Rotary Club. Se trata de un aula móvil que, en el inicio, buscó evitar que hijos de cartoneros dejen la escuela, y que ahora se instalará en Villa Harding Green, para la misma misión, pero con los chicos de los hornos ladrilleros.
Definición
Se considera trabajo infantil a las estrategias de supervivencia o actividades productivas de comercialización o prestación de servicios, remuneradas o no, que hacen niños por debajo de los 16 años, la edad mínima de empleo establecida en nuestro país.
Formas
En la ciudad
* Unos piden monedas, otros venden estampitas o flores, juntan cartones, hacen malabares o limpian vidrios de autos, lustran zapatos o son empleados en talleres textiles. Muchos quedan al frente de sus hogares porque sus padres trabajan, cuidan a sus hermanos menores, limpian, cocinan y se alejan de la escuela. Este tipo de servicio doméstico suele estar muy oculto.
En el campo
* Se concentra en el quehacer frutihortícola; por lo general, en manos de inmigrantes que tienen muy arraigado el concepto del trabajo infantil. Tradicionalmente, consideran que el futuro de sus hijos no siempre está supeditado a la educación formal. Así, miles de chicos de menos de 16 años levantan cosechas, acarrean agua, soportan el peso de las bolsas, recolectan frutas y verduras o cuidan animales.
¿Qué les pasa?
Los chicos que trabajan no pueden ejercer plenamente sus derechos porque:
* Tienen dificultades para ir o permanecer en la escuela.
* Sufren daños en su salud.
* Tienen limitadas sus posibilidades para jugar y descansar en los lugares apropiados.
* Se exponen a espacios y situaciones de constante riesgo.
* Pierden su autoestima.
* Afrontan conflictos de adaptación social y traumas.

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