Lejos están los medios de comunicación de ese objetivismo que debíamos tener quienes hacemos prensa, del cual nos hablaban en la facultad de Periodismo.
“Se fugaron 13 presos de una cárcel de máxima seguridad: escándalo político”, tituló El Día el 22 de agosto, con la volanta: “Renuncia el jefe penitenciario federal y reparte acusaciones”. Y sigue: “Fue en la madrugada de ayer. Hicieron un boquete en el piso de una celda y un túnel de 3 mts. Denuncian complicidades internas”. La nota fue descriptiva, con cuatro recuadros: “Cómo es el penal de Ezeiza”; “Las últimas fugas resonantes”; “Niegan motín, nombran sucesor y ofrecen recompensa por fugados”; “Quiénes son los presos que se fugaron”; y “Un funcionario que cobró notoriedad por el polémico ‘Vatayón Militante’”. De esta forma desmenuza la noticia.
Diario Hoy, por su parte, encabezó con “Se fugaron 13 presos peligrosos y se tuvo que ir un funcionario K” –de hecho Hortel se autodenominaba kirchnerista-. Ya desde el título marca la tendencia. “Fue un escape cinematográfico del penal de máxima seguridad de Ezeiza.Renunció el jefe penitenciario que reclutaba convictos para actos políticos”.
(…) “Tras la renuncia de Hortel, trascendió que apuñalaron a un oficial, prendieron fuego un colchón y se evacuaron todas las visitas del penal de Ezeiza. Aunque oficialmente se negó que haya existido un motín y aseguraron que se trató de una pelea”.
El artículo tiene subtítulos: “Los convictos fugados”; “Nombraron un cuestionado abogado”; “De la cárcel a los actos K”, y “En foco: Las cárceles, una trama de negocios oscuros”.
Este último subtítulo forma parte de una columna de opinión –posiblemente dictada en diez minutos (esta semana salió a la luz un video de la dueña del Hoy, “Nene” Balcedo, dando cátedra de periodismo en el diario) inserta en la nota: “Lo ocurrido ayer, en la cárcel de ‘máxima seguridad’ de Ezeiza, es una consecuencia de lo que nuestro diario viene diciendo desde hace mucho tiempo: el kirchnerismo puso a las fuerzas de seguridad en una crisis extrema. Y por ello tenemos un país indefenso. Soldados, gendarmes, penitenciarios y policías atraviesan por una situación calamitosa debido a la falta de recursos y a la ausencia de planes para profesionalizar las fuerzas en función de los nuevos desafíos que implica el crecimiento del narcotráfico, de las redes de tratas y de los distintos delitos que forman parte del crimen organizado”.
“A ello se le suma la corrupción enquistada en todos los niveles del estado. Así es como, en las cárceles, se tejen negocios oscuros y millonarios con la compra de comida para los presos, con el ingreso de la droga a los penales (se ha llegado al extremo de que bandas de narcotraficantes operando desde dentro de los penales) y hasta con salida de reclusos que, en una clara connivencia con algunos funcionarios policiales y penitenciaros, se les allana el camino para ir a robar ‘para la corona’”.
“Este sistema corrupto no es horizontal. Tiene una característica absolutamente piramidal donde, por lo general, los responsables se encuentran entre los que ocupan cargos jerárquicos. Obviamente, no todos los integrantes de las fuerzas de seguridad o del servicio penitenciario están metidos en esta trama. Pero los honestos, aquellos que están comprometidos para que las instituciones funcionen y haya transparencia, lo que permitiría que los presos no terminen saliendo en peores condiciones de las que entraron, suelen ser castigados o relegados a cumplir funciones menores”.
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