Un estudio del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de Fundación Mediterránea, realizado en base a la Encuesta Permanente de Hogares (2011), muestra que la pobreza infantil muestra una gran disparidad entre provincias.
En el otro extremo se encuentran las provincias de la Patagonia junto a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde la pobreza infantil no supera al 21% de los niños y adolescentes. Además, en Chaco, Corrientes y Formosa algo más de 1 de cada 5 niños habitan en hogares indigentes.
La vivienda
La mayor privación ligada a la pobreza infantil en Argentina, según la CEPAL, es la vivienda. Según el Índice de Calidad Global de la Vivienda (ICGV) 38% de los menores de 18 años habitan en condiciones de precariedad (en viviendas recuperables o irrecuperables) en Argentina. Esta proporción varía significativamente entre provincias, donde nuevamente se ve nuevamente la disparidad entre las provincias del norte y las del sur del país.
Es decir, a pesar de la envergadura de la principal acción emprendida en los últimos años y que tiene a los niños como protagonistas, la Asignación Universal por Hijo, deben profundizarse las condiciones en que los niños crecen y se desarrollan. En este sentido, la vivienda es una cuestión fundamental dado que determina el entorno en el que los niños viven a diario.
En los últimos años, los fondos destinados a viviendas sociales no sólo han sido insuficientes, sino que se han visto sujetos a una distribución a nivel de provincias carente de criterios objetivos y que podría tender a profundizar las carencias de los hogares de las provincias más pobres en general, afectando necesariamente a los niños que habitan en dichos hogares.
Los niños son un grupo de especial vulnerabilidad social debido a la falta de autonomía que los caracteriza. Su situación económica depende principalmente de las decisiones que toman los adultos que los rodean. Además, los niños que se encuentran en hogares pobres tienden a sufrir carencias de alimentación y educación que repercuten en sus posibilidades futuras de desarrollo, inserción laboral y social. Otro flagelo ligado a las malas condiciones de vida en la niñez es el trabajo infantil, que no sólo implica que los niños cambian tiempo de estudio y ocio por trabajo, sino que también pone en riesgo la salud y la integridad física de los menores.
Una estimación de los menores de 18 años que habitan en hogares cuyos ingresos no superan la línea de pobreza muestra una gran disparidad entre los niveles de pobreza infantil en las distintas provincias. Como es sabido, las provincias del norte del país presentan las peores condiciones en cuanto a pobreza en la niñez.
Más problemática es aún la situación de los niños en condición de indigencia, esto es el vivir en hogares donde el ingreso no alcanza a cubrir ni siquiera una canasta básica alimentaria.
Mejor en la región
En Formosa la Tasa de indigencia infantil (menores de 18 años) es una de las más altas quedando por detrás de Chaco, Corrientes, Catamarca y San Juan con un 18,7%, cuando la más alta es de 31,5% y la media nacional es de 11,2%.
CEPAL y UNICEF han calculado los niveles de pobreza infantil en forma multidimensional, esto es, un enfoque que trasciende al nivel de ingresos de los hogares en que habitan los menores de 18 años (línea de pobreza). Se define así la pobreza infantil desde un enfoque de derechos, es decir, como la privación (grave o severa) de necesidades humanas básicas de desarrollo, entre las que se encuentran: alimentos, agua potable segura, instalaciones sanitarias, salud, vivienda, educación, información, acceso a servicios (CEPAL-Unicef, 2010).
Según estos indicadores, Argentina se encuentra en cuarto lugar en América Latina en cuanto a los niveles de pobreza infantil, luego de Chile, Costa Rica y Uruguay, mientras que algunos países como Paraguay, Perú, Nicaragua, Honduras, Guatemala, El Salvador y Bolivia incluso superan al doble de la cifra nacional. En el caso de Argentina, el aspecto que denota la mayor privación según la CEPAL es la vivienda. El indicador deja trascender de esta manera la problemática particular en la que debería focalizarse cada país para superar los niveles de pobreza de manera más acelerada.
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