Gabriela Arias Uriburu y el largo camino recorrido para recuperar a sus tres hijos

Gabriela Arias Uriburu y el largo camino recorrido para recuperar a sus tres hijos

En diálogo con LA VERDAD, recordó la travesía la llevó a tener una forma de expresión particular, trabajó sin cesar sus recursos y herramientas, forjando su ser en valores integrados, con una cosmovisión amplia y un compromiso singular.

Gabriela Arias Uriburu contrajo nupcias en Guatemala, en el año 1991 con Imad Shaban, a pesar de ser ella católica y el musulmán. Tuvieron tres hijos: Karim, Zahira y Sharif. Pero la llegada de los hijos no fue suficiente para sobrellevar el matrimonio multicultural, por lo que en 1997, Gabriela plantea su decisión de divorciarse ante la Justicia Civil guatemalteca, quien además le otorga la tenencia de los tres hijos. Sin embargo, el 10 de diciembre de 1997, Imad Shaban, ilegalmente saca a Karim, Zahira y Sharif de Guatemala, y se radica con ellos en Jordania, su tierra natal. Frente a esta tragedia, dos posibilidades se abrieron en la vida de Gabriela: sucumbir ante lo impuesto, dejándose morir, enloqueciendo e intentar un contrasecuestro con riesgo de vida para sus hijos, o transformar la agresión en salud y un futuro para sus hijos y para ella. Este último fue el camino que eligió. Llevó el caso a los Foros Internacionales, logrando importantes avances en materia de legislación y tratados, más allá de su propia conflictiva personal. Se convirtió en un referente mundial en la lucha por los Derechos del Niño.

En la actualidad y luego de muchos años de angustia, Gabriela ha llegado a un final exitoso y de acercamiento con sus hijos, donde su familia transita un nuevo camino, cultivando salud física y emocional, creando caminos de superación e instando hacer posible la vida.

La travesía de Gabriela la llevó a tener una forma de expresión particular, trabajó sin cesar sus recursos y herramientas, forjando su ser en valores integrados, con una cosmovisión amplia y un compromiso singular.

El camino del héroe

Gabriela Arias Uriburu estuvo en Junín dictando una conferencia titulada “Lo heroico del camino”, en donde cuenta cuál fue el camino a recorrer para alcanzar la paz y poder reencontrarse con sus hijos, como familia, de la mejor manera.

En diálogo con La Verdad, Arias Uriburu expresó que “el título de la charla está inspirado en el libro de un autor que a mí me ayudó mucho “El camino del héroe”, de Joseph Campbell. Éste es el camino que todos tenemos que, en algún momento transitar, cuando estamos frente a una situación límite. La situación límite marca en tu vida un antes y un después y es la que te empuja a ir en busca de tu propio héroe interior. El camino del héroe es un llamando para ir encontrando los recursos y herramientas que estaban ocultas en uno mismo. Es un camino que nos dice que tenemos llevar adelante uno nuevo y tenemos que tratar de dejar huellas para los que tengan que transitarlo en otro momento. Todos tenemos que entender que la situación límite tiene un propósito y cuando uno lo va encontrando, porque se transforma todo el tiempo, tiene que seguir adelante. Lo importante de transitar este camino es saber que, en algún momento, hay que volver y no quedarse. No hay que quedarse pegado en la historia creyendo que eso es lo que te dio una razón para vivir. Cuando uno vuelve a lo cotidiano no tiene que seguir apegado a lo que ocurrió”.

El camino de Gabriela

El 10 de diciembre de 1997, el ex marido secuestró a los tres hijos de ambos en Guatemala y se los llevó a Jordania, la tierra de sus ancestros.

Desde entonces, Gabriela no paró un solo minuto de su vida para encontrar la manera de poder reencontrarse con los chicos. Tuvo que entregarle a Shaban la custodia de los hijos para poder viajar a tierras musulmanas a verlos, una o dos veces por año.

“Todo comenzó en 1997 y el camino del héroe termina para mí en 2012, cuando los cinco pudimos reunirnos como familia y sentir paz, que todo ya había pasado y Sharif, el más chico, había cumplido los 18 años. El resultado de la historia actual, que estamos integrados como familia, era algo impensado por mí hace años atrás. Comenzar la lucha fue terrible y más porque aparecieron en el medio cuestiones totalmente ajenas a mí, como por ejemplo la caída de las Torres Gemelas, donde todo mi tema volvió a cero y también la encrucijada entre israelitas, católicos y musulmanes. Atravesé todo un historial del mundo que jamás pensé que me iba a tocar”, contó.

