Gabriel Motta: “En cuanto a innovación, Mendoza está quedada con la ópera”

Gabriel Motta: “En cuanto a innovación, Mendoza está quedada con la ópera”
El joven director mendocino habla de cómo nació su amor por el género y de sus últimos trabajos. La importancia del teatro Colón y sus desafíos.
"Cuando vi una ópera por primera vez, me di cuenta de que no quería hacer otra cosa más que eso en mi vida", confiesa, apasionado, Gabriel Motta, un mendocino de 36 años que partió hacia Buenos Aires para formarse en el género que descubrió gracias a su abuelo. Se formó en el Conservatorio de Música de Mendoza y lo dejó para instalarse en la gran ciudad y estudiar en el teatro Colón la carrera específica. A los 21 años se fue a Estados Unidos para seguir formándose y después volvió al Colón para especializarse como director. Hasta ahora dirigió diez óperas y este año ya tiene proyectos para tres más.

En una charla con El Sol, Motta cuenta cómo es vivir de una expresión artística "en extinción" –según define–, admite la falta de innovación en Mendoza y explica por qué es tan importante experimentar en lugares no tradicionales para que el canto y la dramaturgia amalgamados sigan siendo inspiración para los jóvenes.

¿Cómo fue tu enamoramiento de la ópera?

Con Pucini y su Madame Butterfly. Mi abuelo me hizo escucharla. Yo era adolescente y, entonces, la escuché, no la vi. Años después la vi por televisión, a los 14 años, y yo dije: "Quiero hacer esto". A los 17 años viajé a Buenos Aires y la vi en el Colón. No podía creer que tantas voces sonaran tan bien y que transmitieran un relato.

¿Y eso desembocó en tu ida de Mendoza?

Sí, me fui a Buenos Aires porque en Mendoza no había nada todavía. A los 23 ya estaba instalado allá porque me dijeron que había una maestra que enseñaba ópera, Julia Manzitti. Ella fue una gran guía para entrar al Colón. Una maestra que hasta el día de hoy me acompaña en mi camino.

¿Tu familia también está vinculada al arte?

No, para nada. Yo no sabía cómo era el camino de una carrera artística; cómo se hace y con quién. Mi madre es psicóloga y mi padre, comerciante. No venía de ese palo y en el arte es difícil.

Pero tu abuelo fue el trampolín para descubrir tu gran pasión, ¿no?

Exacto. Y eso que era un comerciante italiano. Sólo le encantaba la ópera. Mis abuelos, todos, tuvieron una gran sensibilidad para el arte en sus diferentes expresiones.

¿Por qué el teatro Colón es tan importante para el género?

El Colón es importante porque es una escuela de arte. Forma a sus artistas, aunque, que después no los use, es otra cosa. Da una formación a gente que busca esa disciplina y eso no abunda en el mundo: hay sólo cinco escuelas para dirección de ópera. Es muy completa y se gradúan entre 4 o 5 por año.

¿Qué tiene que tener un director de ópera?

La ópera resume muchas disciplinas, muchos idiomas. Dirigir es muy trabajoso porque el examen es muy dificultoso. Se evalúa la templanza porque dirigís gente. En la ópera tenés que arreglar con el cantante, que tiene un carácter muy especial; con el director de orquesta, que es otro divo; con el coro, con los técnicos, etcétera. Tenés al mando cerca de 120 personas en una ópera estándar. Lo peor es que no la representás más de cuatro veces. O no te gusta o te apasiona.

¿Te han convocado desde Mendoza?

En Mendoza me convocaron los Bianchi, de San Rafael, porque hicieron un convenio con el Colón y llevan a sus artistas. Tienen coro en el lugar, los preparamos y hacemos la ópera. Ahora se está formando una orquesta en el Sur. Eso me gusta.

¿Y el Ministerio de Cultura, alguna vez te convocó?

Hemos propuesto hacer cosas, pero las cuestiones burocráticas hacen que, quizás, convengan más los artistas locales. Igualmente, está bueno porque la obra allá se nutre de artistas locales. La ópera es un espectáculo caro. Nunca recuperás dinero pero lo tenés que hacer porque es un arte que nunca se va a extinguir. Como la poesía. Antes no había nada y hoy veo que hacen varias puestas. Está bueno. En cuanto a innovación, la ópera en Mendoza está un poco quedada.

¿Qué desafío tiene un director de ópera en estos tiempos?

Creo que es un arte en el que hay que formar a un nuevo público porque el de hoy tiene una edad mínima de 60 años. Hay que formar una nueva generación. Esa es la misión que tomé: hacer ópera en lugares donde nunca se hizo. Lo hice en un conventillo porteño y en un sótano de San Telmo y tuvo mucho éxito y fue denominado como Opera Off. También en otras provincias, como Santiago del Estero, donde la gente quedó fascinada. Es sacar la ópera de la elite y decir: se puede escuchar opera acá también.

Si es un espectáculo caro, ¿cómo se reactiva sin apoyo de los gobiernos?

Se puede ser independiente con la autogestión. No esperar a que venga el Estado a ayudar. Yo aconsejo que los chicos se planteen la posibilidad de hacer ópera en una casa; en lugares no tradicionales. Se puede plantear de forma muy económica.

¿Con qué soñás para un futuro?

El sueño como director es encontrar el lenguaje propio. Estoy en esa búsqueda. Y que la ópera llegué adonde no ha llegado aún: a sectores marginales. ¿Sueño? Quizás. Imposible no es.

¿Te ves dirigiendo grandes piezas en los mejores teatros del mundo?

Mi carrera la quisiera terminar en donde la empecé a imaginar, en mi lugar en el mundo: Mendoza.

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