La sismicidad decreciente de los últimos días y el nivel de intensidad asociado a ella, sugieren que el pulso de actividad crítica del volcán Copahue iniciado el 23 de mayo ha llegado a su fin.
No obstante, aclaran que, dentro de un marco más amplio, teniendo en cuenta la actividad sísmica y superficial precedente, así como la deformación detectada desde hace más de un año, se considera que el proceso de reactivación volcánica continúa, posibilitando la ocurrencia de eventos eruptivos en un futuro cercano, no determinado, algunos posiblemente con intensidades mayores a la erupción registrada en diciembre de 2012.
Se disminuye el nivel de alerta a Amarillo, dando un tiempo para confirmar la estabilización actual del sistema.
El volcán Copahue presenta en su registro eruptivo antecedentes de erupciones de magnitud baja a moderada. Uno de los escenarios frecuentes es la ocurrencia de erupciones freáticas o freatomagmáticas (generadas por interacción de magma y agua). En esas condiciones, el principal peligro es la caída de material piroclástico.
En erupciones similares pero de mayor magnitud podrían generarse oleadas piroclásticas y lahares. El área de peligro proximal susceptible deser afectada por lavas y/o lahares está comprendida en un radio de 15 km. En erupciones de mayor envergadura pero menor probablidad de ocurrencia, eventuales flujos piroclásticos podrían extender sus efectos a zonas más alejadas (radio de 25 km).
El área susceptible de ser afectada por caída de ceniza con espesores mayores a 1 cm se ubica fundamentalmente al oriente del volcán.
Comentá la nota