Dijo que tiene plantel para apuntar alto. Y que no quiere defraudar a los que pidieron su regreso.
"Acá muchachos la cosa está muy clara. Todos comienzan de cero y yo quiero que mis jugadores corran, el que no corre no juega, así de fácil", dijo Gallego cuando le dieron pista de audio.
Y por las dudas, fijó una posición como declaración de principios: "Estoy muy contento de volver porque la gente de Independiente me extrañó bastante y ya pasaron siete años de que salimos campeones con ese maravilloso equipo. En la Argentina hace 4 años que no dirijo y es ésta una linda oportunidad, un desafío importante pese a haber logrado muchas cosas como jugador y entrenador". Gallego admitió luego que tiene material en el plantel: "Estamos a 5 puntos y podemos apuntar más alto. Ya me conocen, a mí me gusta pelear por la punta. No quiero defraudar a la gente, sé que los hinchas confían en mí".
Es cierto. En la puerta del hotel Amerian, Andrea Rosanova, a quien apodan La Tola, desplegó junto a Ariel una bandera que decía: "Grande Tolo, esta es su casa. Rey de Copas". Obviamente, la joven, que tenía apenas 12 años cuando Independiente logró el Apertura 2002 con Gallego, luce orgullosa su apodo.
Julio Comparada, de impecable saco beige, estaba exultante. Tenía a Gallego, a Santoro y a Roberto Pipo Ferreiro sentados en la misma mesa ante todos las cámaras y los flashes. Al Tolo lo contrató por un millón de dólares y ya le reservó al plantel y a él una jornada de doble turno, con almuerzo y siesta incluidos, para el lunes en el Hindú Club de Don Torcuato. Pasado mañana, junto a Juan Amador Sánchez y al preparador físico Rubén Olivera, Gallego volverá a calzarse el buzo.
Santoro, un aliado incondicional de Comparada y de Independiente, tiene las puertas abiertas para seguir en el club.
El lunes comienza la nueva era Gallego. El Tolo, casi en silencio, aunque por problemas técnicos inesperados, entró al infierno.

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