Buena onda. El músico hizo cantar a su público, y una afortunada hasta subió a escena.
A sala llena, el cantante salió muy puntual a las 21.30, justo cuando muchos demorados todavía buscaban su butaca, en las plateas casi repletas.
Demostrando la poderosa herencia de la música africana en la música popular de nuestro continente, los tambores retumbaron en un estadio a oscuras, que se movió con la voz de Franco, que escondido en las sombras comenzó a cantar Cántame. Algunos versos después, el vocalista quedó bajo un baño de luz blanca, para el griterío de las chicas. Así largaba un espectáculo que todavía continuaba al cierre de esta edición, con la expectativa de más éxitos: "no podemos cantarlas a todas, porque para eso nos tendríamos que quedar hasta mañana a la mañana", bromeó en una de sus tantas conversaciones con el público.
Con muchos músicos en escena, el ritmo fue alternando entre la balada y el guitarrazo rockero, tentación a la que no parecían poder sustraerse los muchachos de las violas, anoche. Entretenido, a pesar de lo prolongado del asunto, la primera hora tuvo momentos emotivos y otros para la risa. Que no muera la esperanza fue la segunda de la noche y sirvió para calentar los motores de la banda, que se movió con comodidad entre los infaltables lentos que uno sabía que iban a sonar. Luego vinieron Tú de qué vas y Tan sólo tú.
Para esta canción, De Vita armó un mini casting entre las fans y la gente votó por Ana, una muchacha de San Nicolás que la rompió cantando a dúo y que se despidió del escenario diciendo "Franco De Vita", como si el show hubiera sido de ella. Las risas se mezclaron allí con los aplausos y dieron cuenta de lo distendido de todo este asunto que nos convocó anoche, al estadio de la avenida La Cordillera. Por cierto, todo salió impecable y hay que decirlo.
Esta la conozco. Cronista poco avisado de los muchos éxitos que lleva este cantante en su carrera, la reflexión del comienzo tuvo que ver con Luis, esa bonita fábula del muchacho que sueña con cantar y que su nombre artístico es Luis, como tantos años lo escuchamos en la voz de Carlitos Jiménez. La versión, claramente, no es la misma (la intro fue con saxo) y aquí fue uno de los primeros momentos en que Franco tomó la guitarra acústica. Con el instrumento en mano, el cantautor se mandó de inmediato con Fuera de este mundo y así el show emprendió de a poco el camino a la recta final.
Tras esto, regresó al piano y las enamoró a todas las muchachas con Te pienso sin querer. Como impulsado por un resorte, ni bien cerró esa canción saltó al centro del escenario y se puso a cantar Si la ves, con las mujeres coreando con precisión. "Uno siempre quiere que la gente se sepa las canciones, en los conciertos", agradeció.
Como insistiendo con las ganas de rockear un poco, la banda volvió a los guitarrazos para Somos tres, que sacudió un poco el momento de dulzura.
Luego, invitó al mejicano Carlos Rivera, para cantar a dúo Y tú te vas, con el delirio femenino de fondo: "hay que apoyar a los jóvenes, que son el futuro de la música", opinó el venezolano de su invitado.
Pegadito a ese instante, los acordes de Te amo fueron seguidos en silencio por la gente, que premió con el aplauso esta conocidísima canción popular. Para entrar de vuelta al ritmo vino Cálido y frío y así comenzaba a cerrarse la noche.
En el tramo final se escucharon Y ahora qué, Si tú no estás, Ay Dios y Será, con los que casi ya no quedaba más nada por escuchar. Pero faltaba, obviamente, Sólo importas tú y Franco no iba a despedirse de Córdoba sin cantarla. "Si me olvidé de alguna, me llaman y se las canto por teléfono", dijo muy divertido.
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