El gobierno no frenó el conflicto a tiempo y la conducción del sindicato se vio desbordada por los reclamos de los trabajadores. El Municipio rechazará el retroactivo y pedirá la conciliación obligatoria. Por Marcos Jure
Carranza se vio sobrepasado. Llegó a la asamblea sin haberse encargado previamente de preparar el terreno para garantizarse que el resultado sería el que él pretendía. Incluso, en algún momento, comenzaron a oírse fuertemente las recriminaciones por el evidente intento del secretario general de apagar el fuego.
Sólo en el minuto final, Walter Carranza encarriló los reclamos y los discursos -que ya planteaban elevar el aumento a otros 500 pesos y endurecer la protesta- y encauzó la asamblea: "Bueno, veo que todos estamos de acuerdo con pedir el retroactivo de 400 pesos".
En realidad, esa postura no había sido planteada por ninguno de los trabajadores que habló ayer por la mañana en el hall del Municipio. Carranza, rápido, eligió el mal menor y consiguió cerrar decorosamente un capítulo que le había sido desfavorable. Su fortaleza del viernes podía trastocarse en debilidad si la decisión final sobrepasaba todos sus intentos de ponerle racionalidad al reclamo.
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Ahora, con el conflicto en la calle, es imposible adivinar el final. El gobierno no maniobró como debía cuando todavía podía evitar que se cortara definitivamente el diálogo. Y Carranza, una vez que estalló la protesta, no tuvo armas para contenerla y acotarla. Es lo que suele pasar cuando un reclamo se convierte en abierta confrontación: se sabe cuándo y por qué comienza pero jamás se puede vislumbrar cómo termina ni cuáles serán sus consecuencias.
Hoy, cuando se retome el diálogo en la Secretaría de Trabajo, el gobierno de Juan Jure rechazará el nuevo pedido del gremio y dirá que no piensa moverse de la propuesta de pagar 200 pesos más desde diciembre y duplicar la asignación por hijo, de atar los aumentos de 2010 a la recaudación y comenzar a blanquear todas las cifras que actualmente son no remunerativas.
Si el sindicato no acepta -está claro que rechazará la propuesta por mandato de la asamblea-, el Ejecutivo apostará a que Trabajo decrete la conciliación obligatoria y obligue a los empleados a volver a trabajar.
En esos 15 días -que podrían extenderse por diez más-, los negociadores del Estado esperan encauzar la relación con el sindicato hasta recuperar los niveles de diálogo anteriores al conflicto.
"Carranza fue el que se volvió loco. Él necesitaba una movilización importante para demostrar que es mucho más fuerte que ATE. Pero se le fue de las manos y nosotros no podemos cumplir con ese retroactivo", dijo una alta fuente municipal.
Es cierto que el secretario general de los municipales debía demostrar que no era un acuerdista contumaz que, con su dialoguismo, resignaba los salarios de sus compañeros. También es verdad que ayer, evidentemente, el conflicto se le fue de las manos. Pero no es menos real que el gobierno careció de pericia para frenar el paro cuando apenas era una idea.
"Si nos hubieran ofrecido 50 pesos en octubre, otros 50 en noviembre y 100 en diciembre, agarrábamos. Pero ni nos contestaban. Les avisamos que iba a haber quilombo", dijeron en el sindicato.
En el Palacio aseguran que no aflojarán, que si los trabajadores se vuelven intransigentes, tomarán represalias. "Van a ganar los 400 pesos retroactivos pero van a perder mucho más si no entienden que nos es imposible estirar más la propuesta", manifestó una fuente municipal.
Entre las medidas que preparan en el gabinete están la eliminación de los microemprendimientos que benefician a más de 150 trabajadores y que implican un jugoso ingreso adicional. Por ejemplo, en sus horas libres reparten los cedulones y cobran entre 30 y 40 centavos por cada vencimiento entregado.
El gobierno también amaga con eliminar definitivamente las horas extras, que ya se redujeron a finales del año pasado cuando la situación financiera del Municipio empezó a mostrar grietas preocupantes.
"Que hagan paro durante 20 días si quieren. No vamos a dar ni medio paso para atrás", indicaron en el Palacio.
Sería un desafío para los dos. Para el sindicato, porque nunca es sencillo mantener una protesta por tiempo indeterminado. Para el gobierno, porque un conflicto interminable sólo transmite sensación de caos y de falta de conducción.
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