Un festejo particular: a 300 km/h, los hinchas de Atlético Madrid agotaron el alcohol en media hora

Un festejo particular: a 300 km/h, los hinchas de Atlético Madrid agotaron el alcohol en media hora
"¿Quieres saber por qué odio al Simeone?" . Alberto Robles no espera respuesta y le habla a su hijo de dos años, que viaja en su falda. "¿De qué equipo eres, Dani?" Y el chiquito: "Del A-le-ti"
"¡Lo ves: 30 años abonado al Bernabéu para que me pase esto!"

Robles se ríe, mientras el AVE avanza a 300 por hora por los campos de Cataluña. El hombre fue a una comunión en Barcelona y le tocó regresar a Madrid en un tren lleno de colchoneros en éxtasis después de ganar la Liga contra los jirones del gran Barça.

El tren se sacude, nadie sabe si por la velocidad o por los saltos de los pasajeros fanatizados. "Pensé que esto no lo iba a vivir en mi vida; ¡en mi puñetera vida!", grita Raúl Herrera, aprisionado en una camiseta rojiblanca descolorida con el 14 de Simeone en la espalda. "Con ésta grité el gol del Cholo en el 96 contra el Albacete. Con ésta vi al Aleti en Segunda. Dos años, amigo. Dos años", recita. El vagón-cafetería es un desmadre. Todo el alcohol disponible se acabó antes de llegar a Tarragona, o sea en media hora.

Las azafatas llaman a la seguridad por los parlantes, pero sólo consiguen que se amplifique por todo el tren un "¡campeoooooo-nes, campeoooooo-nes!" bien desafinado.

A un costado dos mujeres se relatan el gol de Godín, que intuyeron a la distancia sideral de la última bandeja del Camp Nou. Aparece Gustavo K, un cincuentón entrado en kilos y vestido de rapero. Se presenta como DJ y autor de canciones clásicas de la hinchada colchonera.

-¿Cuál escribiste?

-"Volveremos" es mía.

-...

-La que dice: "Volveremos, volveremos / volveremos otra vez / volveremo a ser campeones / como en el 96".

¡Cómo desenmascararlo, si enseguida la pone en su iPhone y se suman al coro 30 pasajeros! Todo ante la mirada aterrorizada del barman, un italiano hincha de la Roma que odia a Simeone de cuando jugaba en la Lazio.

Francesc Prats, un catalán en viaje de "placer" a Madrid, se acerca a los festejos: "Mira, soy del Barça, pero me saco el sombrero. Este Atlético me hizo recuperar el placer por el fútbol, después de tanta corrupción, tanta billetera. Es un ejemplo".

"¡Vente a Lisboa!", le gritan. Lisboa, la Meca. En los pasillos del AVE el nombre de la capital lusa va acompañado siempre de una mirada de poseso. La vida por una entrada para la final de la Champions contra el Real Madrid.

"Yo viajo. Si entro, bien; si no, da igual", jura otro fanático con una copa de cava en alto, lo última que alcanzó a comprar. El barman reaparece para avisarle que en los chárters que saldrán el sábado a Portugal estará terminantemente prohibido vender alcohol.

El viaje transcurre entre fantasías de doblete. Son 620 kilómetros en dos horas y media. El tren entra en Atocha a la medianoche. Como si fuera parte del plan, sólo hay que caminar 200 metros para llegar a la fuente de Neptuno y encontrar que Madrid ya no es lo que era. Ahora es toda rojiblanca...

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