Festejar los 15 en Malvinas: el sueño de Victoria

Festejar los 15 en Malvinas: el sueño de Victoria

Malvinas, a 33 años. Como regalo de 15, la hija de un excombatiente le pidió a su padre viajar con él a las islas. En septiembre se concretará su anhelo.

–¿Quisiste ponerle “Victoria” por el sentimiento que vive en ustedes, los ex combatientes, respecto de lo que pasó en Malvinas? 

–Sí, claro –le responde a Día a Día Julio Ernesto Malamfant, con voz más baja, pero con la misma firmeza con la que hace 33 años juró la bandera en las inmediaciones de Puerto Argentino, como soldado clase ‘63 y miembro del Grupo de Artillería Aerotransportado 4, la única unidad del Ejército Argentino con base en Córdoba que peleó en las islas.

Cuando Julio se disculpa porque tiene que buscar por el colegio a su otro hijo, Enzo, le preguntamos a su hija Victoria si le gusta su propio nombre. “La verdad, no mucho”, dice sonriendo y encogiendo sus delicados hombros como en señal de un “y bue, no queda otra”. 

Cuando inmediatamente le contamos que su papá le quiso poner así por Malvinas, su rostro se ilumina tanto como su castaño y muy fino cabello, al que el sol que asoma detrás del Cerro Pan de Azúcar vuelve más rubio en el atardecer en que este diario se reúne con ellos, en la plaza principal de Unquillo, donde viven. 

“La verdad es que no lo sabía. Papá no habla mucho conmigo sobre Malvinas. Ahora, mi nombre me va a gustar mucho más”, dice emocionada. 

Mientras el diálogo sucede hasta que vuelva Julio, los claros ojos de Victoria se ponen vidriosos. Enseguida se ponen así. A los dos minutos. Sus lágrimas son inevitables cuando se le viene una escena de la película “Iluminados por el Fuego” y se imagina por lo que puede haber pasado su papá y los otros héroes, como ella misma llama a los excombatientes amigos, casi hermanos, de Julio. 

Pese a que ninguno de ellos se siente identificado con el film y cuestionaron severamente en su momento a Edgardo Esteban –también excombatiente del Grupo 4 de Artillería y quien aportó a la película relatos distorsionados según sus camaradas–, las escenas no dejan de hacer que Victoria valore con un profundo cariño a sus héroes. A los de nuestra nación. Su noble sentimiento la llevó, incluso, a querer un viaje a Malvinas con su padre, como “el” regalo para 15 años. Su trascendental cumple será el 17 de abril próximo. Y en septiembre, conocerá el archipiélago, en gran parte gracias a otro excombatiente que ya consiguió los pasajes de avión.

Después de las bombas. De la plaza de Unquillo, donde el municipio de esa localidad homenajea eternamente a sus habitantes veteranos del conflicto del Atlántico Sur con un imponente monumento construido años atrás, la charla con Julio y Victoria pasa a la sede del Centro de Excombatientes de Malvinas, ubicado en la calle Spilimbergo de la misma ciudad serrana y en un amplio espacio facilitado también por la Municipalidad. 

“No van a creer que me gusta hablar de esto eh”, advierte Julio a Día a Día, mientras Vicky, sentada a su lado, no se pierde detalle de lo que cuenta su papá. La entrevista cobra pleno sentido cuando sirve para que padre e hija también se comuniquen y empiecen a hablar más de lo que ocurrió hace 33 años. 

“Yo había entrado a la colimba hacía poquito, un mes. Vivía en la Casa del Padre Aguilera. Llegué ahí a los 8 años. El cura prácticamente me crió. Y fue como un ángel de la guarda mientras estuve en la guerra. Yo sentía eso. Un día, nos hicieron formar en la plaza de armas del cuartel y nos dijeron que nos íbamos a Malvinas”, recuerda Julio. 

“Nos dijeron que era voluntario ir. No nos obligaron a todos los soldados. Yo me ofrecí. Enseguida, fuimos al depósito de ropa, donde nos proveyeron del bolsón que se usaba en esa época. Me dieron todo nuevito: un par de borceguíes impecables, unos tres pares de medias, remeras balleneras, sweater, calzoncillos largos y otras prendas. La campera de duvé que usé en Malvinas era realmente muy abrigada. Y no me olvidó del ‘panoca’, el gorrito que cubría las orejas y al que le decíamos así porque era ¡panoca-garse de frío! De todas formas, por el clima tan jodido de allá, pasamos un frío terrible. Los pies… A veces, cuando hace mucho frío, me duelen como entonces”, asegura. 

“Cuando la logística se complicó totalmente, en plena guerra, pasamos hambre, entre tantas otras penurias. Sin embargo, lo que más me dolió durante Malvinas fue ver cuando las tropas británicas izaban su bandera allá. No tengo nada contra los ingleses, ¿eh? Pero a esa sensación no me la quita nadie”, concluye.

 

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