Nadie puede escapar de su carisma que logra conmover hasta el alma. Por las calles de Roma ya lo llaman “el Papa bueno”. Su primer Ángelus acaparó la atención del mundo entero.
“El Señor jamás se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedirle perdón”, aseguró en italiano.
El Pontífice subrayó que “un poco de misericordia cambia el mundo, lo hace menos frío y más justo”, citando palabras de un libro del cardenal Walter Kasper, a quien definió como “un gran teólogo”.
“Esto no significa que esté promocionando los libros de mis cardenales”, bromeó.
Y sostuvo: “El rostro de Dios es el de un padre misericordioso. Siempre tiene paciencia con nosotros, nos comprende y nos entiende, no se cansa de perdonarnos si volvemos a Él arrepentidos”.
Al asomarse a la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico Vaticano, Francisco fue recibido con una ovación.
En la Plaza San Pedro, que comenzó a llenarse muy temprano, pudieron verse varias banderas argentinas, además de la presencia en El Vaticano de varios santiagueños.
Francisco volvió a pedir a la multitud “recen por mí” y habló de la importancia de “encontrarse los domingos, que es el día del Señor”.
El Sumo Pontífice reflexionó sobre el pasaje evangélico en el que Jesús salva de la condena a muerte a una mujer adúltera.
Al hablar de la importancia del perdón, evocó el diálogo que mantuvo en un templo porteño con una anciana de más de 80 años, con fe sencilla, pero profunda, que se quería confesar con él.
“Pero usted no tiene pecados’, recordó que le dijo a la mujer.
Ante la insistencia de la mujer por confesarse, el entonces cardenal Jorge Bergoglio replicó con humor: “Pero a lo mejor Dios no la perdona”.
Francisco dijo que la anciana le dio luego una muestra de sabiduría gregoriana, al responderle: “Dios perdona todo”, porque si no “el mundo no existiría”.
Más temprano, Francisco presidió misa en la pequeña iglesia de Santa Marta, donde volvió a salirse del protocolo, al acercarse al vallado para saludar a los fieles y besar a varios niños.
Entre los fieles había muchos latinoamericanos, que lo esperaban al grito de “íFrancisco, Francisco!”.
En su homilía, el Papa recordó que Jesús “nunca se cansa de perdonar” a los pecadores y subraya que no vino al mundo “por los justos, ya que se justifican por ellos mismos, sino por los pecadores”.

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