Un film hecho en territorio santiagueño fue premiado ahora en el Festival de Toulouse

Un film hecho en territorio santiagueño fue premiado ahora en el Festival de Toulouse
El filme realizado por Javier Rebollo “El muerto y ser feliz”, coproducción entre España, Argentina y Francia, fue premiado ayer con la “Violeta de Oro”, el primer premio del Festival de Cine Español de Toulouse (sur).
El filme de Rebollo que contiene escenas filmadas en lugares de nuestra provincia, suma así un nuevo galardón, tras hacerse con el Premio Fipresci y la Concha de Plata al Mejor Actor para José Sacristán en la 60ª edición del Festival de San Sebastián (España).

El director ya había recibido este galardón de Toulouse por “La Mujer sin Piano”; la cinta premiada ha sido doblemente distinguida al recibir el premio a la mejor actriz su intérprete Roxana Blanco.

El tercer largometraje de Javier Rebollo (después de ‘Lo que sé de Lola’ y ‘La Mujer sin Piano’) es una ‘road movie’ rodada a lo largo de cinco mil kilómetros por Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy y Bolivia.

José Sacristán, la actriz Valeria Alonso y el director Javier Rebollo, presentaron este infrecuente road movie donde José compone a un asesino a sueldo moribundo que “huye de la muerte al mismo tiempo que corre hacia ella”, según lo definió el gran actor español a los medios internacionales.

La nueva película de Rebollo, que en Santiago del Estero filmó en las salinas cercanas a Ojo de Agua, Lugones y Las Termas de Río Hondo.

“Este personaje era un traje a la medida para mí. Hay una nostalgia latente en su existir. Es un hombre que está huyendo de la muerte y, al mismo tiempo, está corriendo hacia ella”, afirmó Sacristán en declaraciones a los medios acreditados en dicha muestra cinéfila.

Argumento

El actor encarna a un asesino a sueldo español que vive en Buenos Aires y un día toma conciencia, en la última planta del Hospital de Clínicas, de que se está muriendo a causa de tres tumores cancerígenos que lo aquejan.

Viendo que se le acaba el tiempo, Santos -así se llama el personaje- huye del hospital con un cargamento de pequeñas dosis de morfina, acepta un último encargo como asesino que no cumple y, con ese dinero, toma su camioneta y emprende una fuga hacia ningún lugar, un viaje de más de 6.000 kilómetros por rutas de la Argentina.

“La película no trata de hacer un retrato realista de un país concreto, ni una crónica, sino una interpretación subjetiva sobre un territorio real e imaginario”, destacó Sacristán.

En este filme, Javier Rebollo ofrece una aventura cinematográfica lúdica, en su forma de jugar con géneros como la road movie y el policial negro, pero sobre todo por su extraña forma narrar.

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