La fiscal Spagnuolo considera que no hay mérito suficiente para investigar los vínculos del ex Obispo Laise con la represión ilegal

La Fiscalía Federal de San Luis concluyó con la toma de declaraciones indagatorias a 17 represores implicados en delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura militar en San Luis.
De acuerdo con declaraciones de la fiscal Mónica Spagnuolo “De la evaluación de las compulsas extraídas por el Tribunal Oral luego del juicio Fiochetti, Ledesma y Alcaraz, del estudio de la otra causa donde se investigaban seis homicidios y más de 20 hechos de tortura, cuyo trámite es anterior, además de un pedido de ampliación de la investigación posterior al juicio, presentado por uno de los querellantes quien solicitó que se investigara a otras 60 personas, yo he confeccionado un listado con un poco más de 20 nombres para llamarlos a indagatoria. De acuerdo con mi criterio no hay mérito suficiente para investigar al ex Obispo Laise”.

Después de un año de parálisis en la tramitación de las dos causas y luego de que la Cámara Federal de Mendoza rechazara las excusaciones del juez federal Juan Esteban Maqueda y de la fiscal Spagnuolo, Maqueda dispuso la unificación de ambos expedientes y entonces la Fiscalía llamó a indagatoria a los 17 represores que ya comparecieron. “La mayoría se abstuvo de declarar y solo lo hicieron un par de ellos” aseguró Spagnuolo evitando entrar en detalles. “De ahora en más el juez debe decidir si los procesa o no. Yo he apelado la eximición de prisión de todos, pero ya la Cámara en otros casos ha confirmado esa medida, lo que me hace pensar que en esta oportunidad el criterio se va a mantener”, aseguró la fiscal con un tono poco entusiasta.

“Tres de las personas que yo cité no fueron todavía localizadas” dijo Spagnuolo en referencia al coronel Carlos Ozarán, al comisario Celso Borsalino y al suboficial del Ejército Oscar Nicanor Aguirre. “Yo todavía no puedo afirmar que estén prófugos, sino que se están haciendo los trámites necesarios para localizarlos. Ellos y otras dos o tres citaciones más probablemente queden para después de la feria judicial. La resolución del juez ahora puede ser el procesamiento, el sobreseimiento o una falta de mérito de los indagados. Luego vienen las apelaciones y allí entonces es la Cámara la que resuelve”.

“El Tribunal Oral remitió una serie de compulsas y en su momento uno de los querellantes pidió que se investigara a otras 60 personas. El Ministerio Público tiene facultades para, conforme a los elementos que considere significativos, llamar o no a declarar a las personas mencionadas. Se ha hecho un análisis de todas las pruebas que hay en la causa y se ha llamado a estas personas que ya se presentaron y otras pocas más que faltan. Con respecto al ex Obispo Laise, por ejemplo, esta fiscalía entiende que no hay elementos para llamarlo a indagatoria. Con respecto al ex juez Pereyra González hay una denuncia penal en trámite pero esta no se resuelve porque hay una excusación pendiente en la Cámara Federal de Mendoza”, concluyó la fiscal a quien, por su excesiva cautela, algunas víctimas de la dictadura acusan de beneficiar con sus resoluciones a las defensas de los imputados.

Laise

El ex Obispo Juan Rodolfo Laise estaba citado a comparecer como testigo en el juicio por los homicidios de Graciela Fiochetti, Santana Alcaraz y Pedro Ledesma, pero el prelado, quien en la actualidad alterna residencia entre Italia y España, se las rebuscó para esquivar la incomodidad de las explicaciones respecto a su evidente conocimiento de los mecanismos empleados por la represión ilegal. Patrocinado por el abogado Marcelo Shortrede, Laise al principio argumentó achaques de salud que le impedían un largo viaje hacia la Argentina, pero luego cuando este problema fue subsanado por la posibilidad de una videoconferencia, el Obispo dijo taxativamente en un escrito que no estaba dispuesto a declarar de ninguna manera.

Antes del juicio aparecieron en Internet fotos del ex Obispo en una página filo nazi (http://ajeantigua.iespana.es/marzo03.htm, las fotos de Laise están al final) y ante la Justicia cinco testigos, de modo diverso, declararon que Laise sabía de los métodos aplicados por la dictadura a los presos políticos en San Luis, y que estimulaba la aplicación de los suplicios denunciados. El primero que mencionó al cura todopoderoso fue el servicio de inteligencia Roberto Jesús Arce, quien en 1986 aseguró ante el juez que cada vez que era enviado a San Luis por orden de Luciano Benjamín Menéndez, a donde primero iba a buscar información era al Obispado de San Luis. La misión de Arce -quien en Córdoba integraba la célula de extrema derecha conocida como Comando Libertadores de América- era controlar el funcionamiento de la represión ilegal en San Luis. El segundo que declaró algo parecido fue el policía Jorge Velázquez, quien integraba junto a Arce la banda de represores capitaneada por el fiscal Carlos Jesús Rodríguez. En el 86 ante el juez González Macías, Velázquez aseguró que “En ese entonces (por 1976) en San Luis los proxenetas, los usureros y los subversivos eran plaga y supe que el señor Obispo Laise fue a Córdoba a pedir que se terminara con esa corrupción”.

Más acá en el tiempo, el coronel Miguel Ángel Fernández Gez aseguró ante la Fiscalía Federal de San Luis y luego ratificó ante el Tribunal Oral que lo juzgó que “En una oportunidad vino Laise a mi despacho del Comando de Artillería a pedirme que hiciera desaparecer un cura que se había casado”. Por su parte Lucía Jiménez de Anglés, esposa del detenido Ricardo Anglés, relató ante el Tribunal Oral que “en una oportunidad a mi marido los detuvieron ni bien se produjo el golpe de Estado. Como nadie nos quería decir dónde lo tenían detenido, mis suegros fueron a hablar con Laise. El Obispo los recibió y luego de hacer un llamado telefónico les dijo que mi marido estaba bien y que en poco tiempo más los iban a liberar, hecho que se cumplió”. Por último Aníbal Franklyn Oliveras relató ante el Tribunal Oral que “Estando yo alojado en la Penitenciaría, en una oportunidad el Obispo Laise fue a dar misa. Nos reunieron a todos los presos políticos en un salón grande que, cuando ese edificio en el pasado había sido un prostíbulo, allí había funcionado la sala de citas. Laise, quien iba acompañado por un secretario que calzaba una 45 en el cinto, nos miró a todos los presos políticos y nos dijo “Hijos míos a ustedes hay que arrancarles el alma”.

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