Luego, siguió hablando y dijo que “comenzaron a redoblarse las apuestas en esta historia y empezaron a plantearse nuevas cosas. Durante todos los años de lucha, ninguno de mis hijos adoptó domicilio argentino, algo que la gente que sabía de mi historia creía que era lo más justo y que tenían que volver con la madre. Y una de mis grandes preguntas era lo justo para quién. Muchas veces la justicia que pretende una persona no es justa para quien tiene a su lado. Para mí, justicia es cuando todos los que conforman ese círculo familiar están todos incluidos y hay justicia en todos. Todo esto yo recién pude comenzar a trabajarlo en el año 2006”.

Luchar por los hijos

Gabriela explica que se resolvió la cuestión legal en el momento en que renuncia a todos los derechos como madre para refundar el afecto familiar y que los vínculos sean por mutua libertad y necesidad.

“Los primeros años fueron un infierno –confiesa-. Todo lo que viví fue muy duro, con muchas etapas de oscuridad. Lo importante es que yo no me siento tomada por esa oscuridad, no estoy resentida ni atacada, porque tuve que pasar por tanto que terminé aprendiendo. Hice un gran trabajo interior porque no fue una historia fácil. Mi vida con ellos poco tuvo que ver con la “madre” tradicional, yo tuve que construir mi rol desde otro lugar. Mi maternidad no tiene tiempo y espacio, soy alguien que está, siempre. Ellos sintieron eso todo el tiempo, hasta el día de hoy”.

Sobre cómo ve y comparte con sus hijos, que actualmente estudian los tres en Europa, Arias Uriburu manifestó que “ya desde 2010 todo es más tranquilo porque puedo ir y venir y ellos en alguna oportunidad han venido a Argentina. Ya no hay restricciones, la historia a nivel encuentro ya está resuelta. No tengo que mediar con nadie para poder verlos. En su momento podría haberles insistido con que vinieran para acá pero sabía que eso era injusto para ellos, que su vida era otra y que estaban con su papá. Cuando Zahira tenía doce años me dijo una frase que me marcó de por vida, me dijo “Gracias mamá, por haberte casado con papá, porque gracias a ese acto fue posible mi vida”, y fue ahí cuando, a pesar del dolor, supe que iba por el camino correcto”.

Conflictos ajenos

En 2001, el 11 de septiembre, un atentado destruye las Torres Gemelas en Manhattan y miles de personas perecen entre los escombros. Este hecho, de conmoción mundial, volvió el caso de Gabriela Arias Uriburu a fojas cero.

Consultada sobre esto, contó a La Verdad que “cuando ocurre lo de las torres yo ya tenía tres años de trabajo muy duro con el Islam porque debía saber cómo comportarme en Medio Oriente. Mi caso fue una conmoción porque el mundo entero se enteró lo que le estaba pasando a tres menores. El derecho internacional privado pasó a ser público, tuve que romper con varias cuestiones paradigmáticas, jurídicas, diplomáticas, personales y de familia. Para Jordania fue un bochorno que una madre fuera hablar de una cuestión personal a Naciones Unidas. Mis hijos crecieron inmersos en el mundo musulmán y tuve que adaptarme a ellos. Yo tuve que entrar a Jordania a abrazar a otro diferente, sin pretender cambiarlo, aceptándole tal cual es y yo eso tuve que trabajarlo mucho”.

“En ese momento, con mucha angustia, fue cuando comencé este camino personal y traté de entablar nuevamente relación con el padre de los chicos. Es ahí donde me doy cuenta que tenía que hacer las pases con cuestiones culturales, religiosas y sociales. Ahí me di cuenta que tenía que convertirme en una mamá humanitaria, sabía que no iba a ser una mamá convencional occidental. Yo tuve que lograr que los chicos sintieran que aunque no estuviera físicamente con ellos, estaba como mamá y todo esto sin que medie la cultura”, expresó.

Seguir la vida

“No existen equivocaciones, lo que me pasó con mi ex esposo Imad Shaban podría haberme ocurrido con otra persona, y esto lo sé hoy, después de haber transitado un largo camino. Ningún hecho es aislado y la vida no es un guión que uno pueda llevar a cabo. Las historias no resueltas en las familias se repiten de generación en generación en el ahora. Por eso, les recomiendo a los jóvenes que se enamoran que estudien las historias de sus abuelos y que traigan a sus ancestros, porque sus deudas se cobran en el presente”, expresó, convencida.

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