El acuerdo permitirá continuar la labor en la Panificadora Solidaria –Vera y Lamadrid–, como espacio de capacitación y reinserción social. El acto se realizará este mediodía, en Casa de Gobierno.
Las 13 personas que trabajan en la panadería del barrio Roma (presos con salidas transitorias, otros que han recuperado su libertad, y jóvenes que se encuentran en situación de vulnerabilidad social); hacen de la panadería un espacio donde pueden capacitarse en técnicas de elaboración de productos todos los días.
Mediante el acuerdo suscripto por la provincia a través de los Ministerios de Seguridad, Desarrollo Social y Justicia y Derechos Humanos la Fundación provee en comodato gratuito el local donde funciona el establecimiento y el equipamiento del mismo al Instituto Autárquico de Industrias Penitenciarias (Iapip), que cogestiona el emprendimiento junto a la Secretaría de Seguridad Comunitaria.
El local, ubicado en la intersección de las calles Vera y Lamadrid, en la ciudad de Santa Fe, posee equipamiento e instalaciones industriales necesarias para el correcto funcionamiento de un espacio de capacitación y producción en panadería.
Durante el mismo acto, también se llevará a cabo la entrega de certificaciones del primer curso de panificación –avalado por el Ministerio de Educación– que se realizó entre agosto de 2012 y enero 2013, en las instalaciones de la panadería, para siete personas.
Fin social
La Panificadora Solidaria Sara María Furman fue inaugurada en 1988 por la fundación homónima, con el objetivo de elaborar 1.200 kilogramos de pan diarios destinados de manera gratuita a una cantidad similar de familias carenciadas del barrio Santa Rosa de Lima.
En el año 2000 la crisis económica en el país provocó el cierre de la panificadora, que ya no pudo sostenerse. Tres años más tarde sus instalaciones y maquinarias sufrieron las consecuencias de la inundación ocurrida en los barrios del oeste santafesino. Todo quedó bajo agua.
El 15 de abril de 2009, gracias a un acuerdo entre el gobierno provincial y la Fundación Sara María Furman, la panificadora volvió a funcionar con tres grandes objetivos: producir pan para ser entregado a los sectores más necesitados; brindar la posibilidad de que un grupo de ciudadanos aprenda un oficio digno; y generar una herramienta para facilitar el proceso de inclusión y reintegración social. Desde principios de 2012, junto con el Iapip, son los responsables de la gestión y administración del emprendimiento.
Al público
En enero de este año, con la apertura de La Sarita, el salón de comercialización, se inició la venta al público de productos a bajo costo. El producto central es el pan solidario, que tiene un valor 50 por ciento más económico que el valor de mercado y adquirido por los vecinos de los barrios Santa Rosa de Lima, Roma y zonas aledañas, y por las personas poseedoras de la Tarjeta Única de Ciudadanía.
Entre las 8 y las 12 vende al público más de 100 kilos de pan a precio solidario, 40 kilos de bizcochos, 300 unidades de facturas, y una gran cantidad de pre-pizzas, pan rallado, y panes de hamburguesas y de Viena.
El espíritu del proyecto es que el mismo sea autosustentable –a la manera de un emprendimiento privado–, para que cada uno de los trabajadores panaderos del proyecto pueda obtener las capacidades necesarias que les permitan concretar una iniciativa propia panaderil, o bien insertarse laboralmente en alguna panadería.

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