El autor de exitosos libros como Los Padecientes, vuelve a Córdoba en otro plan: presentando la obra “Medianoche en Buenos Aires”. Charla sobre música, arte, psicoanálisis y medios.
“Parece que este es el lado B de Rolón, pero en realidad es el lado A, porque es lo que yo fui primero. Antes de ser psicoanalista fui músico y escritor, pero para mucha gente que a lo mejor no me conoce en ese rol, este va a ser un aspecto nuevo. Para los que me escuchaban con Dolina contar historias y cantar, seguramente será más un reencuentro que una novedad”, explica.
El guion, que escribió junto a la violinista Teresa Castillo, está centrado desde la mirada de un psicoanalista. Su personaje, el caminante nocturno, no es como el de la película Medianoche en París de Woody Allen que por casualidad lo levantan en una esquina y lo llevan al pasado. “El mío está buscando algo y no sabe qué, que es también una metáfora del recorrido del psicoanálisis”. “Es un cuento de una hora y media, en el cual voy narrando una historia que pasa por distintos lugares, todos muy emocionales. Es un espectáculo altamente afectivo y con una música muy bella y donde me doy el gusto de jugar a otra parte de mí, tal vez la que más amo, que es la que tiene que ver con la música y el arte”, resume Rolón en clave de intérprete.
En la obra, Gabriel está acompañado de Federico Mizrahi en piano y Teresa Castillo en violín. “Es un espectáculo con música de cámara. Yo también canto algunas canciones, aunque es mayormente narrada. La idea es que la gente pudiera seguir este espectáculo hasta con los ojos cerrados, dejando llevar su pensamiento por los lugares emocionales que los convoque la historia”.
–La película de Allen desmitificaba la idea de que todo tiempo pasado fue mejor, por un lado, y por el otro fantaseaba con la chance de estar mano a mano con los personajes históricos que uno admira, en tu caso Freud, Borges, Piazzolla. ¿Hay algo de eso en la obra?
–Sí eso de estar mano a mano con la gente que uno admira. Pero no la idea de que todo tiempo pasado fue mejor. Aquí el personaje recorre su pasado para recuperar a partir de datos que le dan estos espíritus con los que se encuentra. Pero al revés, lejos de pensar que el pasado fue mejor, lo que queda como mensaje es que a veces hay que hacer propio el pasado, sentirlo, respetarlo, amarlo, para poder soltarlo y no vivir aferrado a él. Al contrario, nutrirse del pasado para construir en el presente y el futuro. Lo que busca el espectáculo es dejar la idea de que toda búsqueda tiene un sentido oculto y el desafío de todo hombre es encontrar cuál era el sentido oculto que nos movía, que tiene que ver con el propio deseo de esa persona, sus afectos, su historia.
Es un buen momento. Gabriel Rolón vive actualmente su mayor popularidad y reconocimiento como psicoanalista, algo que le permite emprender una gira nacional con un espectáculo así.
–¿Sentís que estás en tú momento?
–Siento que es un momento muy importante y tal vez el de mayor popularidad hasta ahora. No me gustaría decir que es “mí” momento porque sería creer que los que van a venir van a estar debajo de este y a mi me gustaría seguir apostando a las cosas que deseo. También pensé que era mi momento hace tres años con el éxito de los libros, y sin embargo ahora pude emprender nuevas cosas, con algo que no tiene que ver con la psicología. No digo de vender más libros, tener más éxito… en eso sí seguramente este es mi momento y pasará como ha pasado el de todo el mundo. Estas cosas llegan y así se van, pero por la posibilidad de disfrutar y ser feliz, ojalá que pueda eternizar momentos como este.
–Esta coyuntura, entonces, sumada a tu facilidad para dar conceptualizar en tiempos breves tan útil para los medios, ¿no te hacen bordear el riesgo que te pidan opinión de todo?
–Sí, por supuesto. Yo medí mucho este riesgo que es altísimo, y llegué a la conclusión de que más allá de lo que me pregunten, yo soy dueño de lo que respondo.
Y como no me da vergüenza decir que algo no lo sé, cuando me preguntan de cualquier cosa que no sé, lo digo. No soy todólogo, soy psicoanalista. Puedo tener una opinión ciudadana digamos, que no es la del sociólogo que puede hacer un análisis globalizado. Yo a veces he respondido desde mi lugar de argentino, como un ciudadano más, y si tiene que ver con lo mío respondo con el conocimiento que tiene que ver con tantos años de estudio. A veces los medios te obligan a tener que saber de todo porque te piden que opines de todo, pero la verdad es que yo opino poco de lo que sé mucho, y nada de lo que sé poco.
–¿Esta capacidad para hablar en los medios la fuiste construyendo con los años o es natural en vos?
–Un poco de todo. Yo reconozco lo que me sale bien y sé que tengo la capacidad de expresarme en los tiempos mediáticos que son tan particulares. Es una parte aprendida, pero yo tengo muchas materias docentes estudiadas, que te enseñan como comunicar y transmitir. Sumado a todo lo que aprendí al lado de Dolina, cómo se expresa, cómo maneja silencios, humor, seriedad. Aprendí muchísimo al lado de Alejandro.
–Has aprovechado tu vida al máximo. ¿Cómo te llevás con el manejo del tiempo libre, por ejemplo?
–La verdad es que hace rato que lo desconozco (risas). Tantas actividades no te dejan tiempo libre. Pero sí hay algo que contrarresta eso, y es que el tiempo ocupado sea tiempo de placer. Por lo general, alguien desea el tiempo libre porque hace con él lo que quiere. Yo hago lo que quiero cuando trabajo. Soy muy feliz atendiendo pacientes, haciendo la obra, escribiendo, haciendo música, dando charlas… tal vez necesito menos tiempo libre, porque se parece bastante a lo que hago cuando trabajo. El poeta Horacio Castillo, uno de los más grandes de la literatura argentina, decía algo en un poema que se llama Epitafio: que lo único que quería era que sobre su epitafio dijera la frase “Este vivió”. Yo he hecho mío esto, y me gustaría que cuando no esté más acá mi epitafio diga lo mismo. No creo en otras vidas, siento que esta es la que me ha tocado y todo lo que pueda hacer por vivirla con toda la energía que pueda, lo voy a intentar.
La obra, viernes y sábado. Medianoche en Buenos Aires: 19 y 20 de julio, Ciudad de Las Artes (Av. Richieri 2400 esq. Cocepción de Arenal). Entradas 150, 170 y 190. En Autoentrada.com
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