Fito canta, Aníbal habla y todos somos giles

Mientras seguimos discutiendo entre nosotros en un café, llenamos líneas en los diarios y gastamos segundos en radio y televisión, intentando analizar (somos todos sociólogos) la posición de Fito Páez sobre los resultados de las elecciones del domingo pasado en la Capital, por un lado, poco se ha dicho de las declaraciones de Aníbal Fernández, y por otro, nada se debate sobre temas que resultan gravitantes desde el punto de vista estructural para el futuro cercano de nuestro país.
Fito Páez, artista talentoso, ha tenido una opinión sobre la cual se puede o no estar de acuerdo, pero en definitiva es lo que piensa un cantante, un referente social. Ha sido más que un exhabrupto. Roza los límites de una posición sectaria. Pero ya está. Lo escribió. Listo. No se puede estar batiendo el parche todo el tiempo, por una opinión de alguien que no es político, ni sociólogo, ni periodista, ni cosa parecida. Escribe canciones y las canta, nada más.

Más gravitantes a la hora del debate, han sido las declaraciones de Aníbal Fernández. No solo hay que prestar atención a lo que se dice o se escribe, sino quién lo dice o quién lo escribe. Y en este caso, la posición tras la victoria de Macri que adoptó quien es el Jefe de Gabinete de Ministros, uno de los pocos que queda desde 2003 cuando comenzó la administración kirchnerista, revela (si es que al inefable Aníbal no lo superó el personaje que supo construír) un cierto toque entre soberbio y autoritario. Claramente cuestionó al electorado porteño, asumiendo una postura antidemocrática que es mucho más peligrosa, por aquello del lugar desde el cual se habla, que los dichos del artista.

Ahora, sin que esto signifique de ninguna manera minimizar la importancia de un debate sobre estos aspectos esenciales que definen los contornos sociales de nuestra comunidad, trascendente sería que el mismo énfasis, calor y color se pusiera en temas estructurales que definirán el futuro cercano de la Argentina. Y en verdad, que nada se dice. Poco se discute.

Hoy, el nuestro ha dejado de ser un país autosuficiente en materia energética. En una matriz dependiente del gas, estamos obligados a importar cada vez mayores cantidades. Hemos perdido el autoabastecimiento. Los buques regasificadores que en su momento (dijeron) venían para paliar una crisis momentánea, en verdad vinieron para quedarse. Se inauguró una planta en Escobar. La próxima en Bahía, con dragado incluído, pareciera ser un hecho irreversible. Avanza la de Crel. Rosales. Hablan de otra bien al sur. Y el gobierno, que tanto cuestiona (y está bien que lo haga) las decisiones tomadas durante la década del noventa, sin embargo no ha resuelto el desguace de nuestro sistema energético. Es más: pareciera haberlo profundizado. ¿O acaso no nos hemos acostumbrado, por ejemplo, a los cupos en la entrega de combustibles a las estaciones de servicio, mientras en forma paralela ( y paradójica) se festeja con bombos y platillos que cada vez hay más autos en nuestras ciudades y pueblos?.

Que Fito cante, que Aníbal Fernández deje de lado el personaje y que, parafraseando a la presidenta, no nos tomen más por giles.

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