En una entrevista con el diario italiano La Stampa respondió así a los ataques de la extrema derecha de EE.UU.
El diario La Stampa de Turín publicó ayer en tres páginas una entrevista exclusiva de su primer vaticanista, Andrea Tornielli, que se reunió con Francisco en una sala de la Casa de Santa Marta, el hotel del Vaticano donde reside el Papa argentino. Hablaron durante una hora y media y se abordaron libremente temas centrales del proyecto pastoral del pontífice.
Tornielli le preguntó por el viaje a Tierra Santa, que según indicaciones no oficiales, podría producirse a fines de mayo. “La Navidad hace pensar en Belén, que es un punto preciso en Tierra Santa, donde vivió Jesús, donde apareció la gracia de Dios”.
Francisco desea viajar a Tierra Santa para recordar la visita de Pablo VI, que “tuvo el coraje de salir e ir allá, comenzando la época de los viajes papales”. Fue en 1964 y estuvo marcado por el histórico abrazo ecuménico del Papa con el patriarca ortodoxo de Constantinopla, Atenágoras. “Nos estamos preparando. Anhelo ir para encontrar a mi hermano Bartolomeo, patriarca de Constantinopla y con él renovar aquel abrazo de hace 50 años”, dijo Francisco.
En la extensa entrevista, el Papa se refirió al debate sobre si los divorciados vueltos a casar pueden o no recibir los sacramentos. En la exhortación apostólica “Alegría del Evangelio”, que lanzó hace poco, Francisco invitó a acciones pastorales prudentes y audaces en lo que se refiere a los sacramentos. “Cuando hablo de prudencia no pienso en una actitud paralizante, sino en una virtud de gobierno. También lo es la audacia.
Pienso que debemos facilitar la fe de las personas más que controlarlas. El año pasado en la Argentina había denunciado la actitud de algunos curas que no bautizaban a los hijos de las madres solteras. Es una mentalidad enferma”, opinó.
El tema de los divorciados y vueltos a casar por civil, excluidos de la comunión, se ha convertido en un difícil motivo de debate y de fuertes polémicas en ámbitos católicos. En la Iglesia de Alemania, por ejemplo, la mayoría empuja a favor de un “camino penitencial” que conceda perdón y devuelva los sacramentos a los afectados. Otros sectores importantes de la Iglesia se oponen porque representaría una violación del dogma de la indisolubilidad del matrimonio. “Del tema en su complejidad hablaremos (con los otros cardenales) en el Consistorio de febrero (cuando el Papa creará nuevos purpurados). Después el tema será afrontado en el Sínodo Extraordinario de octubre 2014 y en el Sínodo Ordinario del año siguiente”. Bergoglio se refiere a dos asambleas mundiales de obispos convocadas para tratar los problemas de las familias y en los que la cuestión de los divorciados vueltos a casar se ha convertido en una cuestión plena de riesgos.
En cuanto a las anunciadas reformas en el seno de la Iglesia, explicó que “es largo” el trabajo de los ocho cardenales de los cinco continentes. El Consejo que formó Francisco para asesorarlo “ha dicho que ha llegado el momento de avanzar en propuestas concretas”, para hacer las “reformas radicales” del gobierno central de la Iglesia. En la entrevista, el Papa no lo dice, pero se sabe que el proyecto es escribir una nueva constitución apostólica sobre el funcionamiento de los órganos centrales de la Iglesia.
Sobre el IOR, el banco del Papa, centro de corrupciones, maniobras y luchas entre facciones dominantes en la Curia, Francisco dijo: “Veremos acerca de su futuro. Debía ayudar a las obras de religión, las misiones y las iglesias pobres y se ha convertido en lo que es ahora. Pero las comisiones de control trabajan bien y la autoridad europea (Moneyval), nos acaba de dar un buen informe”.
¿Habrá mujeres cardenales?
No sé de donde salió esa versión. Las mujeres en la Iglesia deben ser valorizadas, no clericalizadas. Quien piense en mujeres cardenales sufre un poco de clericalismo.
¿Hace un año imaginaba su elección como Papa?
Absolutamente no. No lo esperaba. No perdí la paz mientras crecían los votos. Me quedé tranquilo. Y esa paz la tengo todavía hoy, la considero un don del Señor. Cuando concluyó el último escrutinio me llevaron al centro de la Capilla Sixtina (donde los cardenales eligen al nuevo pontífice) y me preguntaron si aceptaba. Dije que sí y que me llamaría Francisco. Me llevaron a una sala adyacente para cambiarme de hábito. Luego, antes de salir al balcón de la basílica, me arrodillé a rezar por unos minutos.

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