Asumió el miércoles como ministro de Gobierno y dice que la de Jaque es la gestión “que más ha hecho”. En los ocho meses que le quedan a este Gobierno, buscará recuperar el diálogo con la oposición y la Justicia.
Casi sin parpadear, mira con extrañeza los grabadores de los periodistas que se le acercan y los flashes de los fotógrafos que lo interpelan. Hace una semana, si le daban a elegir entre un teléfono celular o un micrófono, optaba por el primero. Pero su “amigo, el Celso”(como lo llama al Gobernador) le pidió que fuera su ministro y él se sintió “honrado”, según relata. Entonces, González abandonó la comodidad que implica estar detrás de escena para enfrentar un rol protagónico en los últimos capítulos de esta administración.
Pero el vínculo con los otros poderes de Estado que mantiene el Ejecutivo, del que forma parte desde noviembre de 2009 (cuando empezó a coordinar reuniones de Gabinete, entre otras actividades), está en pronóstico reservado. Y sabiendo de ese estado crítico de salud, González deberá tender puentes con la Legislatura, en principio, por dos motivos.
Jaque le pidió que impulsara “la reforma de la Constitución”, un proyecto que levantó cual bandera patria durante estos años pero que aún no empujó hacia la Casa de las Leyes. También, que le hiciera lobby para que “Marito”, como llama al ex ministro de Gobierno Mario Adaro, ingrese a la Suprema Corte, para lo que necesitará la venia de la mayoría del Senado.
“En los próximos días vamos a estar enviando el proyecto de reforma”, promete sin rodeos. “La idea, de acuerdo a lo que nos bajó Jaque - aclara convencido- es que sea un proyecto abierto, que discutamos con los legisladores algunos temas”, continúa. “Confío en que podemos tener un buen diálogo”, sentencia.
Pero, ¿por qué dejar para el final del mandato esta iniciativa que genera tanto debate? “Es el tiempo ideal para plantearlo porque si se hubiera propuesto al comienzo de la gestión habría generado rispideces porque se iba a creer que queríamos reelegir al Gobernador. Es el tiempo ideal -refuerza- porque esa sospecha no puede recaer sobre este gobierno porque no le va a servir en términos directos este proyecto. Lo que nos toca hoy con los legisladores es definir la agenda de esa reforma; la reforma en sí misma, la resolverán los constituyentes”, explica.
Si de tiempos hablamos, la campaña electoral ya comenzó y González, que no es ajeno a la rosca política, no se hace el distraído y conoce de antemano que puede haber escollos. Haciendo flash- back, dice: “Han existido nexos de diálogo entre el Gobierno y la Legislatura”. Pone un freno y se detiene en el análisis: “Creo que en el fondo, algún nivel de diálogo se ha tenido, pero en estos ocho meses vamos a tratar de reforzarlo porque se viene una competencia electoral y queremos que cada partido se exprese y se debata, pero lo que estamos buscando es que se haga con reglas de juego claras”.
Como si esto fuera poco, el Senado -territorio adverso para el oficialismo- deberá decidir si permite que Adaro se transforme en un juez supremo. “Va a ser positiva su función. No es cierto que su postulación, como dicen algunos, sea una operación sólo para tirar un nombre, es una seria decisión del Gobernador y vamos a trabajar para que llegue a la Corte”, promete. Sin embargo, Adaro carga con un pasado reciente de cuestionamientos permanentes al Poder Judicial. González no lo niega. “Los jueces no opinan, aquí opinan los senadores”, dice sin más.
Si se trata de hacer un diagnóstico en las páginas finales de la gestión jaquista, el funcionario afirma, usando un ‘nosotros’ que lo incluye: “Lo negativo de la gestión de Jaque es que no hemos sabido construir un relato en términos de lo simbólico. Lo que ha faltado es el relato, algo que el peronismo construyó con (el ex gobernador) Bordón. Donde aparecía la mendocinidad, San Martín, entre otros. Estoy hablando de la comunicación pero entendida en el sentido amplio”.
Pero a la hora de la hablar de lo positivo, repunta con elogios de grandes dimensiones. “Lo positivo es que éste es el gobierno que más ha hecho”, lanza. Pero a la vez, se despacha con un ramo de flores para Jaque. “Fuimos legisladores juntos, él venía de Malargüe y yo estaba por el primer distrito. La política nos fue llevando por distintos caminos, los de él más acertados que los míos. Con mucha generosidad me dio la posibilidad de reinsertarme en el peronismo provincial después de no haber participado de la verdadera epopeya que construyeron los que triunfaron en 2007, un triunfo no imaginado por muchos”.
Sin que nadie se lo exija, a González le surge un mea culpa sobre su pasado político. "Hubo dos momentos en los que he participado en dos procesos transversales, primero con el Frepaso, luego con la Concertación. Creía que me acercaba a la gente pero me alejé”, relata. “En esos espacios nunca voté, nunca pude participar en internas, porque esos candidatos se elegían a dedo. En el peronismo hay una ventaja: si vos creés que sos mejor que yo, vamos el domingo y votamos. Si vos ganás viene un lema del General (Perón) que dice que el que gana conduce y el que pierde acompaña”, afirma metiéndose en la interna peronista.
El hombre dice tener sus “favoritos” entre los ocho precandidatos a gobernador que tiene el PJ y asegura que hará lo que “el Gobernador decida” respecto a ir a internas o respaldar un candidato de consenso. Sin embargo, es un secreto a voces que es uno de los principales promotores de la candidatura del secretario general de la Gobernación, Alejandro Cazabán, al que le rescata su “voluntad y coraje”.
Con una metáfora sobre la indumentaria de la Presidenta, termina analizando la política nacional. “Por ahí dicen algunos que nos queremos colgar de las polleras de Cristina. El peronismo en general tiene la obligación de defender el modelo, pero también el derecho. Era muy difícil estar en Mendoza apoyando al Gobierno nacional pero acá se hizo, se sostuvo”
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