Con una fuerte innovación tecnológica, la floricultura platense sueña el futuro

Planificación e innovación tecnológica. De la mano de esos dos conceptos, más propios de típicos procesos industriales que de un arte milenario, la floricultura platense sueña hoy el futuro.
Una radiografía de la realidad local de este sector muestra que en la actualidad, la producción de flores y plantas ornamentales depende tanto de las bondades de la tierra, como del cálculo, la programación de cultivos y los avances tecnológicos. En la última década, La Plata se consolidó como el principal productor de flores de corte del país. Y si bien la fertilidad de los suelos y su proximidad con los centros de consumo fueron factores fundamentales en ese proceso, no es menos cierto que este sector supo subirse a tiempo al tren del cambio tecnológico y sacar provecho de sus ventajas. “La flor se cultiva todo el año y ahora el proceso se tecnificó”, explica Yuka Yamawaki, una de las principales impulsoras de “Expoflor”, la muestra anual de los floricultores de la Ciudad, que se extiende hasta mañana en la República de los Niños (ver recuadro en la página 19). “El sector tiene muchas posibilidades de seguir creciendo si se mejora en la logística posterior a la cosecha” La realidad muestra que hoy conviven en La Plata productores que siguen desarrollando su arte de la misma forma que lo hicieron en las últimas tres décadas, con quienes decidieron apostar a la novedad y al ensayo de nuevas herramientas de producción. Entre estos últimos, las innovaciones fueron múltiples. El ingeniero forestal platense Javier Kaizoji explicó a EL DIA algunas de las técnicas que se implementaron en esa dirección y que impulsaron el crecimiento del sector. “Una de las cosas que se implementó fue la introducción de material genético mejorado, que permitió obtener variedades nuevas de flores y plantas, más resistentes a plagas, y con capacidad de adaptarse a diversos ambientes”, aseguró el profesional. Esa nueva tecnología, indicó, permitió obtener variedades nuevas de “prácticamente todas las flores conocidas”, aunque no necesariamente con todas se obtiene el resultado esperado. “Se va ensayando; algunas sirven y otras no”, apuntó. UN SISTEMA SUSTENTABLE Otra de tecnología que se aplicada hoy a la floricultura es la multiplicación vegetativa, mediante métodos de laboratorio que permiten la producción de un nuevo organismo a partir de un fragmento de la planta madre, que pueden ser tallos y hojas. Expertos explican que esta técnica puede ponerse en práctica cuando se desea obtener “gran cantidad de plantas bien desarrolladas en poco espacio de tiempo”, manteniendo “uniformidad de aspecto”. Por otro lado, Kaizoji explicó que actualmente se “trabaja con la incorporación de más materia orgánica para mantener el recurso suelo y que el sistema sea sustentable a lo largo de los años”. Se trata de los denominados “sistemas de compostaje”, una técnica que imita a la naturaleza para trasformar -de forma más acelerada- todo tipo de restos orgánicos, en lo que se denomina “compost” o “mantillo”. Entre otros beneficios, el compostaje permite obtener un material que favorece el crecimiento de las plantas y le brinda una mayor estructura al suelo. De otra forma mermaría su fertilidad, por la erosión que provoca la aplicación de diversos ciclos de cultivo. “La venta al exterior es muy difícil por las largas distancias que nos separan de los grandes centros de consumo mundiales” Un tercer aspecto en el que Kaizoji hizo hincapié fue en la necesidad de la capacitación de los floricultores, tanto en la rama de la producción como en el aspecto administrativo. En esta cuestión, Kaizoji coincidió con Yuka -la gerente del Mercoflor-, en que la capacidad para planificar se ha vuelto “fundamental” para el desarrollo de esta actividad. Por ejemplo, si un productor selecciona las variedades a cultivar en función de la rentabilidad y de la rotación, es vital contar con una amplia información estadística, ya que esta “representa una herramienta importante para poder proyectar las sucesivas plantaciones”. Al referirse a las herramientas que favorecieron el crecimiento de la actividad, Yuka señaló que la cámara de frío es una tecnología “esencial”, tanto para conservar el material vegetal como para poder programar la producción. Según explicó la especialista a EL DIA, si el proceso se realiza de forma natural, “por ejemplo, plantás un bulvo y solamente lo podés plantar en una estacionalidad”. En cambio, dijo, “si lo regulás en la cámara, como lo conservaste en frío, es posible tener producción a lo largo todo el año calendario”. “Una cámara, en la que se regula la temperatura, tiene dos funciones. Una previa a la cosecha: conservar el material vegetal para