Fuertes ráfagas causaron daños

Fuertes ráfagas causaron daños
Una confitería céntrica sufrió la voladura de su techo

La sies­ta de la jor­na­da de ayer trans­cu­rría con ab­so­lu­ta cal­ma, a pe­sar de la al­ta tem­pe­ra­tu­ra rei­nan­te (la sen­sa­ción tér­mi­ca lle­gó a los 38 gra­dos). Ca­si na­da ha­cía pre­sa­giar lo que su­ce­de­ría pa­sa­das las 14.

De re­pen­te, fuer­tes rá­fa­gas de vien­to azo­ta­ron a la ciu­dad y a la re­gión, tra­yen­do con­si­go una gran nu­be de tie­rra que por mo­men­tos re­du­jo con­si­de­ra­ble­men­te la vi­si­bi­li­dad en to­do el teji­do ur­ba­no lo­cal, mien­tras que la Villa se mos­tra­ba por esos ins­tan­tes ca­si de­sier­ta.

Es que an­te preo­cu­pan­te pa­no­ra­ma los que pu­die­ron se de­di­ca­ron a guar­dar sus vehículos ba­jo al­gún te­cho, con la idea de es­pe­rar en un lu­gar se­gu­ro que el tem­po­ral fi­na­li­za­ra.

Pe­ro lo peor es­ta­ba por pa­sar en un re­co­no­ci­do lo­cal gas­tro­nó­mi­co em­pla­za­do en la es­qui­na de En­tre Ríos y 9 de Ju­lio. El vien­to fue de tal mag­ni­tud (al­can­zó una ve­lo­ci­dad de 114 ki­ló­me­tros por ho­ra) que a las 14.50 arran­có por com­ple­to el te­cho de di­cho lu­gar. Allí, la su­per­fi­cie co­ber­to­ra del lo­cal, que tie­ne me­di­das de 8x18 me­tros y es de cha­pa aca­na­la­da, que­dó apos­ta­da so­bre ca­lle 9 de Ju­lio, por lo que el trán­si­to de­bió ser cor­ta­do por per­so­nal de Se­gu­ri­dad Ciu­da­da­na.

El he­cho lla­mó la aten­ción de los tran­seún­tes que se des­pla­za­ban por el sec­tor y de las per­so­nas que tie­nen sus co­mer­cios en cer­ca­nías del lu­gar.

Ca­be des­ta­car que di­cho te­cho fue co­lo­ca­do ha­ce me­nos de un año, cuan­do la con­fi­te­ría fue re­mo­de­la­da en gran par­te.

Ade­más, uno de los equi­pos de ai­re acon­di­cio­na­do del co­mer­cio tam­bién fue arran­ca­do, aun­que es­te úl­ti­mo que­dó col­gan­do y no lle­gó a to­car el pi­so.

Por for­tu­na el he­cho su­ce­dió en un ho­ra­rio en el cual el mo­vi­mien­to de per­so­nas y ve­hí­cu­los por el lu­gar es es­ca­so, por lo que no hu­bo que la­men­tar he­ri­dos y só­lo se tra­tó de da­ños ma­te­ria­les, aun­que es­to pro­du­ci­rá un per­jui­cio im­por­tan­te pa­ra los propietarios del bar.

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