Francisco se refirió al drama de los sin techo y de las personas desalojadas en Roma por no poder pagar sus alquileres o hipotecas.
“Lo leo y es bello”, señaló el Papa argentino entre los aplausos de la gente que esperaba un pronunciamiento firme del pontífice en esta Navidad bastante triste que viven los italianos por el agravamiento de la crisis social sin precedentes que vive la península.
El de la casa y los sin techo es el peor drama social que se vive en Roma. Jorge Bergoglio se siente ante todo el obispo de la Urbe, como 265° sucesor de San Pedro.
Tras rezar la oración del Angelus desde la ventana del estudio papal del tercer piso, que no utiliza pues reside en la Casa de Santa Marta, el hotel interno del Vaticano, Francisco dijo que el cartel de “Los pobres no pueden esperar” que le agitaban desde la plaza, le hacía pensar “que Jesús nació en un establo, no en una casa”. Y explicó: “Luego tuvo que huir, marcharse a Egipto para salvarse, pero al final volvió a su casa de Nazaret”. Por ello, agregó, “pienso en tantas familias sin casa. Porque no la han tenido o porque la han perdido por tantos motivos. Familia y casa son palabras que van juntas y es muy difícil llevar adelante una familia sin tener una casa”.
Millares de familias pobres en Roma sufren continuamente desalojos y se han organizado en movimientos de “los sin casa”. Un grupo de ellos dialogó con Francisco en una parroquia de la periferia de la ciudad que el Papa argentino visitó el primer domingo de este mes.
El drama tiene una enorme repercusión social porque numerosos edificios abandonados están tomados por los grupos organizados, que hacen manifestaciones y varias veces han chocado con la policía.
En otras partes también crece el problema, con gran cantidad de personas que sufren desalojos o están al borde de perder sus viviendas, porque no pagan el alquiler o no tienen el dinero para afrontar las cuotas de la hipoteca. Los bancos italianos se quejan de que las “deudas encalladas” suman ya decenas de miles de millones de euros.
Lo cierto es que el gobierno italiano hasta ahora ha fracasado en dar alguna mínima solución al problema de los desalojos, mientras la deuda social crece en todos los sectores por las quitas de recursos a la salud pública y otras áreas del reducido sistema de bienestar social.
El Papa ha lanzado varios llamados a los fieles para que practiquen en forma directa la caridad y muchos llevan alimentos y ropa a la iglesia de la Porta de Santa Ana, una de las entradas y salidas a la Ciudad del Vaticano. En torno a las murallas, a las 208 grandes columnas que flanquean la plaza de San Pedro y en el llamado Borgo vecino, acampan todas las noches centenares de personas que no tienen dónde dormir. Muchos son extranjeros y todos se alimentan en los comedores populares de organizaciones católicas, entre ellos el de las monjas de la caridad de Madre Teresa de Calcuta, en el mismo Vaticano.
El Papa ha devuelto una gran actividad al Limosnero Pontificio, un cargo secular que ahora tiene el obispo polaco Konrad Krajewski, quien sale de noche a repartir ayuda a los sin techo. El día de su cumpleaños, Krajewski llevó a la Casa de Santa Marta a cuatro de estos necesitados que asistieron a la misa matutina, desayunaron y dialogaron con el Papa argentino. Monseñor Krajewski es también el encargado de distribuir entre 50 y 200 euros de ayuda, según los casos, en nombre del Papa, a los más necesitados.
En su mensaje después del Angelus, Francisco también se refirió a los movimientos de protesta que se reunieron en Roma en la última semana y “manifestaron su empeño social”. Les pidió que “sigan defendiendo sus derechos” pero rechazando la tentación de la violencia. Dirigió además un enfático mensaje de augurio “por una Navidad de esperanza, justicia y fraternidad”.

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