poder plantarlo. Y otra función es posterior a la cosecha, una vez que se corta la flor. Eso hace que permita conservar la calidad que tiene en el momento de la cosecha, ya que cuando se la corta, la flor comienza a perder su vida útil”, explicó Yuka. “La idea es que cuando le llegue al consumidor, tenga mayor durabilidad. Y la durabilidad es sinónimo de calidad”, agregó. Todas estas técnicas son parte de un conjunto de tecnologías que en los últimos años habían trasformado el escenario de esta actividad a nivel global, tales como la creación de plásticos para cubiertas de invernaderos, el riego de precisión como el goteo, nuevo equipamiento instrumental y logística de movimientos de la mercadería, además del transporte por vehículos refrigerados de gran tamaño. CAMBIOs DE HABITO Muchos productores platenses apostaron fuerte a esas innovaciones, que se dieron al ritmo de una transformación en los hábitos culturales de los consumidores, hace alrededor de dos décadas. Antes “el destino principal de la flor era para actividades funerarias, como cementerios o velatorios -dice Yuka-. “Hoy, los consumos en ese rubro son los mínimos. Ahora se usa más para eventos, arreglos florales o regalos”, señaló la experta. “La venta al exterior es muy difícil por las largas distancias que nos separan de los grandes centros de consumo mundiales” De La Plata sale cerca del 70% de la producción nacional de flores corte y plantas ornamentales pero, ¿es posible pensar en una cuota relevante de exportación? Por ahora, la concreción de ese objetivo enfrenta ciertas dificultades, la principal de las cuales es la distancia. “Es muy difícil poder realizar este tipo de comercialización al exterior por el tema de las largas distancias. Quizás todavía no tenemos implementada la logística para poder llegar a esos destinos. Nosotros estamos en el hemisferio sur, lejos de los grandes centros de consumo que son Estados Unidos, Europa y Asia. Pero es un incentivo”, asegura la gerente del Mercoflor. De acuerdo a lo que explicó Yuka a EL DIA, hay muchos productores que tienen intenciones de embarcarse en el proyecto de la exportación e, incluso, “se están haciendo algunas pruebas piloto”, como las de productores que están realizando envíos a Uruguay de flor de corte. No obstante, en rigor, más que pensar en la exportación, hoy el sector está ocupado en cómo sustituir las importaciones. “Competimos con flores que traen del extranjero”, explica Yuka. “En Argentina se importan flores. Para poder competir con eso es necesario lograr mayor calidad y mayor volumen en épocas en las que cuesta producir. Entonces, se está elaborando todo un trabajo y mejorando la tecnología para poder sustituir esas importaciones. O sea, competir con lo que llega de afuera”, sostuvo. Durante la muestra anual de Mercoflor también se escucharon voces como la de Adrián, un productor platense dedicado a la producción de árboles y arbustos, quien lamentó que a nivel nacional “a la actividad la están bombardeando con trámites. Nos están poniendo tantos requisitos que hay muchas cosas que se están dejando de hacer”. Según consideró este productor local en diálogo con EL DIA, esa política, compuesta de “barreras que están complicando cierto tipo de producción (...) llega de la mano de grandes empresas que están asfixiando a las más pequeñas”. DE CARA AL FUTURO Yuka Yamawaki hace cálculos y estima: “Me animaría a decir que en diez años, esta actividad creció un ciento por ciento”, dice, en alusión al mercado de la flor de corte, rama en la que La Plata se afianzó como el principal productor del país. A pesar de ese fuerte crecimiento, Yuka considera que todavía es posible ampliar las fronteras. “La gente que se dedica a esto ama la actividad, o sea, tienen una pasión especial. Eso hace que estamos convencidos de que esta actividad va a perdurar, va a tener crecimiento, se va a desarrollar”. El ingeniero Kaizoji coincide en que es posible crecer, aunque agrega que aún quedan elementos por mejorar. “Todavía nos queda mucho por hacer. Creo que el sector tiene muchas posibilidades de crecer siempre y cuando se mejore la logística y la distribución, la pos-cosecha”, consideró Kaizoji. Y luego enfatizó en la necesidad de que en el futuro, esta actividad incorpore otras técnicas que utilizan países que son más exportadores de flores, para que le dure más al consumidor”. La flor es una de las grandes espectáculos que la naturaleza puede ofrecer al hombre. Sin embargo, este panorama de fuerte innovación tecnológica nos recuerda que esta maravilla natural, producida a mediana y gran escala, es cada vez más hija de la técnica y de la industria. De su mano, la floricultura platense apuesta al futuro.

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